Mostrando entradas con la etiqueta Género. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Género. Mostrar todas las entradas

3 de enero de 2018

Ideología de género y fascismo






¿Por qué dicen que están en contra de la «ideología de género» cuando en realidad están en contra del feminismo, la igualdad y los derechos humanos?

¿Por qué los llamamos «conservadores» cuando en realidad queremos decir «fascistas»?


17 de septiembre de 2017

¿Las mujeres son las buenas y los hombres son los malos?

Claro que hay mujeres malas. Hay mujeres violentas, crueles, mentirosas, manipuladoras, y opresoras. Hay mujeres fascistas, clasistas, racistas, misóginas, de todo hay. Los feminismos no niegan esta realidad, no pretenden situar a todas las mujeres como las «buenas» y a los hombres como los «malos». Las mujeres interiorizamos el patriarcado porque vivimos en él y si, lo transmitimos a nuestros hijos e hijas.

Algunas mujeres trabajamos muy duro para despatriarcalizarnos, otras son cómplices del patriarcado toda su vida. Si, los grupos de oprimidos suelen ser opresores también, reciben violencia de gente con más poder, y reproducen la violencia con gente con menos poder. También hay oprimidas que aman a sus opresores y odian a sus compañeras.

Pero sucede una cosa: las mujeres no secuestramos hombres para convertirlos en esclavos sexuales, no mutilamos a los niños varones para impedirles el acceso al placer, no hacemos violaciones en grupo ni las grabamos para divertirnos. No acosamos a los hombres por la calle, en el metro o en el bus, no les encerrados en una casa, no nos vengamos de otras mujeres matando a sus maridos, no les encarcelamos si abortan, no ponemos a los hombres a cuatro patas en la publicidad de productos dirigidos a las mujeres, no les empalamos ni les torturamos.

Las víctimas del sistema machista somos nosotras, y tenemos muchas menos libertades y derechos que los hombres, y sufrimos más violencia, y nos matan todos los días en todos los rincones del mundo sólo por ser mujeres. Las feministas no vemos una guerra de sexos en los que ambos bandos juegan en condiciones de igualdad: vemos una guerra contra las mujeres, y estamos luchando contra ella. Porque son muchos siglos de injusticias, explotación, esclavitud, humillaciones, abusos, asesinatos, torturas, cosificacion, e invisibilización, y ya no podemos más.

Si tú no ves esta guerra, ponte las gafas violetas que vas a alucinar y vas a gritar: ¿Pero qué mundo es este?, ¿Cómo es posible tanta violencia, opresión y sufrimiento?, ¿Qué puedo hacer yo para luchar contra la desigualdad y la violencia machista?

26 de junio de 2017

Receta para reproducir el patriarcado en nuestras luchas contra el patriarcado


1. Discriminar y etiquetar a la gente para diferenciar quienes son de tu tribu y quienes no (nosotras versus las otras).

2. Usar categorías sobre estos grupos usando dicotomías: buenas/malas, víctimas/culpables, privilegiadas/no privilegiadas, opresoras/ oprimidas, etc.

3. Jerarquizar como a una le convenga, en escalas que van del desprecio al odio, de la admiración al amor total. Puedes poner a algunas personas de moda, proponerlas como modelo a seguir, escucharlas sin cuestionarlas, endiosarlas, reirles todas gracias, y después hundirlas si no siguen las modas o se desvían de la senda marcada por las directrices de... Puedes lincharlas en facebook, llamar a tu tribu para te apoyen y luego bloquearlas para siempre, y olvidarte de su existencia. 

4. Utilizar el pensamiento binario en todo momento junto con juicios de valor, generalizaciones, estereotipos y prejuicios: "Todas las blancas son racistas, todas las ricas son malas personas, todos los hombres son machistas, todos los chinos son, todos los catalanes son, todas las musulmanas son, todas las académicas son..." Da igual que conozcas o no personalmente a alguien: puedes etiquetarla y juzgarla como te plazca por su nacionalidad, color de piel, orientación sexual, religión, clase socioeconómica a la que pertenezca.

5. Utiliza conceptos cristianos como la culpa, el arrepentimiento, la confesión, la redención, el castigo, el sadismo, el masoquismo, el perdón de los pecados y la salvación eterna. Por ejemplo: "Soy cisexual y hetera, soy consciente de mi potencial opresor, me arrepiento profundamente, reniego de mi misma, me flagelo y pido disculpas públicamente para ser aceptada en el reino de los cielos"

6. Utiliza el paternalismo para explicarle a la gente qué debe hacer en el caso de pertenecer a los grupos enemigos: "Callaté, escuchame, habla cuando te pregunten, liberate, sé humilde, deja de follar con tal, prueba a follar con tal, trabajate esto, trabajate lo otro, asume tu desgracia por haber nacido así o asá, haz autocrítica, no protestes si te rechazo o te excluyo porque yo estoy más oprimida". 

7. Cuida mucho a las de tu grupo. Que haya muchos besos y abrazos apretaos en vuestras reuniones. Que el amor os una a todas y alivie la tensión cuando surjan rivalidades, luchas de poder y conflictos. Si no hay amor suficiente, divide el grupo en dos, tres, cuatro partes. Os quedaréis las mejores siempre.
8. Si alguien de los otros grupos no piensa como tú o habla de cosas que no te agradan, insultalá despiadadamente con categorías patriarcales tipo: eres una transfoba, eres una colaboracionista del machismo, eres lesbofoba, eres eurocéntrica, eres blanca, etc. Da donde más duele, así la conversa se convertirá en guerra y habrá más espectáculo, como en la tele. Cuanto más cruenta la guerra, más famosa te haces.

9. La autocrítica es siempre para las demás. Tú estás libre de patriarcado porque eres especial y porque tu feminismo te mantiene a salvo de cualquier comportamiento o pensamiento patriarcal. No, tú no usas el pensamiento binario, ni etiquetas, ni jerarquizas, ni te metes en luchas de poder, ni utilizas tácticas de guerra contra el enemigo o los enemigos, o las enemigas, o las víctimas del patriarcado que colaboran con el patriarcado amando a los opresores. 

10. Puedes justificar las guerras que empiezas y alimentas diciendo que te sientes muy ofendida y que lo haces en defensa propia. Combate el odio con más odio, y la violencia con más violencia, así es como se ganan todas las batallas en todo el mundo desde que empezó el patriarcado.

#AutocríticaFeminista #MásAlláDeLasEtiquetas #HumorFem

4 de mayo de 2017

Sobre los hombres que abortan

Los hombres abortan hijos todos los días, pero nadie habla de ellos. No van a la cárcel, nadie les juzga ni les critica, no agarran infecciones, no lo viven como un trauma, no se gastan plata en pagar a carniceros, no mueren desangrados, no se sienten culpables, sus padres no les echan de casa. 

Si no hay aborto, no dejan de trabajar ni de estudiar: su vida no sufre ningún cambio si conciben un hijo no deseado. Simplemente huyen, rompen con su pareja, y no se vuelve a saber nada de ellos. No les da remordimientos saber que tienen hijos e hijas que algún día preguntarán por ellos, no les hace sentir mal el saber que esos niños y niñas puedan necesitarles. 

Pongamos pues de moda la vasectomía, para todos esos que van regando su esperma, pero luego no quieren ser padres. Esos que no quieren ponerse condón, pero tampoco quieren pagar pensión alimenticia. Esos que van dejando el mundo lleno de niños sin papá porque se creen muy machos: todos necesitan esterilizarse con urgencia. 

Los Estados tienen que ponerse a la tarea. En la mayor parte de los países los hombres no reciben educación sexual ni emocional, no les enseñan lo importante que es responsabilizarse de la planificación familiar, no les explican que es violencia presionar a sus parejas para que acepten tener relaciones sin preservativo. 

Ya que la crianza se sigue considerando una cosa de mujeres, ya que los hombres no son sensibilizados para que asuman sus obligaciones ni para que aprendan a disfrutar de su paternidad, que al menos tengan la posibilidad de hacerse la vasectomía. Sólo hay que convencerlos de que no van a dejar de ser machos, que su virilidad no corre peligro, que van a vivir mejor. 

Pongamos de moda la esterilización masculina, todo son ventajas: reduciremos drásticamente el número de niñas, adolescentes y adultas que mueren en abortos clandestinos. Habrá también menos niñxs con trauma de abandono paternal, menos mujeres humildes cargadas de hijos sin padre haciendo frente a la vida sin ayudas ni apoyos, y condenadas a la miseria. 

Yo hasta les pagaría por hacerse la vasectomía (así seguro se la harían muchos). América Latina necesita acabar con tanto dolor, tantas ausencias, y tantas muertes de mujeres en abortos clandestinos.

1 de mayo de 2017

Mujeres que trabajan gratis

Mi reivindicación para este 1 de Mayo es para todas las mujeres que trabajan gratis, sin seguro médico, sin derecho a prestaciones de desempleo, sin vacaciones, sin jubilación, sin limitación de horarios, sin derechos laborales de ningún tipo. También para las que además de trabajar en el hogar sin remuneración, trabajan fuera a cambio de un salario y cumplen con dos jornadas de trabajo. 

Las tareas de cuido y del hogar son las más importantes para el funcionamiento del mundo, pero a pesar de que son absolutamente necesarias, siguen siendo invisibilizadas y minusvaloradas por el capitalismo patriarcal, que se aprovecha de la fuerza de trabajo femenina para que unos pocos puedan enriquecerse. 

La conciliación sigue siendo un mito y una trampa: la doble jornada que recae sobre las cuidadoras y las trabajadoras del hogar es esclavizante, porque nos priva del derecho al tiempo libre, porque son tareas especializadas que requieren mucha energía y muchas horas, porque no se reconoce socialmente la importancia de este trabajo para la supervivilencia de la especie, y porque no es casualidad que el 90 por ciento de las personas que cuidamos seamos mujeres. No se puede construir una sociedad igualitaria mientras millones de mujeres trabajen gratis y sin derechos laborales. 

O asumimos entre todxs los miembros del hogar estas tareas, o empezamos a pagar a la que asuma en solitario toda la carga reproductiva y doméstica. El caso es que hay que acabar ya con esta explotación machista, no se puede dejar para después, es un problema global que afecta a miles de millones de mujeres en todo el mundo. 

Sin feminismo no hay revolución, ni transformación, ni ningún tipo de cambio o mejoría posible. 

Pd: El CSIC, la mayor institución pública dedicada a la investigación en España, considera que el trabajo de las amas de casa se podría cuantificar por un valor monetario de unos 424.140 millones de euros, esto es, el 50% del PIB de España.


#CuidarEsTrabajo #CapitalismoPatriarcal #LimpiarEsTrabajar#HaceFaltaFeminismo

 #TrabajadorasDelHogar #DerechosParaTodas#NoTrabajoGratis #EconomíaFeminsta #RentaBásicaYa

30 de abril de 2017

Lucha obrera y lucha feminista en Costa Rica

#CostaRica Me pregunto si este año los sindicatos también sacan a desfilar a niñas con minifalda y tacones a bailar en plan sexy para deleite de los viejos verdes, o si ya se habrán enterado los líderes sindicalistas de que la lucha obrera no puede seguir colaborando con las opresiones y violencias del patriarcado. En un país donde tantas niñas son violadas y obligadas a ser madres en la infancia, igual ya habría que plantearse unos cuantos cambios, ¿no? 

¿Qué tal un poco de feminismo para luchar contra la explotación sexual y laboral de las niñas y las mujeres?, 

¿qué tal si se suman los obreros a la lucha contra la cultura de la violación, por el aborto, la educación sexual y al acceso a los anticonceptivos? 

#StopHipersexualizaciónEnLaInfancia #SinFeminismoNoHayRevolución#MachismoMata
#CostaRicaFeminista#LosDerechosSexualesYReproductivosSonDerechosHumanos

25 de abril de 2017

El odio a las mujeres y el machismo se aprenden

Los hombres no nacen odiando a las mujeres. El machismo se aprende. En casa, en el cole, en la tele, en el cine. Desde muy pequeños se dan cuenta de que los hombres son superiores y dominan a las mujeres, lo ven a diario en todas partes. En casa ven que las mujeres sirven a los hombres. En el colegio aprenden las hazañas de los hombres, jamás ven a ninguna gran mujer en los libros de texto. En las pelis también los héroes son masculinos, y las mujeres un trofeo (y un incordio, se pasan la mitad de la historia llorando o dando grititos). Por eso el peor insulto que pueden recibir es aquel que les compara con una niña. 

Y asi es como aprenden a ser hombres: admirando a otros hombres y despreciando a las mujeres, a las que se acercarán de mayores para tener sexo, para reafirmar su virilidad, para sentirse amados, para ser admirados, y para tener sus necesidades básicas cubiertas. 

En toda la cultura y en los chistes está la idea de que somos personas interesadas, malas, débiles: pronto aprenden a defenderse de nosotras y a domarnos para poder utilizarnos. La mejor herramienta para someternos: enamorarnos. 

Conclusión: hay que transformar urgentemente la cultura patriarcal que nos bombardea con la idea de que las mujeres somos seres inferiores y despreciables. Hay que visibilizar el trabajo creativo de las mujeres. Y a los guionistas, periodistas, humoristas, productores, cantantes, escritores, ilustradores, directores de cine, publicistas, coreógrafos, bloggers, youtubers, comunicadores, educadores, programadores: es hora de responsabilizarse y de eliminar el machismo, la lesbofobia y la homofobia de vuestras producciones. 

Ya son muchos siglos con lo mismo. A nosotras nos va la vida en ello

#VivasNosQueremos #NosEstánMatando #MachismoMata #TerrorismoMachista

20 de abril de 2017

Masculinidades desobedientes y diversas

Uno de los descubrimientos más sorprendentes de mi carrera fue darme cuenta de que la masculinidad no es patrimonio exclusivo de los hombres, y que no todas las masculinidades son patriarcales. 

Conocer mujeres masculinas que construyen su identidad de género desobedeciendo los mandatos de género de la cultura patriarcal ha sido de las mejores cosas que me han pasado, porque asi pude romper con la dicotomía masculinidad-hombres, feminidad-mujeres.

 La realidad de nuestro mundo es mucho más compleja y diversa, para entenderla sólo tenemos que dejar de utilizar el pensamiento binario y jerarquico. Sólo así podremos liberarnos individual y colectivamente del patriarcado, reivindicando la diversidad 

#OtrasFormasDeMasculinidadSonPosibles #MásAlláDeLasEtiquetas#PensarEnRed

3 de febrero de 2017

Educación para el amor desde el feminismo y la diversidad

Tenemos que proteger a las niñas y las adolescentes del mito del amor romántico. Es urgente que les demos herramientas desde la más tierna infancia para que aprendan a distinguir entre la ficción y la realidad, a cuestionar la magia del amor, a analizar los mitos desde una perspectiva crítica, a despatriarcalizar las emociones, y a construir relaciones igualitarias, sanas y bonitas. 

No es justo dejarlas indefensas frente a la ideología que les seduce y les hace creer que el amor es la salvación y la solución, y que no es el amor entre nosotras, sino el amor hacia un hombre. Porque cuando se hacen adultas siguen consumiendo fantasías románticas, y configuran sus vidas en torno a la necesidad de sentirse amadas. 

Nos pasa a casi todas. Cuando nos hacemos adultas ya no creemos en el Ratoncito Pérez ni en Papa Noel, pero seguimos creyendo que el amor nos hará felices, será perfecto, y durará toda la eternidad. Nuestros sueños y nuestros proyectos se abandonan o se dejan para después porque nosotras no somos lo importante: ponemos el amor en el centro de nuestras vidas, y en eso se nos van las energías y el tiempo, en tratar de encontrar a nuestra media naranja. 

Hay millones de mujeres en el planeta que viven en ese mundo de ilusión y decepción constante, que dependen económica y emocionalmente de un hombre, que creen que sin pareja no son nadie, que no se sienten capaces de arreglar sus problemas por si solas, que aguantan malos tratos en nombre del amor, que se sienten inferiores, que creen que obedeciendo serán más amadas, que creen que para ser amada hay que sufrir, que piensan que la felicidad está en esperar pasivamente la llegada del príncipe azul. 

Como no nos enseñan en las escuelas, luego nos hacen falta muchos años de terapia y de duro trabajo personal para poder desaprender todo lo que aprendimos con los cuentos que nos cuentan. Si nos vacunasen contra esta magia podríamos acabar con tantas decepciones y sufrimientos, tantos embarazos prematuros, tantos sueños abandonados, tantas vidas rotas, y tanta violencia machista. 

Los niños y los adolescentes también necesitan herramientas para perderle el miedo al amor, para aprender a expresar sus emociones, para desaprender el machismo que aprenden en la televisión y en la cultura del entretenimiento. 

Los niños tienen que poder defenderse de la mitificación del macho violento, necesitan otros héroes y otros modelos de masculinidad para que aprendan a resolver sus problemas sin utilizar la violencia. Los niños tienen derecho a sentirse libres para vestirse como quieran, para llorar si lo necesitan, para pedir ayuda cuando se sienten tristes, para mostrar su vulnerabilidad sin miedo a las burlas. Los niños necesitan aprender a cuidarse y a cuidar a los demás, a respetar a las niñas y a si mismos, a dejar de considerar que las niñas son seres inferiores que han nacido para amar y para servir a los hombres. 

Los niños y adolescentes necesitan herramientas para gestionar sus emociones, y para aprender a relacionarse de un modo igualitario, en horizontal, sin jerarquías y sin esquemas de dominación ni sumisión. Necesitan mucho feminismo para aprender a ser seres autónomos que no dependan de su madre o de su novia, que no necesiten criadas, que no necesiten ser obedecidos. Necesitan amar y respetar la diversidad para que cualquiera de ellos puedan amar a otros hombres sin ser discriminados. 

Necesitamos mucho feminismo en las escuelas para aprender a querernos bien, para amarnos más y mejor, para poder alejarnos del modelo tradicional del romanticismo patriarcal y sus paraísos imposibles. Por eso es tan importante aprender a pensar por nosotros mismos, con perspectiva de género y con capacidad para analizar cualquier mensaje desde la crítica, visibilizar la ideología que subyace a los contenidos mediáticos, y así desmontar todos los cuentos que nos cuentan. 

Hay que desaprenderlo todo, resistir ante el bombardeo del romanticismo patriarcal, generar espacios de ternura, libres de machismo y llenos de solidaridad, cooperación, y ayuda mutua. Reinventarnos el amor, probar otras formas de querernos, imaginar otras estructuras sentimentales para poder sufrir menos, y disfrutar más del amor. 


 .
Coral Herrera Gómez


Más artículos de Coral 

20 de enero de 2017

Mini Taller con Coral Herrera: separaciones y rupturas

¿Te estás separando?, ¿hace poco que te separaste?, ¿te están entrando ganas de separarte?. ¿Te gustaría vivir tu duelo de una forma menos dolorosa?,  ¿te gustaría tener herramientas para sufrir menos y para poder llevar la teoría a la práctica?
En compañía se pasa mejor: en este mini taller podrás trabajar con Coral Herrera y con más compañeras de diferentes países todo tu proceso. Es un curso intensivo en el que tenemos un ejercicio para cada día, materiales de lectura, una caja de herramientas, y un chat en directo con Coral Herrera.
Fechas: del 29 de enero al 12 de febrero (dos semanas)
Horarios: no hay horarios fijos, puedes conectarte cuando quieras
Precio: 50 euros por persona, con los que podrás disfrutar de un mes gratis en el Laboratorio del Amor,
¿te apuntas con nosotras?

Es muy fácil, en solo dos pasos podrás entrar a la plataforma Otras formas de Quererse: 
1. Pagar en Paypal  Haces click en el botón ¡Quiero inscribirme!, que te lleva a Paypal. Una vez finalizado el proceso de pago, serás redireccionada a Ning, la plataforma on line en la que está alojado nuestro taller.
2. Inscribirte en Ning.  El día de comienzo del taller, Coral activará tu perfil en la plataforma Ning, y recibirás un mail de aviso.  
¡Muchas gracias por unirte al mini taller!
Si tienes dudas sobre el curso o el proceso de inscripción, visita Preguntas frecuentes

30 de diciembre de 2016

A otra cosa, mariposa: consejos feministas para desenamorarse





Duchas de agua fría, hacer deporte, mantenerse ocupada, estar acompañada de las mejores amigas, hacerse un viaje, escribir un diario, reforzar tu autoestima, pedir ayuda profesional, hacer meditación y yoga, dar largos paseos… son muchos los consejos que nos damos unas a otras para desintoxicarnos cuando estamos muy enganchadas de alguien que no nos ama, o que se desenamora y decide seguir su camino en solitario. 

O con otra persona.

Desenamorarse es muy duro porque es un proceso muy parecido al de dejar una adicción (tabaco, alcohol, drogas, juegos y apuestas, etc): es luchar contra nuestro deseo de estar cerca de nuestra droga. Nuestro cuerpo tiene que borrar el deseo de nuestra piel y sudar mucho para eliminar toda la toxicidad del amor. Y es que en esos momentos tan difíciles, nuestra mente tiene que ponerse limites, auto-censurarse, contenerse, darse buenos consejos para no ir corriendo a pedir clemencia de rodillas.

Para desenamorarse es fundamental tener una cosa muy clara: el amor ni se mendiga, ni se exige. Si no hay amor, entonces mejor dejar la relación, hacer un ritual de despedida como quien entierra a un ser querido, y hacer un proceso de aceptación de la Realidad. 

Es importante también poder desconectarse: la amistad puede llegar al cabo de muchos meses o años, pero para poder ser amigos primero hay que llegar a la desconexión total, y mantenerse así un tiempo hasta que logramos sacarnos a la otra persona de la cabeza, y empezamos a rehacer nuestras vidas.

La idea es aguantar sin llamar, sin guasapear, sin chatear, sin mensajear sabiendo que el otro o la otra van a estar bien. Nosotras también vamos a estar bien, y no hay que buscar excusas para  romper la desconexión. Si necesitamos un hombro para llorar, ahí tenemos a las amigas y los amigos: los ex y las ex no son las personas más indicadas para consolarte.

Estos son los consejos que le doy a mis amigas y que me doy a mi misma en una ruptura: hay que separarse con amor, cuidarse mucho (a ti y a la otra persona), quererse mucho a una misma, ser sensata, ser realista, mirar hacia delante siempre, mantener la dignidad, intentar no ser egoísta, y evitar las luchas de poder y las guerras. 

Sin embargo, lo que a mí me ha funcionado de verdad es aplicarle el feminismo al proceso de ruptura. Es fácil, sólo hay que hacerse un par de preguntas: ¿cómo nos quiere el patriarcado?, y ¿le voy a dar el gusto?. El patriarcado nos quiere tristes, deprimidas, débiles, frágiles, vulnerables, hechas polvo, sin energías, esperanzadas, emparanoiadas, entretenidas con fantasías, aferradas al pasado, solas, rivalizando entre nosotras, pendientes y dependientes de un hombre.

Al patriarcado le encanta que las mujeres concentremos nuestras energías y nuestro tiempo en llorar, en lamentarnos, en auto-engañarnos, en buscar amor. Porque así somos más sumisas: cuanto más necesitamos al hombre al que amamos, menos libres somos para juntarnos y separarnos. Cuanto más solas nos sentimos, más ganas tenemos de entregarnos y darnos por completo. Cuanto más enamoradas estamos, más entretenidas estamos, y más a lo nuestro estamos.

Las mujeres cuando estamos alegres, unidas, empoderadas, con energía, enfocadas en lo que queremos, somos peligrosas: se nos puede ocurrir cualquier barbaridad, como por ejemplo luchar por nuestros derechos y libertades en todo el mundo.

Así que si el patriarcado nos quiere ver sufriendo y destrozadas porque el hombre al que amamos no nos ama, la mayor rebeldía contra el patriarcado consiste en estar bien.

Aplicar el feminismo al desamor supone que en lugar de perder el tiempo esperando a que el otro nos quiera, lo que hacemos es ponernos activas, y trabajar por nuestro bienestar y nuestra felicidad, la propia y la de las demás. Es fundamental tener siempre a tu tribu de gente querida, tengas o no tengas pareja, para que tu vida siga siendo la misma siempre y no te sientas sola. La clave está, pues, en diversificar afectos, y en tener una buena red de mujeres cerca que te acompañen. 

Juntarnos para celebrar, para acompañarnos, para aprender juntas, para crear redes de afecto es lo verdaderamente revolucionario. Tirar hacia delante, no hundirse, no quedarse esperando a que suceda el milagro cuando un hombre nos rechaza o deja de amarnos, es una forma de resistencia al patriarcado que podemos practicar todas desde nuestras trincheras. 


Hacer redes de afecto y solidaridad frente a la soledad, querernos bien a nosotras mismas, aceptar que el otro no nos ama y que no se acaba el mundo es un acto de resistencia feminista. Cuando la persona a la que amamos no nos corresponde, cuando nos rechaza, cuando no nos trata bien, cuando nos está haciendo daño, cuando juega con nuestros sentimientos, o cuando rompe la relación, lo mejor siempre es aceptar, pasar el duelo, y tirar hacia delante, porque el tiempo todo lo cura, porque no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, y porque no hay otro camino que ir hacia delante.  

Si no nos quieren, entonces es mejor soltar, echar a volar, y a otra cosa, mariposa. 

Coral Herrera Gómez



Otros artículos de la autora: 








Si te gusta este blog y agradeces poder leer sin publicidad, puedes colaborar de muchas maneras haciendo click aquí. 

9 de noviembre de 2016

Sin machismo, los hombres serían más felices



- Sin machismo, los hombres no asesinarían a otros hombres: el 95% de los asesinos de hombres, son hombres. Así que en un mundo libre de machismo, habría menos asesinatos de hombres y de mujeres, es decir, habría menos violencia, menos sufrimiento, menos dolor. Los hombres no perderían a sus hermanos, padres, abuelos o amigos, y tampoco a las mujeres de su entorno familiar y socioafectivo. Habría menos entierros, menos duelos, menos sufrimiento: todos saldríamos ganando si pudiéramos acabar con la violencia patriarcal.  
- Sin machismo no habría dominadores ni dominados. Los hombres no tendrían que someterse a otros hombres, ni arrodillarse ante ellos, ni obedecerlos, ni vivir esclavizados para enriquecerlos. No habría jerarquías ni viviríamos en un mundo tan competitivo: los hombres no tendrían que someterse al estrés de ser los mejores en todo, no se sentirían perdedores todos los días, no tendrían que pisotear a los demás para subir más alto. No tendrían por qué tener complejos de inferioridad o superioridad: podrían relacionarse de igual a igual con otros hombres, con las mujeres, con los niños y las niñas, con los animales de su entorno, y con la Naturaleza. Su salud mental y su salud física mejoraría mucho, y podrían relacionarse con más amor, respeto y ternura entre ellos, y con nosotras. 
- Sin machismo los hombres no sentirían la necesidad de abusar y violar a los más débiles. No se sentirían mejor dominando y haciendo sufrir a otros hombres, a niños, niñas o mujeres. Tampoco sufrirían la violencia agresiones sexuales, ni violaciones, ni serían víctimas de los abusos sexuales infantiles que hoy en día sufren a manos de otros hombres. No tendrían que prostituirse ni tendrían que drogarse para soportarlo, no tendrían que vivir una vida de humillaciones y dolor. Y las mujeres tampoco tendríamos que sufrir por lo mismo. 
- Sin machismo los hombres serían mucho más libres, no tendrían por qué obedecer los mandatos de género que les obligan a ser agresivos, dominantes, ganadores. Podrían caminar, gesticular, vestirse como les diera la gana, sin sentir miedo  al qué dirán, sin sentir vergüenza de su forma de ser o de sus deseos más íntimos. Podrían amar a otros hombres sin miedo porque no existiría la homofobia ni la transfobia. 
- Son machismo, los hombres podrían vivir su sexualidad de una manera más libre y sana, con otros hombres y con las mujeres.  Podrían olvidarse de la penetración y la eyaculación y disfrutar de los goces del cuerpo entero, de arriba a abajo, sin pensar en la meta final, disfrutando del mientras tanto. Podrían disfrutar del placer anal sin los miedos de hoy en día, podrían explorar su propio placer sin tantos obstáculos y trabas, sin tener que esconderse, sin tener tanto miedo a lo desconocido. Sin machismo, estarían mucho más abiertos a aprender cosas nuevas y a entender la compleja y fascinante sexualidad femenina.
- Sin machismo, los hombres no le tendrían miedo al amor, y aprenderían a amar sin poseer y sin dominar. Serían más libres para empezar y para terminar las relaciones sentimentales con hombres o con mujeres, gozarían más sin tener que obedecer o ser obedecidos, se sentirían mejor si aprendiesen a relacionarse desde el amor y la libertad. Disfrutarían más del amor porque no tendrían complejos de infierioridad, ni sentirían la necesidad de poseer, controlar o destruir a la persona a la que amasen. No tendrían miedo de ser abandonados o traicionados porque aprenderían a respetar, a cuidar y a amar su libertad y la libertad de las personas de las que se enamoran. 
- Sin machismo los hombres podrían reírse de si mismos, hacer auto crítica, llorar en público, mostrar su vulnerabilidad, pedir ayuda cuando lo necesitan. No tendrían tanto miedo a hacer el ridículo y por tanto, se divertirían mucho más. Se sentirían mas libres, respetarían todos los modelos de masculinidad, no se verían obligados a adoptar el modelo hegemónico de masculinidad patriarcal, y no tendrían miedos ante la diversidad sexual y amorosa de la Humanidad. 
- Sin machismo los hombres no tendrían por qué acumular propiedades, acaparar el poder, o ser siempre los protagonistas de la Historia de la Humanidad. No tendrían que afrontar solos los problemas de una familia o de la comunidad, y tampoco se les exigiría que fuesen los principales proveedores de recursos económicos. Sin machismo las mujeres también tendrían acceso a las tierras y a los medios de producción, así que no dependeríamos de ellos y las relaciones serían más sanas y horizontales. No serían los jefes ni los directores ni los amos del mundo: podríamos organizarnos en equipos de cooperativas en los que ellos no acaparasen el poder político y económico.  
- Sin machismo, los hombres no tendrían que mutilarse emocionalmente, y serían  libres para expresar cómo se sienten, sin miedo a ser insultados o humillados en público. Sin machismo ninguno sentiría la necesidad de reírse o de atacar a los hombres que hablan de sus emociones y sentimientos, podrían criar a sus hijos e hijas, disfrutar de su paternidad, aprender a cuidar a sus seres queridos. Podrían disfrutar de la diversidad de afectos que se tiene cuando uno es libre y los demás a su alrededor también lo son
- Sin machismo los hombres vivirían más años porque no tendrían que perder la vida en peleas con otros hombres, no tendrían que someterse a conductas de riesgo para parecer muy machos, y podrían aprender a cuidarse a sí mismos. 
Autocuido: actualmente la mayor parte de los hombres educados en la tradición patriarcal no saben o no quieren cuidar de sí mismos porque siempre han tenido al lado a una mujer (la madre, la esposa, la hermana, etc) que se preocupa por su salud física, psicológica y emocional. Muchos de estos hombres tradicionales no hablan de sus problemas de salud ni van al médico porque les cuesta exponer su vulnerabilidad y no quieren parecer frágiles, ya que les han enseñado que la debilidad es cosa de mujeres, y lo peor para un hombre macho es que le comparen con una mujer. Les da miedo que los demás se burlen de su miedo al dolor, a la enfermedad y a la muerte, por eso no les gusta ir a los tanatorios ni a los hospitales, ni hablar de estos temas en profundidad. Generalmente son sus esposas las que se empeñan en llevarles al médico cuando les ven mal, y no suelen cuidar su dieta o su salud para prevenir enfermedades físicas. En el caso de las enfermedades mentales y emocionales, tampoco saben pedir ayuda: generalmente tratan de disimular su sufrimiento o lo expresan a través de la agresividad o la violencia. Sin machismo, los hombres tradicionales podrían aprender a pedir ayuda, a expresar sus emociones y sentimientos, a cuidarse a sí mismos como seres adultos. 
Conductas de riesgo: los hombres mueren más por accidentes de tránsito (por conducción temeraria o por no respetar las señales de tráfico o los límites de velocidad) y por accidentes relacionados con la falta de prudencia en actividades físicas o deportes de riesgo. Estas conductas temerarias son una demostración de virilidad y valentía, por eso los hombres se sienten obligados a hacer el bruto y arriesgar su vida: para ellos es fundamental que los demás les vean muy "masculinos", o sea, muy fuertes y sin miedos, porque los miedos son "cosa de mujeres", y a ellos les aterra que les comparen con una mujer.
Peleas con otros hombres: sin machismo los hombres no tendrían que batirse en duelo con otros hombres para demostrar lo valientes que son, para defender su honor o el de su familia, para castigar a otros hombres por temas de celos, para descargar la agresividad acumulada, para sentir placer con los subidones de adrenalina... Sin machismo los hombres no se burlarían de otros hombres, ni tendrían que demostrarle nada a nadie: podrían vivir sin pelearse porque no les importaría la opinión de los demás sobre su hombría. Sin machismo viviríamos en una cultura más pacífica en la que los hombres podrían resolver sus conflictos sin violencia, y por lo tanto no morirían acuchillados, golpeados, descuartizados o tiroteados. 
- Sin machismo, los hombres serían más felices porque las niñas, las mujeres adultas, las ancianas serían más felices también. Sin machismo podrían relacionarse con mujeres libres que no dependan de ellos, y no perderían sus energías en relaciones de poder: podrían relacionarse con amor con todas las mujeres y los hombres de su entorno, sin necesidad de poseer, dominar u obedecer a nadie. 
Sin machismo, saldríamos ganando todas y todos. No es solo que nosotras tengamos derecho a vivir una vida libre de violencia: también a los hombres les beneficiaría mucho el final de la cultura patriarcal. Sin machismo los hombres patriarcales podrían deshacerse de sus cadenas, de sus miedos y de sus carencias. Serían más libres, más solidarios, más buenas personas, y tendrían mucha más salud emocional y mental.
Coral Herrera Gómez


Artículos relacionados: 

25 de septiembre de 2016

Se vive mejor sin religiones del amor


En el trabajo que llevo a cabo con mujeres de toda España y América Latina en el Laboratorio del Amor, trabajamos mucho el tema de las nuevas formas de querernos, y en concreto hablamos mucho de las relaciones abiertas, el anarquismo relacional, la agamia,y el poliamor. Algunas lo están disfrutando mucho, especialmente las que ya eran poliamorosas antes de leer sobre el tema, las que nunca disfrutaron  en relaciones cerradas con pactos de fidelidad rígidos, las que se han atrevido por fin a relacionarse como siempre habían soñado: sin miedos, sin culpas, sin normas ajenas.
Sin embargo, muchas otras están llevando a cabo un esfuerzo titánico para convertirse en poliamorosas, y se preguntan si este esfuerzo merece la pena. Unas han llegado a la poliamoría de la mano de sus parejas masculinas, y otras han  llegado leyendo y debatiendo con amigas o en asambleas o foros virtuales. Sin darnos cuenta, casi todo el mundo mitifica la poliamoría como la práctica amorosa ideal que acabará con el sufrimiento, las mentiras, las peleas, las luchas de poder, la infidelidad, la violencia romántica.. y sin embargo al vivirlo nos damos cuenta de que las nuevas religiones del amor pueden ser tan tiranizantes como las antiguas. 
Casi todas coincidimos en que la fase teórica es lo mejor: hablar sobre relaciones abiertas es liberador y transgresor, y no es difícil entusiasmarse con esta forma de amar que nos liberará del patriarcado para siempre. Lo difícil es llevar la teoría a la práctica, porque la mayor parte de nosotras carecemos de herramientas para gestionar nuestras emociones: no nos han enseñado a manejarlas, y no podemos obligar al cuerpo a no sentir. Se  requiere de mucho tiempo y entrenamiento para cambiar nuestras estructuras emocionales: no se pueden borrar siglos de patriarcado de un plumazo.
Lo ideal sería encontrar la fórmula mágica para convertirnos en poliamorosas de la noche a la mañana, pero eso se les da mejor a los chicos, que llevan siglos simultaneando relaciones y ahora pueden hacerlo a la luz del día, sin mentir, sin sentirse culpables y sin miedo a que les descubran. 
En nuestro análisis colectivo hemos descubierto que la poliamoría puede ser tan patriarcal (o más) que la monogamia, y que por lo tanto la poliamoría tiene que ser feminista para que sea revolucionaria, y para que podamos disfrutarla nosotras también. Durante siglos y siglos hemos tenido que reprimirnos, mentir y jugarnos la vida para poder tener varios amores. Cuando nos han descubierto, los castigos han sido, y siguen siendo en muchos países del mundo, extremadamente crueles: se nos etiqueta como adúlteras, y luego se nos dilapida, se nos quema vivas o se nos tortura hasta la muerte.  
En el mundo desarrollado, sin embargo, ahora la imposición viene del lado contrario: lo que mola y lo que se lleva ahora es ser poliamorosa, y si no lo eres puedes ser etiquetada como una antigua, una conservadora o aún peor, una mujer machista que no se abre a las tendencias más "transgresoras". 
Como la mayoría quiere evitar estas etiquetas, nos adaptamos a las modas del amor y muchas veces nos machacamos tratando de seguir con fidelidad los nuevos esquemas y modelos amorosos. Lo hacemos para que la manada y la tribu nos acepten, pero también para que nos quieran y nos elijan como pareja. 
Sin embargo, someternos a las nuevas normas duele, porque no es nada fácil hacer la transición desde el romanticismo tradicional y monógamo al romanticismo poliamoroso y abierto. De hecho, puede llegar a ser una tortura que nos machaca la autoestima y la salud emocional, porque no toda la gente que practica el poliamor sigue una ética poliamorosa. Hay mucha gente cruel que miente, que no cuida a sus compañerxs, que hace daño para alimentar su Ego, que jerarquiza y minusvalora a sus amantes para reafirmarse y demostrar su poder y su capacidad de seducción.

Pensando sobre todo esto, nos dimos cuenta de que entonces es fundamental cuidarse a una misma, no permitir que nadie nos haga daño, no traspasar los límites propios, no tener miedo al "qué dirán". Es importante, pactar con una misma, respetar los acuerdos, conocerse bien, saber qué es lo que nos hace bien y lo que no, y querernos tanto como queremos a las personas con las que nos relacionamos. Es importante, también, tener la libertad para cambiar de opinión, para atrevernos o para quedarnos donde estamos: el poliamor no es la salvación, ni es la solución a todos los problemas del amor patriarcal. 
Otra conclusión a la que hemos llegado juntas es que la monogamia es una forma de relacionarse como otra cualquiera y que forma parte de la diversidad sexual y amorosa. Es decir, la monogamia ha de ser una opción libre que cualquiera de nosotrxs pueda elegir. Finalmente, sucede lo mismo que con la poliamoría: la monogamia ha de ser igualitaria, feminista y diversa. 
Todos los modelos amorosos se pueden desmitificar y despatriarcalizar.  En el Laboratorio vamos viendo que no merece la pena sufrir ni sacrificarse para alcanzar el paraíso del poliamor. Al mundo de las relaciones abiertas se ha de llegar disfrutando, sin imposiciones externas o internas, sin mitos ni normas que nos obliguen a adaptarnos al modelo hegemónico poliamoroso. 
Lo bueno de la poliamoría es que podría llamarse de otra manera, y puede vivirse y practicarse como a una le apetezca, de la manera en que a una le convenga, customizando o personalizando la experiencia como deseemos. Esto es practicar el feminismo desde una misma: sentirse libre para elegir, para entrar o salir, y para construir nuestros vínculos desde donde queramos.  
Hemos descubierto que no hay que culpabilizarse si una no es tan poliamorosa como las demás, que no pasa nada si no podemos tener varias relaciones a la vez, que no tenemos porqué torturarnos reprimiendo las emociones o tratando de disimularlas pensando en que nos van a juzgar y a etiquetar con los términos más abyectos (antiguas, mojigatas, estrechas, conservadoras, reaccionarias, patriarcales).
Hay que ser valienta y no tener miedo a las opiniones de la gente. Lo que de verdad es transgresor es disfrutar de tu vida sin pensar en los demás, sin seguir las modas, sin someterse a normas ajenas. Para las chicas del Labo, al final lo importante es sufrir menos, y disfrutar más del amor. 

Si sufres tratando de adaptarte a un nuevo esquema, no merece la pena hacer tanto esfuerzo: es legítimo intentarlo y abandonar, es legítimo probar otras formas de quererse, y es válido negarse a someterse a las nuevas o a las antiguas religiones del amor
Es importante reivindicar nuestro derecho a ser poliamorosas y a dejar de serlo cuando nos apetezca, pues nunca somos las mismas, cada pareja es un mundo, cada etapa de nuestras vidas es diferente, y lo que te apetece en un momento puede no apetecerte en otro. 
Por eso la etiqueta "poliamorosa"  debería ser como una prenda de vestir: me la pongo o me la quito cuando me apetezca, y no soy mejor o peor persona. Sigo siendo estupenda amando de una manera o de otra: lo importante es sentirnos completamente libres a la hora de relacionarnos y de construir nuestros vínculos con lxs demás.
Lo mismo sucede con la heterosexualidad: si es lo que me sale del coño y del corazón, no me hace menos feminista el amar y follar con hombres deliciosos. Si no es impuesta, la heterosexualidad es una opción tan transgresora como otra cualquiera: las lesbianas no son más feministas que las heteros. 
Quien esté libre de patriarcado, que tire la primera piedra. El patriarcado afecta lo mismo a gays, trans, lesbianas y heteros, por eso es tan importante hacer autocrítica amorosa continua, y por eso es tan importante cuestionar cualquier estructura amorosa, emocional, sexual y sentimental.
Todas las religiones y modas del amor pueden ser analizadas, repensadas, desmitificadas, despatriarcalizadas y desmontadas. La poliamoría es una liberación y un espacio de gozo para la gente poliamorosa, pero puede ser un infierno para la gente que no lo es. Por eso hay que probar y ver cómo nos sentimos, si es o no para nosotras, si nos apetece quedarnos un tiempo o para siempre, si nos sentimos nosotras mismas, si estamos a gusto, si tenemos la suerte de encontrarnos con gente linda en el proceso. 
Lo esencial para amar con alegría es poder ir más allá de las etiquetas, no arrodillarnos frente a las religiones del amor (las tradicionales o las nuevas), y sentirnos libres a la hora de elegir con quién y cómo queremos amar. Esto es el feminismo diverso: poder construir la estructura amorosa que queremos cada una, porque todas las formas de quererse son igual de válidas. Lo importante es vivirlas libremente y poder disfrutarlas.
Coral Herrera Gómez

Si quieres saber más sobre el Laboratorio del amor, visita mi web: 
laboratorio del amor final - TEXTO 3

Únete al Laboratorio del Amor, por 10 euros al mes, o 100 euros al año

Únete al Laboratorio del Amor, por 10 euros al mes, o 100 euros al año
Para saber más pincha en la imagen

Escuela del Amor: Curso de Primavera

Escuela del Amor: Curso de Primavera
Pincha en la imagen para saber más

Regala(te) un curso o una plaza en el Laboratorio del Amor

Regala(te) un curso o una plaza en el Laboratorio del Amor
Visita mi tienda de regalos

Quiero colaborar


¿Quieres colaborar con mi blog? Ahora puedes hacerte mecenas de mi blog con una aportación ecónomica, grande o pequeña, cualquier aportación a este proyecto es bienvenida.



PayPal. La forma rápida y segura de pagar en Internet.

Si te gustan mis artículos y quieres compartirlos en tu web o blog, puedes escribirme al mail: coralherreragom@gmail.com