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7 de mayo de 2017

Mi lista de deseos para el Día de la Madre


Hoy es mi primer día de la madre. Esta es mi lista de deseos: 

-Que dejen de encarcelar a las chicas violadas que abortan en Centroamérica.

-Que los obispos quiten sus sucios rosarios de nuestros ovarios.

-Que el sistema médico se comprometa a erradicar la violencia obstétrica en el embarazo, el parto y el posparto.

-Que podamos decidir libremente si queremos o no ser madres.

-Que todas tengamos derecho a anticonceptivos y a una educación sexual y emocional.

-Que no tengamos que renunciar a la crianza de nuestros bebés por trabajo. Conciliación y corresponsabilidad, urgentes.

-Que los chicos que no quieren ser padres, ni usar condón, ni cumplir con las obligaciones y los derechos de paternidad se hagan la vasectomía. Urgente también.

-Que las mujeres con hijxs dejen de ser las más pobres del planeta: Renta Básica Ya.

-Que las empresas no castiguen ni penalicen a las madres ni a las que quieren serlo.


-Que dejen de mitificar la maternidad como la quintaesencia de la felicidad y la autorrealización personal.


1 de mayo de 2017

Mujeres que trabajan gratis

Mi reivindicación para este 1 de Mayo es para todas las mujeres que trabajan gratis, sin seguro médico, sin derecho a prestaciones de desempleo, sin vacaciones, sin jubilación, sin limitación de horarios, sin derechos laborales de ningún tipo. También para las que además de trabajar en el hogar sin remuneración, trabajan fuera a cambio de un salario y cumplen con dos jornadas de trabajo. 

Las tareas de cuido y del hogar son las más importantes para el funcionamiento del mundo, pero a pesar de que son absolutamente necesarias, siguen siendo invisibilizadas y minusvaloradas por el capitalismo patriarcal, que se aprovecha de la fuerza de trabajo femenina para que unos pocos puedan enriquecerse. 

La conciliación sigue siendo un mito y una trampa: la doble jornada que recae sobre las cuidadoras y las trabajadoras del hogar es esclavizante, porque nos priva del derecho al tiempo libre, porque son tareas especializadas que requieren mucha energía y muchas horas, porque no se reconoce socialmente la importancia de este trabajo para la supervivilencia de la especie, y porque no es casualidad que el 90 por ciento de las personas que cuidamos seamos mujeres. No se puede construir una sociedad igualitaria mientras millones de mujeres trabajen gratis y sin derechos laborales. 

O asumimos entre todxs los miembros del hogar estas tareas, o empezamos a pagar a la que asuma en solitario toda la carga reproductiva y doméstica. El caso es que hay que acabar ya con esta explotación machista, no se puede dejar para después, es un problema global que afecta a miles de millones de mujeres en todo el mundo. 

Sin feminismo no hay revolución, ni transformación, ni ningún tipo de cambio o mejoría posible. 

Pd: El CSIC, la mayor institución pública dedicada a la investigación en España, considera que el trabajo de las amas de casa se podría cuantificar por un valor monetario de unos 424.140 millones de euros, esto es, el 50% del PIB de España.


#CuidarEsTrabajo #CapitalismoPatriarcal #LimpiarEsTrabajar#HaceFaltaFeminismo

 #TrabajadorasDelHogar #DerechosParaTodas#NoTrabajoGratis #EconomíaFeminsta #RentaBásicaYa

30 de abril de 2017

Lucha obrera y lucha feminista en Costa Rica

#CostaRica Me pregunto si este año los sindicatos también sacan a desfilar a niñas con minifalda y tacones a bailar en plan sexy para deleite de los viejos verdes, o si ya se habrán enterado los líderes sindicalistas de que la lucha obrera no puede seguir colaborando con las opresiones y violencias del patriarcado. En un país donde tantas niñas son violadas y obligadas a ser madres en la infancia, igual ya habría que plantearse unos cuantos cambios, ¿no? 

¿Qué tal un poco de feminismo para luchar contra la explotación sexual y laboral de las niñas y las mujeres?, 

¿qué tal si se suman los obreros a la lucha contra la cultura de la violación, por el aborto, la educación sexual y al acceso a los anticonceptivos? 

#StopHipersexualizaciónEnLaInfancia #SinFeminismoNoHayRevolución#MachismoMata
#CostaRicaFeminista#LosDerechosSexualesYReproductivosSonDerechosHumanos

29 de abril de 2017

Todos los "ismos" son malos

"Todos los ismos son malos". No, mi amor. El feminismo, el pacifismo y el ecologismo no son "malos", no perjudican a nadie, no hacen daño a nadie, no incitan al odio ni a la discriminación, no excluyen a nadie. 

El feminismo no es un movimiento ni una teoría que quiera oprimir, explotar, maltratar a los hombres o hacerles lo que ellos nos hacen a nosotras. El feminismo nunca ha matado a nadie, el machismo mata todos los días, en todos los rincones del planeta, a todas horas. 

Si estás a favor de la igualdad y en contra de la violencia, si crees que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, eres feminista. 

Si no estás a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, ni crees que todxs tenemos derecho a tener derechos, eres machista. 

Es así de sencillo: tú eliges.

26 de abril de 2017

Alquiler de madres y compra de bebés

Le compra los óvulos a una ucraniana para que su bebé sea ario (aunque él es moreno y bajito).

Le alquila el cuerpo a una hindú para que la gestación le salga barata.

Le paga a una ecuatoriana para que críe al bebé porque como trabaja mucho no puede criarlo (y ella como trabaja para él tampoco puede criar a sus hijos)

Tres madres y ninguna con derechos. Tres mujeres de países pobres que ponen en riesgo su salud y su vida para "ayudar" y "hacer realidad los sueños" de los habitantes del primer mundo. Lo llaman "generosidad", pero es "necesidad". Las ricas no venden sus cuerpos.

El bebé pertenece al que pone la plata, pero tiene que ser un producto perfecto. Si sale con sindrome de down, enfermedades graves o malformaciones, lo rechaza, se lo deja a la hindú que lo tuvo 9 meses en su vientre (ahora si se le considera madre) y reclama a la granja de madres que le devuelvan el dinero. Así funcionan el patriarcado y el capitalismo juntos: las mujeres pobres y sus cuerpos al servicio de los deseos de los ricos.

24 de abril de 2017

¿Qué tenemos en común los animales y las mujeres?

¿Qué tenemos en común los animales y las mujeres? 

Que el patriarcado nos considera objetos, no sujetos. Los objetos tienen dueños. Los objetos se pueden domesticar, castigar, someter, vender, alquilar, comprar, intercambiar, regalar, maltratar y asesinar. La filosofía patriarcal y capitalista es esta: si son tuyos, puedes hacer lo que quieras con ellos. No tienen derechos porque son seres inferiores que sirven para ser explotados. Puedes poner a pelear gallos, puedes torturar toros en una plaza redonda, o puedes poner a pelear mujeres en el barro, puedes exhibirlas en escaparates para que los puteros o para que la gente que alquila úteros elija la que más le gusta. 

Si no obedecen o se cansan de sus propiedades pueden secuestrarlas, empalarlas, descuartizarlas, porque son suyas. Las perras de raza son violadas y preñadas una y otra vez hasta la muerte para enriquecer a sus dueños, que están en su derecho de hacer lo que quieran con sus propiedades (luego vas tú y compras un cachorrito para regalarle a tu sobrinita). Nosotras las humanas también sufrimos la misma violencia: hay gente luchando para que las granjas de alquiler de mujeres para la compraventa de bebés sean legales. 

Esto es lo que tenemos en común los animales y las hembras humanas: todas sufrimos violencia patriarcal, sólo que los animales no humanos no pueden defenderse. Por eso el feminismo ha de ser antiespecista y ecologista: la lucha contra la explotación y el maltrato tiene que ser global. 

#StopViolenciaPatriarcal #MachismoMata

3 de marzo de 2016

Ya tenéis igualdad, ¿qué más queréis?








¿Qué más queréis? Es la pregunta favorita de la gente que no sabe sobre desigualdad, que no sabe qué es el feminismo, que afirma que "no son machistas ni feministas", que no saben historia ni teoría política, que no leen los periódicos. 

¿Qué más queréis?, y suena a reproche: "las feministas siempre protestando por todo". En ese reproche se condensan todos los demás: que si nos violan es porque andamos solas de noche por las calles, que si sufrimos abusos sexuales es porque vamos vestidas en modo provocativo, que si los maridos o parejas masculinas nos matan a diario es porque "algo habremos hecho" (abandonarles, darles celos, ser infieles, desobedecerles, llevarles la contraria), o bien porque no sabemos elegir bien con quién nos juntamos....

El neomachismo te dice: "Ya podéis votar, ya podéis estudiar y trabajar, ya no necesitais el permiso de vuestro marido para abrir una cuenta en el banco, ya podéis conducir coches, ser alcaldesas o presidentas, ya podéis hacer lo mismo que los hombres, ¿qué más queréis?". 

Bueno a esa gente yo le digo: 

"Queremos que nos dejen de violar y de matar a diario en todo el mundo. Queremos que nos dejen de mutilar los genitales, queremos que no nos encierren en las casas, queremos que dejen de esclavizarnos para la trata sexual, queremos que dejen de desaparecernos, queremos que dejen de someter a las niñas a matrimonios forzados, queremos viajar solas sin que nos maten, queremos caminar libres por las calles sin miedo, queremos parir en los hospitales sin riesgo a morir o a sufrir malos tratos, queremos que nos dejen ser madres cuando elijamos, queremos que las niñas y las jóvenes puedan estudiar, queremos parar el acoso sexual en las universidades y en el trabajo, queremos empleo y salarios dignos, queremos que se nos deje de usar como botín de guerra en los conflictos armados, queremos que se garanticen nuestros derechos humanos en todo el planeta". 


20 de mayo de 2014

Por unos feminismos inclusivos y diversos: Claves para la autocrítica en torno al feminismo patriarcal






A algunos feminismos les sobra un poquito de patriarcado, y les hace falta más diversidad. Hoy es un buen día, como otro cualquiera, para hacer autocrítica y hablar de las estructuras patriarcales con las que construimos un colectivo feminista, un departamento de género en una universidad,  una sección de un partido político, una asociación de mujeres, un instituto de estudios de género, una ONG de mujeres, un grupo de investigación feminista, etc.

Con algunas de mis compañeras llevo años hablando sobre este tema y no me he atrevido hasta ahora a lanzar las preguntas en los foros sociales, pero me parece fundamental que empecemos por preguntarnos por qué algunos feminismos están tan enfrentados o divididos, por qué las mujeres nos hacen fotos cuando salimos a manifestarnos como si fuéramos bichos raros, por qué nuestras reivindicaciones no tienen el impacto que desearíamos en la opinión pública, o por qué no logramos sensibilizar a la mayoría de la población sobre el tema de la violencia de género. Urge un debate profundo para reflexionar colectivamente en torno a los estereotipos negativos del feminismo, analizar el modo en cómo estamos comunicando y visibilizando nuestro trabajo, debatir acerca de nuestras debilidades y nuestras fortalezas, y re-plantearnos el modo en el que podríamos contagiar a más gente para que se unan a la lucha feminista por los derechos humanos de las mujeres.

Un primer paso podría ser trabajar en la despatriarcalización de nuestras estructuras, y analizar la forma que tenemos de relacionarnos y organizarnos. Existen muchas organizaciones que practican el feminismo patriarcal: me refiero a esos colectivos que funcionan de manera similar a otros colectivos sociales o políticos construidos sobre bases patriarcales. Bases que preferimos no ver porque creemos que nos hemos liberado de todas las opresiones, y que al ser feministas no reproducimos la misma estructura que el resto de los movimientos sociales.

El patriarcado dentro de nuestros movimientos feministas se expresa fundamentalmente a partir de las jerarquías que establecemos entre nosotras, y a partir del pensamiento binario que nos obliga a definirnos en oposición a las otras. Estas dicotomías nos dividen en pequeños grupos separados por diferencias ideológicas o intereses particulares­: feminismo islámico, feminismo católico, feminismo decolonial, feminismo campesino, ecofeminismo, feminismo anarquista, feminismo lesbiano, feminismo queer, etc.  

Al definirnos con etiquetas identitarias, nos diferenciamos unas de otras en base al pensamiento binario que nos hace creer que somos una cosa y no somos otra: feministas/no feministas, mujeres cisexuales/mujeres transexuales, lesbianas/heteros, académicas/activistas, blancas/negras, ricas/pobres, etc. En medio se quedan todas aquellas que no encajan en estas etiquetas, y son categorizadas con otros términos que las discriminan todavía más (transgénero, bisexuales, mestizas, indias claras, precarias, travestis, trabajadoras sexuales, etc.).

Otra característica del feminismo patriarcal es que se construye sobre la dicotomía entre “nosotras” y “las otras”, de modo que cerramos las puertas a otros colectivos y personas que no son “nosotras”, o que no son como “nosotras”. Pese a que dentro de los feminismos tenemos unos objetivos básicos comunes (derechos humanos de las mujeres y las niñas), se nos olvidan cuando nos aferramos a estas etiquetas para diferenciarnos unas de otras. Y si bien es cierto que los recursos en nuestra área son limitados, deberíamos poder compartirlos  para hacerlos más grandes. Además, las diferencias son enriquecedoras y deberíamos aprovecharlas para construir feminismos inclusivos, no para crear oposiciones irreconciliables entre nosotras.

Yo estoy convencida de que para lograr la igualdad y para que todas podamos disfrutar de nuestros derechos básicos fundamentales, es necesario despatriarcalizar el feminismo, abrirlo a todo el mundo, y aplicarle un enfoque basado en los valores de la inclusión y la diversidad. El feminismo, creo, no es solo cosa de mujeres, y por eso tenemos que liberarlo de las etiquetas de género, nacionalidad, etnia, edad, clase socioeconómica, orientación sexual, religión, edad, etc. que nos diferencian y nos discriminan.
Estas son algunas propuestas que he elaborado para el análisis del patriarcado en los feminismos desde una perspectiva autocrítica.

27 de septiembre de 2013

Cada oveja con su pareja




El amor romántico que heredamos de la burguesía del siglo XIX está basado en los patrones del individualismo más atroz: que nos machaquen con la idea de que debemos unirnos de dos en dos no es casual. Frente al declive de las utopías religiosas o las utopías políticas, surgen nuevas utopías románticas personalizadas, hechas a nuestra medida. Como ya no creemos que podamos salvarnos todos juntos, nos buscamos la vida para poder encontrar a alguien a que nos ame, y de paso, alguien con quien reproducirnos, compartir facturas y resolver problemas.
Bajo la filosofía del “sálvese quién pueda”, el romanticismo patriarcal se perpetúa en los cuentos que nos cuentan, y se instala allá donde no llega el raciocinio, en lo más profundo de nuestras emociones. A través de las películas y las canciones asumimos toda la ideología hegemónica en forma de mitos, estereotipos, y roles patriarcales. Y con estos valores construimos nuestra masculinidad y nuestra feminidad, e imitamos los modelos de relación que nos ofrecen idealizados.
El resultado de tanta magia romántica es que la gente acaba creyendo que el amor es la salvación. Pero solo para mí y para ti, los demás que se busquen la vida. 

Este artículo fue publicado originalmente en eldiario.es:


2 de marzo de 2013

"Pobre la María", canción contra la Trata de Personas


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Esta iniciativa forma parte de una campaña de OIT, OIM, UNFPA y Consejo Nacional Contra la Trata para alertar y hacer visible una realidad que sufren millones de mujeres, niñas y niños: la trata de personas y la explotación sexual con fines comerciales.


Luis Enrique Mejía Godoy, cantante nicaragüense, compuso el tema "Pobre la María" hace años y hoy  los belga-salvadoreños Shaka y Dres estrenan la canción y el videoclip de esta nueva versión en la que han estado trabajando codo a codo con Luis Enrique. Los tres quieren han querido ofrecernos una historia terrible que viven muchas mujeres en el mundo, convertida en un grito de rechazo. Ya la vez es una canción pegadiza, bailable, alegre.

Esta combinación del canto a la esperanza con la canción de denuncia refleja una realidad lationamericana que muchas mujeres y niñas sufren, pues caen en manos de las mafias del tráfico de personas seducidas por promesas de una vida mejor, o bien son secuestradas directamente por redes de prostitución para ser llevadas a otros países como esclavas sexuales. 

El objetivo del dúo de salvadoreños, Antonio y Álvaro,  es llegar a las nuevas 
generaciones y así lograr sensibilizar a la juventud acerca del tema de la Trata de personas. En esta producción musical se puede apreciar la fusión de dos géneros musicales, con una base electro-latina mezclada con los instrumentos y percusiones tocados en vivo por los músicos nicaragüenses de Tierra fertil.






Enlaces relacionados:

Articulo en Periódico La Prensa Gráfica

Shaka y Dres en Facebook

Shaka y Dres en Wikipedia

Página oficial Shaka y Dres

5 de agosto de 2012

Otras religiones y espiritualidades son posibles: teologías feministas y queer

"Otro Dios es posible"


"Dios nos hizo Queers"



La teología (del griego: theos 'Dios' y logos: 'estudio, razonamiento'), consiste en 'el estudio de Dios' y, el conjunto de conocimientos acerca de la divinidad. Por eso todas las religiones se dedican, en todas las épocas, a teorizar, a analizar, a proponer corrientes de pensamiento que van aportando, desde hace siglos, nuevas ideas y propuestas. Las teologías ecologistas, las teologías feministas, poscolonialistas, pacifistas, etc son, como la teología Queer, corrientes alternativas al discurso hegemónico de las Iglesias, por lo que es transversal a todas las religiones. 


22 de abril de 2012

Soluciones para afrontar la soledad





Las protagonistas de las historias de amor están siempre solas, o se sienten solas. Los protagonistas varones, casi siempre lo están. Solos salvan el mundo. Solas esperan a que llegue El Salvador. Solas se quedan en sus palacios. Solos se van a correr aventuras. La cultura nos vende la soledad heroica como el lugar desde el que puedes encontrar el amor. Únicamente tienes que ser paciente y esperar a que te elija un Príncipe Azul.


La soledad es una construcción cultural, producto del individualismo, que arrasa como una enfermedad en los habitantes de las ciudades del siglo XXI. Nos provoca depresiones, alimenta los miedos, crea multitud de fantasmas, nos hace sentirnos vulnerables y frágiles. 


Vivimos en una sociedad que se organiza de dos en dos, de modo que quien no encuentra pareja o no la quiere, se queda solo o sola, rodeada de parejas felices. El individualismo está acabando con las redes de solidaridad y ayuda mutua que aún existen en el ámbito rural: el encierro de las parejitas en sus casas, centradas en sí mismas, aisladas de su comunidad, ha vaciado las calles de gente que antes se juntaba para charlar, pasar el rato, tomar aire fresco, intercambiar noticias, y resolver problemas comunitarios. En esta época posmoderna nos buscamos, nos encontramos, nos fusionamos y nos separamos de dos en dos, siempre buscando ese difícil equilibrio entre la libertad, la autonomía, y la necesidad de afecto que tenemos. 

Le pedimos a una sola persona que nos colme de felicidad: ni siquiera sabemos disfrutar del amor como un fin, sino que para nosotros representa un medio para alcanzar otras cosas: felicidad, placer, compañía asegurada, estabilidad, recursos... Nos fabricamos utopías románticas que nos salven de la soledad y de los problemas a los que no podemos hacer frente en solitario, pero cuando los sueños románticos no se cumplen, parece que hemos fracasado. 


La búsqueda de pareja nos hace emplear una cantidad de tiempo y energía descomunales que podríamos emplear en otras cosas más útiles y provechosas. Los espejismos románticos sirven para mantenernos entretenidas, sumergidas en fantasías individualistas, cada cual buscando su propio paraíso, ajenos a lo común, a la comunidad. Si nos juntásemos en redes más amplias de amor y afecto, evitaríamos la soledad y seríamos menos vulnerables. Podríamos sentirnos útiles y realizados aportando colectivamente a la mejora y transformación de la sociedad: a los humanos nos gusta mucho hacer sentir bien a los demás, ayudar a la gente que lo necesita. 


Solo tenemos que sacar lo mejor de nosotros y dejar a un lado las diferencias, porque estamos divididos por etiquetas que a la vez que nos definen, nos separan y nos enfrentan los unos a los otros, siempre bajo la lógica de que unos son "nosotros", y los demás son "los otros", unos son los buenos, y otros son los malos, unos son los ganadores, y otros los perdedores. Nos hablan mucho de amor desde los púlpitos de las Iglesias o desde la industria cultural, pero no se promueve jamás el amor hacia la colectividad. La gente sufre enfermedades sociales como la homofobia, el racismo, la transfobia, el machismo, la lesbofobia, la xenofobia, y todos los miedos posibles hacia la gente diferente, diversa, o gente que se resiste a ser etiquetada. 


Para construir amor del bueno, tenemos que acabar con los discursos de odio, y con estos miedos prefabricados que nos inoculan a unos contra otros. La gente no es  mala: son las estructuras de relación las que nos enemistan. Nos relacionamos en base a jerarquías, luchas de poder, intereses personales, envidias, egoísmo: tenemos que encontrar otras maneras, entonces, de querernos más y mejor. 


La gente anda buscando la manera de importarle a alguien, de ser especial para alguien, de tener a alguien al lado que le haga sentir vivo/a. No podemos comprar el amor, pero a menudo lo exigimos. Nos cuesta más dar que recibir, nos cuesta tener relaciones desinteresadas, nos cuesta hacer felices a los demás porque todos andamos buscando que nos quiera una sola persona, incondicionalmente y para siempre. 


Nuestras relaciones están también marcadas por el miedo a la soledad. Este miedo a quedarnos solos y solas es lo que nos lleva a construir relaciones de dependencia, a aguantar escenas dolorosas, a resignarnos aunque ya no haya deseo o pasión, a suplicar al otro/a, a arrastrarse como almas en pena, a deprimirse profundamente y a dejar de encontrarle sentido a la vida. Nos venden la idea de que sin amor uno no es nada, como decía Amaral en su canción. 


La solución para evitar a la soledad es nutrirnos de afectos diversos, construir relaciones de confianza y solidaridad con la gente, expandir las redes de cuido, disfrutar de la gente que te rodea: la familia, los compañeros y compañeras de trabajo, los y las vecinas, las amigas y los amigos. 



26 de diciembre de 2011

El poder de las mujeres



La mayor parte de las culturas del planeta son patriarcales, esto es: son sociedades en las que los hombres poseen unos privilegios que las mujeres no tienen y en la que ejercen un dominio total o parcial sobre las mujeres, los niños, las niñas, los seres vivos y la naturaleza.

Las mujeres, a nivel individual y como clase social dominada, hemos tenido todo tipo de reacciones ante el poder masculino: por un lado la sumisión en diferentes grados, por otro, la lucha abierta contra la opresión. Y es que, aunque no nos lo cuenten en la escuela, han sido muchas las pequeñas y grandes rebeliones de mujeres, individuales o en grupo,  que han tenido lugar a lo largo de toda la Historia de la Humanidad. 



En la actualidad, el planeta entero está lleno de mujeres que están luchando por los derechos para todas, y afortunadamente, son cada vez más los hombres que están apoyando políticamente esta lucha contra la discriminación y la violencia de género. En estas últimas décadas son muchas las que hemos tomado conciencia acerca de la importancia de luchar por nuestros derechos como mujeres, y han podido empoderarse gracias a las leyes y a los cambios sociales, políticos y económicos que han favorecido la igualdad en algunos países.

Este empoderamiento femenino está siendo personal y político: en el campo del amor muchas están aprendiendo a decir no a los malos tratos y a las relaciones basadas en la dominación o en las luchas de poder. Muchas están aprendiendo a tomar decisiones en torno a su vida, y a sus necesidades. Muchas están defendiendo los derechos sexuales y reproductivos de todas, para que la maternidad sea una elección y nuestros cuerpos no sigan siendo mercancías, como mandan el capitalismo y el patriarcado.

También estamos empoderándonos en el ámbito político y social. A mi no me parece que sea un gran avance que las mujeres presidan bancos, empresas o naciones si lo hacen al modo masculino, ya que por muy mujeres que sean las estructuras democráticas y capitalistas son masculinas, y el margen de maniobra para cambiar esta estructura patriarcal es mínimo. O sea, que me alegraría más ver el poder no representado por un hombre o una mujer, sino ejercido por la ciudadanía.





Angela Merkel, Presidenta de Alemania 







Dilma Roussef, Presidenta de Brasil



Cristina Fernández, Presidenta de Argentina








Ellen Sirleaf Johnson. Presidenta de Liberia









Hillary Clinton, 
primera mujer que se presentó como candidata
 a las elecciones presidenciales de EEUU.





Helen Fisher afirma que la forma de organizarse de muchas mujeres en el planeta está basado en la creación de redes de ayuda mutua, en la cooperación, en la horizontalidad. Pero la realidad es que las presidentas, directoras y jefas de nuestras sociedades “democráticas” están solas ahí arriba. Y que la mayoría de ellas no se preocupan por acabar con la desigualdad de género; es el caso de la Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que no se casa con los valores feministas ni tiene en sus prioridades trabajar por la Igualdad.



Siempre he pensado que el poder compartido, el poder del grupo, es mucho más interesante que el poder individualizado. Es decir, me emociona mucho más ver a las Mujeres de Negro manifestándose contra las guerras, o a las Abuelas de Plaza de Mayo denunciando al régimen dictatorial, que la subida al poder de mujeres relevantes. Que Isabel la Católica gobernara durante unos años no creo que significase el fin del machismo en la España de la época; era una excepcionalidad, más bien, que confirmaba la regla. Nadie más patriarcal que ella.

Herederas suyas son las españolas Esperanza Aguirre, Ana Botella, Cospedal, Santamaría, Rato, Fabra, etc. Todas ellas mujeres de derechas sin ninguna solidaridad con el resto de las mujeres; todas ellas al servicio de los mercados y no de la ciudadanía. Se le cae a una el alma al suelo pensando en que son mujeres tan o más patriarcales que los hombres de su partido político. 


Son muchas las mujeres que han tenido poder, tanto individual como colectivamente. Durante la Edad Media muchas monjas fueron intermediarias del poder dentro de la Iglesia; otras ejercieron enorme influencia en el mundo mercantil. En el 1400 algunas mujeres pertenecientes al mundo islámico del Imperio Otomano eran dueñas de tierras y barcos. Durante el Renacimiento europeo, una cantidad importante de mujeres autodidactas y cultivadas  contribuyeron al desarrollo del movimiento artístico e intelectual que recorrió Europa, aunque sus aportes han sido ninguneados o apropiados por sus maridos o padres.

Las teorías feministas han llevado a cabo minuciosas revisiones de ideas científicas que hasta ahora parecían verdaderas e inmutables, como la teoría occidental de que la dominación del hombre sobre la mujer es universal. Desde este proceso de crítica y revisión, y a la luz de nuevas investigaciones, han surgido nuevos modos de comprender las relaciones entre los géneros en las diversas culturas de la Tierra, tanto las que aún existen como las que desaparecieron. Hay autores y autoras que afirman, por ejemplo, que la jerarquía no es una cualidad única, monolítica, que pueda medirse de una sola manera (en términos foucaltianos, el poder se mueve en todas las direcciones). Otros aseguran que el dominio absoluto de los machos, si implica poder sobre las hembras en todos los aspectos de la vida, es un mito.

Según un estudio de la antropóloga Susan Rogers, en las sociedades campesinas contemporáneas en las que los hombres monopolizan todas las posiciones de prestigio y autoridad, las mujeres suelen tratarlos con deferencia cuando están en público, pero en la intimidad poseen una gran influencia informal. Rogers entiende que a pesar de los alardes y actitudes masculinas de poder, ninguno de los dos sexos considera realmente que los hombres dominan a las mujeres, y llega a la conclusión de que el poder entre los sexos está más o menos equilibrado. 


Para  la antropóloga norteamericana Helen Fisher, el aporte fundamental de estos estudios fue demostrar que las mujeres de muchas otras culturas tradicionales eran relativamente poderosas hasta la llegada de los europeosAntes del movimiento feminista de los años 70, los antropólogos norteamericanos y europeos simplemente daban por sentado que los hombres eran más poderosos que las mujeres y en sus investigaciones reflejaban sus convicciones. Por ejemplo en el caso de los aborígenes australianos, los estudios posteriores reflejaron que ningún sexo domina al otro, un concepto que aparentemente resultaba inconcebible para los eruditos occidentales” 
 (Helen Fisher, 2000).



Antes de que Colón desembarcara en el Caribe, antes de que los misioneros franceses cruzaran a remo los grandes lagos de Norteamérica, antes de que el capitán Cook arribara a Tahití, antes de que los europeos se introdujeran en África, Australia y el Ártico, las mujeres de muchas sociedades aborígenes poseían bienes e información que podían vender, trocar o regalar. Las mujeres hopis, blackfoot, iroquesas y algonquinas de Norteamérica contaban con un sustancial poder económico. Las mujeres pigmeas del Congo tenían autoridad dentro de sus comunidades, al igual que las balinesas, las semang, las polinesias, las indias tlingit, mujeres de las islas Trobiand, y mujeres de regiones de los Andes, África y el Caribe. 


Muchas de ellas tenían un estatus económico y social considerable. (Etienne y Leacock, 1980; Dahlberg, 1981; Sacks, 1979). 

Las mujeres navajo forman parte de una comunidad matrilineal (aproximadamente el 15% de las sociedades humanas son matrilineales, es decir, trazan su ascendencia por vía femenina). Son las que heredan las propiedades familiares, curan medicinal y espiritualmente a sus semejantes, y gozan de un enorme poder económico y social. Su deidad más poderosa es femenina, “la Mujer cambiante”.



Las investigaciones de Martin Whyte, que exploró el Archivo del Área de Relaciones Humanas, (un avanzado banco de datos que contiene información sobre más de 800 sociedades) y otras fuentes etnográficas, fueron muy importantes por varias razones. En primer lugar, acabaron con el mito del matriarcado como sistema de poder semejante al  patriarcal, pero revelaron la existencia de sociedades igualitarias. 

Este es un tema muy controvertido porque hay autores y autoras que sí defienden la idea de que han existido y existen sistemas matriarcales, especialmente en las culturas prehistóricas cuando todo apuntaba a que los hombres no tenían ningún papel decisivo en la reproducción.




En segundo lugar, demostraron que muchas mujeres tenían poder e influencia en unas áreas y en otras no, pero que eso no significaba que estuvieran sometidas en todas las sociedades.

El estudio lo realizó basándose en la investigación de 93 culturas preindustriales. De ellas, un tercio eran cazadores-recolectores nómadas, otro tercio granjeros labriegos, y el último de agricultores y/o ganaderos. El espectro de pueblos estudiados iba desde los babilónicos en el 1750 a.C. hasta las culturas tradicionales modernas. Gracias a estos resultados se vio que el equilibrio de poderes entre hombres y mujeres era polifacético y variable en intensidad. Según Helen Fisher (2000), Whyte no encontró ninguna sociedad donde las mujeres dominaran a los hombres en la mayoría de las esferas de la vida social.

“El mito de las mujeres amazonas, las historias de matriarcas que gobernaban con puño de terciopelo eran solo eso; mitos e historias. En el 67% del total de culturas (principalmente en el caso de los pueblos agricultores) los hombres parecían haber controlado a las mujeres en la mayoría de los ámbitos de actividad. En una cantidad importante de sociedades (30%) hombres y mujeres parecían haber detentado jerarquías equivalentes, en especial en el caso de los pueblos dedicados a la horticultura y en el de los cazadores-recolectores. Y en el 50% del total de las culturas, las mujeres tenían mucha más influencia informal de la otorgada por las reglas de la sociedad. Aun en las sociedades en que las mujeres tenían varias propiedades y ejercían considerable poder económico, no necesariamente contaban con derechos políticos amplios o influencia religiosa, lo que demuestra que el poder en un sector de la sociedad no se traduce siempre en poder en los demás ámbitos. Estados Unidos es el paradigma: en 1920 las mujeres lograron el derecho al voto y su influencia política aumentó. Pero continuaron siendo ciudadanas de segunda clase en lo laboral. Whyte demostró asimismo que no existe nada parecido a una posición social femenina única, que tampoco existe en el caso de los hombres”.
 Helen Fisher.


Entendiendo que el poder tiene múltiples dimensiones y que la sumisión también puede ser una fuente de poder sobre el dominador, los  teóricos de ambos sexos han puesto el acento en otras variables como son las socioeconómicas, las raciales, laborales, psicológicas, etc. La mayor parte de ellas se han dado cuenta de que la variable de la edad es sumamente importante a la hora de valorar el poder femenino en todas las culturas de la tierra. Además, en muchos rincones del planeta a las mujeres mayores se las considera “parecidas” a los hombres, según la antropóloga Judith Brown (1982).

Numerosos estudios demuestran que en casi todas las culturas las mujeres, al llegar a la madurez, alcanzan la independencia, el dinero, las propiedades y las relaciones que les dan poder económico y prestigio. En nuestras sociedades, por ejemplo, las mujeres maduras poseen mayor esperanza de vida y mayor capacidad adquisitiva. Un dato importante, según Helen Fisher, para la industria  y la política, pues se calcula que para 2020 el 45% de los votantes norteamericanos serán personas mayores de 55 años, y mayoritariamente mujeres.

Pero no solo las mujeres ancianas tienen poder e influencia, sino que ha habido, y hay, muchas mujeres empoderadas en las diferentes culturas de la Tierra. La diferencia con el poder patriarcal está en nuestra capacidad para empoderarnos juntas. Incluso en sociedades no patriarcales, las mujeres no han ejercido el poder bajo la violencia o la imposición a la fuerza de un sistema político y económico de signo matriarcal. Los grupos de mujeres más comunes no son jerárquicos, sino horizontales: este fenómeno se da porque desde siempre hemos sabido trabajar unidas y nos hemos organizado para lograr objetivos comunes.

En contra de la estereotipada imagen que muestra a las mujeres como malas compañeras de trabajo (envidiosas, competitivas, autoritarias y chismosas), la realidad es que se nos da muy bien coordinar en red y trabajar en equipo. 


Cuando hay hambre las mujeres hacemos ollas comunales en las que cada una aporta lo que puede para que coma todo el pueblo, cuidamos de los bebés de nuestras amigas y hermanas, compartimos saberes y recursos, nos enseñamos unas a otras, nos apoyamos y nos organizamos contra las guerras y la violencia, por la tierra y el agua, por el derecho a la maternidad libre, por el derecho a tener salarios dignos, por el derecho a votar, a la libertad de movimientos, a la ciudadanía plena.


 Gracias a esta capacidad para organizarnos y defender nuestros derechos, hemos logrado cambiar la legislación democrática de muchos países, despertar la conciencia en mucha gente,  y hemos logrado, también, que se unan los hombres igualitarios a nuestras luchas, cada vez más plurales e inclusivas: las alianzas entre mujeres árabes y católicas, mujeres indígenas, mujeres afrodescendientes, mujeres transexuales, mujeres ecologistas, mujeres sindicalistas, mujeres lesbianas, mujeres discapacitadas, mujeres migrantes, mujeres campesinas, mujeres empresarias, etc se están traduciendo en una mejora de la calidad de vida de las poblaciones. Luchando todas juntas por los derechos humanos con este enfoque de género podremos crear un mundo más igualitario, sin discriminaciones por razón de edad, género, orientación sexual, etnia, religión, capacidades, etc.

 Por esto el empoderamiento femenino no consiste en que unas pocas mujeres lleguen a tomar el poder; se trata de cuestionar ese poder para transformarlo y para trabajarlo colectivamente, en pro del bien común.


Coral Herrera Gómez 



Aquí os dejo un vídeo donde se habla de la comunidad Mosuo, considerada por much@s una sociedad donde las mujeres tienen una gran importancia social. 




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http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/11/cuando-las-mujeres-mandan-la-mujer.html?spref=fb


http://es.wikipedia.org/wiki/Matriarcado




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