28 de febrero de 2012

25 años de Cine dirigido por Mujeres


Presentación en la Filmoteca Nacional del libro digital "25 años de cine"




El pasado 16 de febrero, de la mano de CIMA, se presentó en Madrid, en la sede de la Filmoteca Nacional en el Cine Doré, el libro digital ’25 años de cine’ de la Muestra Internacional de Cine y Mujeres de Pamplona.
En la presentación estuvieron presentes la cineasta Helena Taberna, Elena San Julián y María Castejón Leorza, organizadoras de la Muestra, y ésta última editora de la publicación, así como Coral Herrera y María Castrejón, dos de las autoras del libro.

La publicación digital gratuita supera ya las 1.000 descargas; contó con el apoyo del Instituto Navarro de las Artes Audiovisuales y la Cinematografía (INAAC) y del Ayuntamiento de Pamplona. En él hay ensayos, entrevistas a directoras( como la francesa Agnes Vardá, la alemana Margarethe von Trotta, la argentina Lucía Puenzo, la egipcia Amal Ramsis y las españolas Helena Taberna y Juana Macías), guías didácticas, opiniones de profesionales que han pasado por la Muestra y una memoria escrita y gráfica de estos 25 años.
En definitiva, una obra que ofrece interesantes y necesarios recursos para ir esbozando nuevos trazos en la historiografía feminista del cine y que anima a la reflexión.

14 de febrero de 2012

El Día de los Enamorados y las Enamoradas




Hay gente que me pregunta que qué me parece la celebración del día de San Valentín. Yo digo que todo lo que sea celebrar está bien, pero me gusta más el modo en como se vive en algunos países de Latinoamérica, en los que no es el día de expresar amor solo a la pareja, si no a toda la gente que uno quiere, amigos y amigas, vecinos y vecinas, familia, compañeros de trabajo. Así que en América este día es una festividad más amplia, abierta a la colectividad, no tan centrada en la idea individualista del dúo. 


El acto de regalar algo a alguien es una tradición humana maravillosa, porque es una expresión de afecto, de agradecimiento, de intercambio. Lo que no me gusta es que haya que hacerlo en un día determinado; los cumpleaños, el día del Padre, el día de la Madre, el día de Navidad, el día de Reyes, el Aniversario de Boda. Son días marcados por los mercados para marcar socialmente la tradición de regalar algo a alguien, sea pariente, amante o amigo, según las pautas establecidas. 

¿Qué es el Amor?








El amor es una construcción social y cultural que determina nuestra forma de organizarnos económica y políticamente. Es un sentimiento colectivo muy complejo en el que se interrelacionan muchos factores y que varía según las épocas históricas, las zonas geográficas, los climas, la biología, la cultura, la economía, las formas de organización social y política, las religiones, los tabúes y las normas morales de cada comunidad, etc. 

No aman igual en China que en Marruecos. No ama igual una monja de clausura que un ejecutivo de Manhattan, y sin embargo, el amor tiene algo en común en todas las culturas: es una energía poderosa, nos hace sufrir, nos hace felices, nos mueve constantemente. El amor es algo que nos pasa a todos alguna vez en la vida, y lo vivimos de acuerdo a la cultura en la que nacemos. Aprendemos a amar a través de los cuentos y las películas, que nos ofrecen modelos a seguir, soluciones para resolver conflictos, mapas emocionales y estructuras de relación que adoptamos casi sin pensar. 


El amor es una mezcla de instintos, emociones, normas, prohibiciones y mitos bajo los cuales subyacen las creencias y cosmovisiones que los grupos de poder político y económico nos trasladan a través de la cultura. Estas creencias se invisibilizan porque se engalanan con las vestiduras de la magia del amor, pero nuestros cuerpos, nuestra sexualidad, nuestros sentimientos, están atravesados de ideología.  

El amor es un fenómeno universal, pues no es exclusivo de la especie humana. Se quieren los animales, nos queremos los humanos: las madres y las hijas, los abuelos y los nietos, las tías y las sobrinas, los hermanos, las primas, las amigas, los compañeros de lucha, las vecinas del barrio, los amantes clandestinos, los matrimonios felices, las pandillas, las cuadrillas, las bandas de música, los miembros de los equipos de fútbol, los actores y actrices de un montaje teatral. 

Vivimos rodeados de afectos diversos. Queremos a la gente de los grupos con los que hemos compartido fiestas interminables, o veranos inolvidables. Queremos a nuestros compañeros del colegio y de la universidad, a gente con la que hacemos deporte, con la que compartimos nuestra pasión por el rock, la informática, los huertos urbanos o la astronomía. 


El amor ha permitido la supervivencia de la especie humana, y es un motor que mueve el mundo. Somos animales gregarios que necesitamos el aprecio y el afecto de la gente que nos rodea. Aprendemos socializandonos y comunicandonos. Necesitamos abrazar y que nos abracen, compartir buenos momentos, necesitamos que nos besen, que nos digan cosas bonitas, que nos regañen cuando nos portamos mal, que nos enseñen, que nos hagan hacernos preguntas. Necesitamos dormir entrelazados con alguien en la oscura noche... para darnos calor, para compartir placeres, para no sentir miedo.





El amor romántico es un producto cultural de la Humanidad, pero también es una forma de organizarse social y afectivamente en dúos. Así pues, tiene una dimensión política, pero también una dimensión religiosa y espiritual. Los amantes se escapan de la realidad a través del amor mitificado e idealizado: es una especie de droga que nos envuelve en caricias, jadeos, gemidos, susurros y gritos, sangre, sudor, semen y fluidos.  

El romanticismo hace aflorar la buena gente que llevamos dentro,  y cuando nos ponemos románticos, suelen invadirnos sentimientos muy hermosos: altruismo, generosidad, entrega, ilusión, felicidad intensa. Es muy común que hasta los más egoístas, cuando se enamoran, derrochen alegría y recursos: nos entregamos plenamente para hacer que el amado o la amada sean felices, para hacernos deseables, para mostrar nuestra mejor cara. 

Sin embargo, el amor romántico también potencia nuestro lado oscuro: el egoísmo, el miedo y las inseguridades, los complejos, los deseos de venganza y dominación, la crueldad extrema. Cuando sufrimos, cuando se portan mal con nosotros, cuando nos portamos mal con alguien: el amor romántico nos muestra la peor cara de nosotros mismos, nuestro lado más sombrío e inconfesable. Además, el amor nos sirve de excusa para justificar mezquindades como violar la intimidad de la otra persona, o barbaridades como matar a tu esposa en un ataque de celos. 






Los seres humanos nos relacionamos en base a intereses personales, jerarquías y luchas de poder. Nuestra estructura de relación está basada en el esquema de la sumisión-dominación, y debido también a la diversidad y complejidad de las emociones humanas, nos es muy difícil relacionarnos de un modo igualitario y horizontal entre nosotros. De ahí que sean tan comunes las guerras románticas, y que sigamos asociando el amor al dolor y al sufrimiento extremo.

Las relaciones eróticas o románticas pueden ser un paraíso o un infierno... pese a que la pasión está sublimada en nuestra cultura, la realidad es que sufrimos terriblemente por amor, y que eso nos hace muy infelices. Los problemas que más nos afectan en la vida, aparte de los económicos, son los emocionales: las relaciones con nuestra pareja, con nuestros padres, con nuestros hijos, con los compañeros del trabajo... No es fácil quererse en una sociedad tan individualista y competitiva como la nuestra. 


El "capitalismo romántico" es la base de nuestra cultura amorosa, construida según los principios y valores del sistema económico y político en el que vivimos. Por eso configuramos nuestras relaciones en base a la propiedad privada (yo soy tuya, tú eres mío) y en base a la acumulación (medimos la virilidad, por ejemplo, en base al número de mujeres que un hombre puede conquistar, al estilo de Don Juan). 

La industria del amor romántico, por ejemplo, es un motor que mueve nuestra economía, dado que invertimos muchísimos recursos en encontrar pareja, en formalizar y celebrar las uniones, en pedir a profesionales que nos ayuden a mantener la pareja, o que nos ayuden a separarnos. Entre los regalos que nos hacemos en las bodas y aniversarios, y la creación de niditos de amor, son muchas las empresas que se benefician de este inagotable negocio. Ganan las iglesias, las joyerías, los salones de boda, las agencias de viaje de novios, las tiendas de ropa nupcial, las floristerías, las orquestas de música, las agencias matrimoniales, los gabinetes de psicólogos, los bufetes de abogados, y las inmobiliarias. 


Además, amamos patriarcalmente, es decir, nos relacionamos desde las jerarquías y la desigualdad, porque en nuestra cultura nos hacen creer que hombres y mujeres somos radicalmente diferentes pero a la vez complementarios. El Romanticismo patriarcal consiste en que nos relacionamos en base a jerarquías de afecto (las mujeres podemos ser la señora esposa/la otra/la puta, los hombres pueden ser esposos, amantes/clientes), y a los privilegios de género que nos sitúan a unas por debajo de los otros. Nuestro modelo amoroso por excelencia es heterosexual con una clara orientación reproductiva, pues la homofobia es el mayor distintivo del patriarcado, que cree que el placer es pecado, y más grave en el caso de las mujeres. 


Las mujeres sufrimos de dependencia emocional aguda y los hombres se declaran en estado de crisis transitoria. Unas sufrimos las contradicciones entre los discursos de la posmodernidad y las estructuras emocionales arcaicas que heredamos de nuestras abuelas. Los otros reivindican su derecho a deshacerse de todos sus privilegios de género y de las cargas patriarcales que llevan siglos oprimiéndolos. Unas se aferran a la feminidad tradicional, otros al ominpresente modelo de macho alfa. Unos se declaran disidentes del género, gente rara, gente queer, y otros desean heteronormativizarse, y en el camino, las relaciones son más apasionantes que nunca, porque estamos todos desorientados y hace falta innovar a la hora de juntarse con alguien. 


Es más fascinante construir de cero estructuras amorosas para el disfrute que seguir con las antiguas, porque resultan un tanto sadomasoquistas. Esta cosa del placer del sufrimiento inserta en nuestra cultura cristiana,  que nos hace creer que para amar de verdad hay que sufrir, que si no se tienen celos no se ama de verdad, que hay que llorar mucho para rozar el amor verdadero, que la pasión está basada en el conflicto eterno y sostenido

Por eso nos creemos que no hay pasión sin sufrimiento y por eso nos gusta vivir el dramón como en las mejores telenovelas. Nos embarcamos en relaciones tormentosas y en eternas luchas de poder entre nosotros porque no sabemos construir relaciones sanas, bonitas, libres e igualitarias. Nuestra cultura mitifica la violencia pasional y por eso nos creemos el rollo de que "los que más se pelean son los que más se desean", o "quien bien te quiere te hará llorar". Nos dicen también, que el odio es lo mismo que el amor, por eso el amante tiene todo el derecho del mundo a tratar mal al que ya no le ama, y emplear toda la violencia que necesite para desahogarse.


En la cultura amorosa occidental existe un tipo de justicia romántico- patriarcal según la cual unos son los buenos y otros son los malos. Unas personas son las víctimas, y otras las culpables (todas aquellas personas que rompen el pacto de fidelidad monogámica, o aquellas que aunque juraron amor eterno, no pueden cumplirlo y desean separarse del amado o la amada). y de esta manera, no somos libres ni para unirnos, ni para separarnos, bajo la posibilidad de que nos denuncien publicamente por "alta traición".

En las redes abundan ejemplos de esos amores horribles basados en los celos o en la misoginia, amores horribles que fomentan el narcisismo, el egocentrismo y el reproche amargo. Esos inocentes cartelitos, me temo, llegan al extremo de promover esa terrible relación entre el amor romántico y la violencia de género. Los medios siguen mitificando las patologías del amor romántico que generan tanto sufrimiento, sobre todo en el cine o en los telediarios, que siguen presentándonos los asesinatos a mujeres como crímenes pasionales. 

Nos sentimos demasiado solos y solas en la posmodernidad individualista, y muchos son como yonkis del amor que no pueden evitar esa adicción a las emociones fuertes. La magia del amor, sin duda, es una droga demasiado potente que nos coloca en estados de éxtasis y de dolor, pero que también sirve para que todo siga como está.



El amor perjudica seriamente la igualdad porque está basado en la división tradicional de roles, de manera que dependamos unos de otros para sobrevivir. Para reforzar las relaciones basadas en la dependencia mutua, nuestra cultura se ha inventado el mito de la heterosexualidad, el mito del matrimonio por amor, el mito de la monogamia, y todos los demás mitos románticos como la media naranja, el amor eterno, el príncipe azul y la princesa rosa.... 


Todos estos mitos románticos existen porque necesitamos modelos de héroes y heroínas mitificados, y para que adoptemos ciertos patrones emocionales y ciertas estructuras de relación que están muy marcadas por la doble moral. La doble moral consiste en que nos creamos que las mujeres somos monógamas e inapetentes sexuales y los hombres son, por naturaleza, promiscuos y con una gran potencia sexual. A pesar de ello, a las mujeres se nos sigue castigando duramente, restringiendo nuestra libertad de movimientos y nuestro derecho al amor,  y se nos sigue confinando en espacios domésticos porque en nuestra sociedad las mujeres libres representan toda la carga cultural del ancestral miedo masculino a la potencia sexual femenina. 


El amor, entonces, posee una dimensión política y económica que configura nuestras emociones y sentimientos, nuestro deseo y erotismo, nuestras formas de convivencia, nuestra cotidianidad. Aprendemos a amar a través de la cultura, aprendemos qué formas de relación son las aceptadas por nuestra sociedad, qué formas de amar están prohibidas o mal vistas, aprendemos a formar dúos de amor, e imitamos los modelos amorosos que nos proponen la publicidad, el cine y los medios de comunicación, por eso todos y todas deseamos un amor de Coca-Cola.








La construcción cultural del amor romántico de nuestras sociedades está basada en  modelos muy limitados, en realidad es siempre el mismo esquema narrativo: dos personas heterosexuales jóvenes y blancas que se aman pero no pueden estar juntos por diversos motivos. El lucha contra los obstáculos y los enemigos, ella espera pacientemente. Y cuando él triunfa, acaban juntos y viven felices para siempre. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Aunque sabemos que otros finales Disney son posibles, y que la realidad es mucho más diversa y colorida de lo que nos cuentan. 


Basta con echar un vistazo a los índices de divorcios, re-casamientos, infidelidades;  asomarse a las carreteras repletas de puticlubs, y bucear un poco en Internet para observar la cantidad de gente que busca amor a través de las redes sociales. Son millones los que se apuntan a plataformas de ligue virtual, a grupos de sadomasoquismo y bondage, a blogs de parejas swinger, a colectivos de poliamor, a foros de gente rara, queer, friki con gustos sexuales particulares, como los que tienen relaciones de amor sin sexo, o relaciones sexuales sin amor. 


Del amor se ha escrito mucha literatura, pero la ciencia no le ha prestado la atención suficiente hasta hace bien poco, pueden leer sobre el tema en "El amor romántico desde una perspectiva científica: ¿por qué y para qué estudiar el amor?". Las relaciones de parentesco, por ejemplo, se estudian mucho más que las relaciones de pareja, y el reflejo salivar condicionado mucho más que las emociones que nos sacuden por dentro y nos descolocan la vida. 


Nos enseñan educación sexual para protegernos de enfermedades, pero no nos ofrecen educación emocional para aprender a gestionar la ira, la pena, la euforia, la esperanza, el dolor o el miedo. Para eso está el cine con sus mitos románticos: aprendemos de historias de amor como Dirty Dancing o Avatar


Y con estas películas aprendemos, de paso, como son o deben ser las mujeres, como son o deben ser los hombres, y nos convertimos en soñadores de la utopía romántica posmoderna, que nos promete la salvación y la obtención del estado anímico ideal: la felicidad. 


El amor es un tema que va cobrando cada vez más importancia conforme ahondamos en las teorías de género, abandonamos el pensamiento binario, vamos más allá de las etiquetas que nos discriminan, dejamos de pensar en conceptos absolutos como verdad, objetividad, normalidad. Ya sabemos que el tiempo es relativo, que las emociones son parte de nuestro cerebro racional, y aprendimos hace décadas que lo romántico es político. 



Conclusiones


El único camino viable hoy para despatriarcalizar el amor y descapitalizarlo, creo, pasa por nuestra capacidad para dejar de idealizar las utopías románticas. Para poder construir relaciones bonitas que nos hagan medianamente felices, creo que es fundamental trabajar el apego y el miedo a la soledad. Es necesario cuestionar la división tradicional de roles, subvertir los estereotipos, desmontar los mitos del romanticismo decimonónico, y diversificar afectos


No solo en el ámbito de lo erótico, sino también en el campo de las emociones, es preciso liberar al amor de la necesidad y las dependencias. Liberarlo de sus cadenas represivas (esas normas no escritas sobre con quién se puede tener relaciones y con quién no), ir más allá de la pareja como única fuente de amor, y deshacernos del imperio de la heteronormatividad porque las personas nos queremos, más allá de nuestra masculinidad o feminidad, más allá de las etiquetas hetero/homo, más allá de lo que las  religiones y las industrias culturales nos venden como modelo ideal. 


Considerando que todas nuestras necesidades de afecto y compañía no pueden ser cubiertas por una sola persona, es preciso expandir el amor, poder disfrutar de los seres queridos y romper con el aislamiento y el anonimato que impone la vida urbanita posmoderna. Nos sentimos solas y solos cuando no nutrimos nuestras redes sociales o cuando estas son únicamente virtuales. Por eso creo que hay que volver a crear, o bien reforzar, las redes de solidaridad y ayuda mutua. Expandir el cariño al vecindario, organizarse para mejorar la calidad de vida de todos y todas, no solo la propia. Para ello tenemos que derribar los estereotipos que nos discriminan, acoger la diferencia como algo enriquecedor, dejar de pensarnos en dicotomías (nosotros/ellas, los unos/las otras, los blancos/los negros, los de dentro/los de fuera). 


Es importante que desde la cultura podamos trabajar para crear otros patrones emocionales, que podamos contar otras historias más reales y por tanto más diversas, que podamos inventar otros modelos y personajes más complejos y menos polarizadosEs importante también trabajar contra la desigualdad que genera violencia, y liberar a nuestro cuerpo y sexualidad de  la tiranía de la belleza y de las estructuras de pecado que nos oprimen. 


Estoy convencida de que solo desde la libertad podremos querernos y hacernos la vida más fácil. Solo desde la alegría de vivir podremos construir relaciones de disfrute y de cariño colectivos que nos hagan sentir menos solos y solas. 


Un día que me puse muy optimista se me ocurrió el ensayo "El futuro es Queer" y en otro ataque de alegría me escribí el "Manifiesto de los Amores Queer". 


Otras veces pienso que hace falta siglos para poder lograr liberar al amor del miedo y del patriarcado, y del interés económico. Me digo entonces que a pesar de lo complicado que es entender el amor, a pesar de la contradicción que existe entre nuestra necesidad de independencia y la necesidad de compañía, a pesar de lo mucho que sufrimos "por amor",  lo importante es que lo estamos intentando


Ya somos muchas las personas que estamos leyendo, reflexionando, cuestionando y debatiendo acerca de nuestras emociones y nuestras formas de relacionarnos. Ya somos muchas las que estamos trabajandonos el patriarcado inserto en nuestros sentimientos, las que apostamos por la creación de nuevas formas de convivencia social, más pacíficas y amorosas, que nos hagan sentir que pasar un ratito por este mundo ha merecido la pena. Está en nuestras manos trabajar unidas por un mundo mejor, sin batallas de género, orientación sexual, raza o clase social. Solo con  mucho amor podremos disfrutar de la vida, y construir relaciones mas bonitas, sanas e igualitarias, basadas en redes de ayuda mutua y solidaridad. 

Si, se puede disfutar del amor!


2 de febrero de 2012

Postpornografía: más allá del patriarcado







 “Produzco y aparezco en pornografía porque quiero devolverle al  cine para adultos los cuerpos naturales, el sexo real  y la verdadera química. Quiero que la atención esté puesta en los orgasmos reales y en la conexión auténtica entre la gente teniendo sexo. Para mí producir porno no se trata de encontrara a la gente más hermosa y hacerlas desempeñar 
una serie de movimientos...”
Liandra Dahl


“No estamos simplemente viendo “sexo”, estamos viendo el trabajo humano que contribuye a la construcción del placer” Linda Williams



“Perra”, repetida, deconstruida y vuelta a construir, funciona como una doble subversión identitaria: subvierte la representación de “perra”, retando sus impactos negativos, y subvierte las narrativas de identidad propuestas desde algunos feminismos regionales que, siguiendo sus propias estrategias, enuncian una identidad cimentada en los roles tradicionales de la mujer”. Teresa Garzón


“Yo no sé nada sobre por qué es tan excitante ver a otras personas follando y diciéndose guarradas. El caso es que funciona. El porno revela crudamente ese otro aspecto de nosotros mismos: el deseo sexual es una mecánica, nada complicada de poner en marcha. Y sin embargo, mi libido es compleja, lo que dice de mí no siempre me agrada, no siempre encaja con lo que a mí me gustaría ser. Pero puedo preferir saberlo, en lugar de esconder la cabeza y decir lo contrario de lo que sé de mí, para preservar una imagen social tranquilizadora”  
Virginie Despentes. 






El postporno es otra forma de hacer pornografía, de consumirla, de rodarla, de interpretarla. No se trata solo de admitir que las mujeres consumimos porno, sino también de abrir las puertas a un montón de mujeres que están haciendo porno, que están ofreciendo historias eróticas en las que el tratamiento de las imágenes, los roles sexuales, los estereotipos de género, las situaciones eróticas, sufren un proceso de deconstrucción. Mediante el arte de la palabra, el audiovisual o la acción directa, estas mujeres nos están ofreciendo porno alternativo, y nos muestran la pobreza de la represión sexogenital del porno tradicional. 

El debate está caliente en los foros, en las jornadas feministas, en los talleres de postporno, porque unos adoran esta nueva expresión artística, otr@s le acusan de ser poco eróticas, otros la rechazan por considerar que no son muy diferentes del porno tradicional. Aun existe un amplio sector del feminismo y de la izquierda que rechaza la pornografía y el postporno porque consideran que son producciones destinadas al consumo de imágenes de cuerpos explotados por el capitalismo y el patriarcado.

Artistas, teóricas, activistas, escritoras, filosofas como Itziar Ziga, María Llopis, Diana J. Torres, Beatriz Preciado, Erika Lust, Annie Sprinkle, Virginie Despentes, entre otras, han decidido pasar de la negación a la acción, y están rompiendo límites, probando nuevas formas de contar historias, explorando y deconstruyendo, en la teoría y en las sesiones de performances,  el deseo patriarcal. 

Y es que afirman que la batalla contra el patriarcado está en el cuerpo, por ello inciden en la necesidad de apropiarse del cuerpo y del porno, para investigar nuevos códigos eróticos y sexuales. Con poco presupuesto y mucha imaginación, estas artistas rompen, en sus actuaciones en directo, con la represión de la genitalidad, de la reproducción, de la heterosexualidad. 

En lugar de limitarse a atacarlo, han decidido ponerse a trabajar, ofreciendo no sólo una crítica, sino nuevas producciones audiovisuales, nuevos marcos teóricos, nuevas formas de erotizar nuestra mirada, nuevas propuestas cuyos objetivos finales son: 
- la reivindicación del deseo femenino (y nuestro derecho a trabajar delante y detrás de la cámara), 
- romper con la hegemonía del porno patriarcal, abriendo nuevos mercados,  
- y diversificar los contenidos de una industria poderosísima que muchos consumen, y pocos reconocen consumir. 

Así que el postporno no solo es una producción artística o una posición teórica, también es un movimiento social ligado a la lucha por la igualdad, y al movimiento queer. Sus activistas, mediante un proceso de apropiación del vocabulario y de las técnicas del porno, pretenden subvertir el orden del deseo y alterar la dinámica sumisión-dominación, para que el placer y el intercambio de roles se conviertan en juegos a los que tod@s podemos jugar sin miedo. 

Y es que el patriarcado habita en nuestros cuerpos, porque nos dirige el deseo,  construido desde una industria poderosa, mayoritariamente machista, racista, clasista, y repetitiva hasta el aburrimiento. Por eso estas artistas, filósofas, feministas, escritoras, dibujantes y cineastas se han puesto a la tarea de ofrecer nuevos horizontes, con un lenguaje subversivo y unas imágenes que nos ofrecen horrores, cuerpos alejados de los cánones estéticos habituales, bellezas diversas, fealdades naturales, cuerpos diferentes.

El postporno no solo se ofrece como objeto para ser contemplado, sino que interactúa en mucha mayor medida con el espectador o la espectadora, porque se hacen espectáculos en vivo, y talleres de construcción de dildos con productos reciclados. Creo que una de las cosas más interesantes del postporno es que no se dirige exclusivamente al hombre , sino que aspira a llegar a un público diverso en edades, razas, clases sociales, niveles culturales. 

Y otro aspecto interesante es que se atreve con los afectos. Erika Lust, por ejemplo, introduce sentimientos y emociones en sus películas, rompiendo con la radical separación entre películas de sexo y películas de amor. 

Lo interesante es que las activistas, además de rodar y escribir, organizan jornadas,  talleres participativos, conferencias, charlas, video-forums, libros, blogs, foros, performances y acciones directas en la calle. 

Lo maravilloso del postporno es que nosotras lo ideamos, lo proyectamos, lo reivindicamos, y lo ponemos en nuestro propio cuerpo. Aquí no hay distancia entre quien teoriza y quien practica”., dice Itziar Ziga para El Confidencial.


y para terminar una cita de Beatriz Preciado:

 "La sexualidad es como las lenguas. Todas podemos aprender varias"





Coral Herrera Gómez



Este artículo forma parte del libro: Amores Diversos, 
de la Colección Digital El Rincón de Haika: 












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Entrevistas

Beatriz Preciado en El País

Anna Sprinkel en DIAGONAL

Entrevista a Erika Lust





Otros artículos de la autora



Los Amores Queer en imágenes


Sexualidades alternativas: el BDSM




El miedo masculino a la potencia sexual femenina





Lo romántico es político, y el sistema no funciona.



                                                        Manifiesto de los Amores Queer






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