29 de julio de 2013

Las soledades posmodernas y las redes de amor





La soledad es una invención moderna.

En el siglo XXI nos juntamos de dos en dos, mejor si es heterosexualmente. Nos unimos en dúos para convivir y para crear familias (o no), en estructuras de dependencia mutua. Dependencia sentimental y económica, dependencia social y afectiva. Cuando estamos sin pareja decimos que estamos solos, pero la soledad es una invención moderna que afecta a los habitantes de las ciudades, lugares donde todos somos personas anónimas y donde nos comportamos como si no tuviéramos nada que ver unos con otros.

Antes la gente vivía en grandes estructuras familiares, en casas amplias donde convivían varias generaciones y parientes sin la misma sangre. La soledad nació en el seno del Romanticismo trágico del XIX, cuando se impuso el individualismo y la gente se encerró en sus nidos de amor para dúos diferentes pero complementarios. Las  calles y las plazas se vaciaron y cada uno miró para lo suyo. 

El budismo con su filosofía del desapego no entiende, sin embargo, la soledad como una tragedia: nacemos solos y morimos solos, y los demás nos acompañan en determinadas etapas del camino. En Occidente, sin embargo, la soledad es la gran enfermedad de los posmodernos. Fromm hablaba de la Era de la soledad, de la época en la que necesitamos emociones intensas, necesitamos comunicarnos y compartir, y sin embargo lo hacemos solos desde casa, apretando el dedo sobre las teclas de una realidad virtual.

El derrumbe de las redes de solidaridad en la posmodernidad nos han dejado a todos más solos y solas, especialmente los que no tienen a alguien cerca para compartir su soledad. En lugar de crear nuevas redes, Coca Cola nos dice que en pareja se vive mejor. Por eso buscamos a nuestra “media naranja”, alguien que llene nuestra soledad, que nos acompañe siempre, que no nos abandone.

Un marido con plata




En la peluquería es el lugar donde más aprendo sobre el patriarcado. A mí me encanta hablar con mujeres sobre los mil temas que nos preocupan a las mujeres, pero en la peluquería a la que voy no se habla de economía internacional, política global o local, temas de corrupción o desempleo, la precariedad económica, o la suciedad de los ríos de la ciudad en la que vivo. En la peluquería de mi barrio se habla de consejos de belleza, trucos domésticos, temas de salud y nutrición, de sexo y amor. Las mujeres que van  a mi peluquería hablan mucho de los maridos y las hijas y los hijos, y el entorno familiar. El suyo y el de otras mujeres: gustan hablar de la vida de las famosas, de sus romances y divorcios, de sus casas.

A mí me cuesta participar porque tengo un pequeño problema de sordera que a veces me aísla un poco de las conversaciones. Además me siento un poco antropóloga, y a veces un poco rara, porque no me río de los chistes machistas y cuando me miran para que les ría la gracia pongo cara de mazapán congelado. Me gustaría hablarles del tremendo coste emocional y vital que supone depender de alguien económicamente, de lo importante que es juntarse con quien a una le apetezca o permanecer sola si se desea, de lo importante que es construir relaciones afectivas bonitas, sanas e igualitarias. 

Pero para no parecer marciana me callo. 
Yo querría ir a una peluquería feminista, pero no sé donde hay una. 

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19 de julio de 2013

Ningún amor es ilegal





 

Todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. Partiendo de esta base, también tenemos los mismos derechos en el ámbito afectivo, sexual y emocional. Todos y todas, independientemente de nuestra orientación sexual, de nuestra identidad de género, de nuestro origen o nuestra edad, tenemos derecho a amar a quien queramos, y a que nos quieran. 


Este es uno de los derechos fundamentales e inaleienables del ser humano: amar en libertad. Juntarse, disfrutar y separarse en libertad.


18 de julio de 2013

¿Qué es "lo normal"?, ¿Quién es "normal"?




"Cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal y de anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo. Son expresiones de un dualismo constitutivo de la conciencia occidental". 
Michel Foucault



Lo normal, la normalidad, lo normativo, son conceptos que hemos creado para tratar de definir el conjunto de normas que  regulan nuestra convivencia, el comportamiento de las mayorías, los lugares comunes, la lógica de nuestra sociedad. 

El concepto "normal" nos sirve para distinguir qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está bien y mal, que es moral e innmoral. Pero la normalidad sirve, además, para discriminar a todas las personas y grupos humanos que no se ajustan a los patrones y modelos que sigue la mayoría. 

Aquellos que son diferentes a esta gran mayoría se etiquetan como los anormales, las raras, los desviados, las extrañas, los ambiguos, las inclasificables, o los diferentes al restoEsta condena de la diferencia es lo que nos divide en dos grupos: los que se adaptan y los que no, las que son aceptadas y las que no

Para poder integrarnos plenamente, tratamos de parecernos a aquellos con los que querríamos que se nos identificase. Por eso en las pandillas de adolescentes van todos vestidos iguales con ligeras variaciones. Necesitan sentir que pertenecen a un grupo. Por eso los varones jamás llevan falda en las sociedades occidentales: sus pantalones les definen como hombres. Esto no les sucede a los escoceses, que la usan en sus vestidos tradicionales sin perder un ápice de su masculinidad.

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3 de julio de 2013

La construcción cultural del amor romántico







                  El amor es una construcción humana sumamente compleja que posee una dimensión social y una dimensión cultural. Ambas dimensiones influyen, modelan y determinan nuestras relaciones eróticas y afectivas, nuestras metas y anhelos, nuestros gustos y nuestros sueños románticos.  Tanto la sexualidad como las emociones son, además de fenómenos físicos, químicos y hormonales, construcciones culturales y sociales que varían según las épocas históricas y las culturas. El amor se construye en base a la moral, las normas, los tabúes, las costumbres, creencias, cosmovisiones y necesidades de cada sistema social, por eso va cambiando con el tiempo y en el espacio, y por eso no aman igual en China que en Nicaragua, ni los bibri aman del mismo modo que los semais.

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