11 de agosto de 2010

CITAS SOBRE EL AMOR








“De todas las emociones, no hay niguna tan violenta como el amor”, Cicerón.

“Enamoraté y buscarás tu perdición”, dice un proverbio chino.

“Se enamoran los intrépidos”, Bayard Taylor, escritor nortamericano.

“Amamos a las mujeres en la medida en que nos resultan extrañas”. Baudelaire.

“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”. Carmen Martín Gaite, escritora española.

“El hombre celoso no es el amante que ama; es el propietario que se enfada”.
Mme. Staël

“Raras son las mujeres que no han soñado con el “gran amor”, raras las que, en un momento u otro de su vida, no han expresado su amor por el amor. En la mujer se confirma una necesidad de amar más constante, más dependiente, más devoradora que en el hombre”. Lipovetsky

“Dejarse dar, acoger lo desconocido, es, en realidad, la prueba de fuego del amor, que es algo que interesa y ha interesado más a las mujeres que a los hombres”. María Milagros Rivera Garretas

“El amor está por inventar”, decía Rimbaud.

«Engañarse respecto al amor es la pérdida más espantosa, es una pérdida eterna, para la que no existe compensación ni en el tiempo ni en la eternidad» Kierkegaard

“Cuando un hombre que está vivo te hace llorar, hay que dejarlo. Sólo se llora por los amantes muertos”. Clara Obligado

«Lo que el amor tiene de admirable es que el servicio que nos hacemos nosotros mismos al amar, se lo hacemos también al otro amándolo; más aún, se lo hacemos por segunda vez dejándonos de amar» Jean Guitton



“Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor”. Joaquín Sabina (1949-?) Cantautor y poeta español.


“Las costumbres no permiten en la mujer la pasión; sólo se les consiente el amor; quizá por eso amen tan totalmente”. Marguerite Yourcenar


"Cuando se exagera un sentimiento, desaparece la capacidad de razonar". 
Gustavo Le Bon (1841-1931) Psicólogo francés.



"El amor es la ocupación de los desocupados". Diógenes el Cínico.



5 de agosto de 2010

Los mitos del Amor Romántico









"La supervivencia de creencias míticas en nuestra forma de pensar la ciencia, el mismo arquetipo del antimito, debería invitar a nuestra curiosidad y exigir investigación. Los mitos que no se examinan, donde quiera que sobrevivan, tienen una potencia subterránea, afectan a nuestro pensamiento de formas de las que no somos conscientes y, en la medida en que nos falte esa consciencia, queda socavada nuestra capacidad para resistir a su influencia”. 

Evelyn Fox Keller, física, escritora y feminista estadounidense.




Qué son los mitos 

La palabra "mito" proviene del vocablo griego “mythos”, comúnmente interpretado en nuestra lengua como "narración" o "relato". Los mitos ayudaron a los seres humanos a explicar los fenómenos naturales y poseyeron siempre un poder de trascendencia, una dimensión emotiva, religiosa y espiritual que se expresaba simbólicamente a través de relatos. Platón y Aristóteles lo usarán como término opuesto a logos, que es el discurso razonado y objetivo. La palabra mythos en la Antigüedad, posee así unas connotaciones emotivas y ficcionales; los mitos eran explicaciones del mundo no racionales, y por tanto no servían para explicar la realidad ni para acceder al conocimiento, aunque ni Platón ni Aristóteles consiguieron elaborar su Filosofía sin recurrir a ellos.


Eros y Psique

Entre todas las definiciones que hemos encontrado, nos parece que la definición de Carlos García Cual es una de las más eficaces y concretas: “Mito es un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano. (…) El relato mítico tiene un carácter dramático y ejemplar. Se trata siempre de acciones de excepcional interés para la comunidad, porque explican aspectos importantes de la vida social mediante la narración de cómo se produjeron por primera vez tales o cuales hechos”.

Por su parte, Karen Armstrong (2005) afirma que los mitos más impactantes tratan sobre situaciones límite y nos obligan a ir más allá de nuestra experiencia. Tratan de lo desconocido; su función es ayudarnos a hacer frente a los conflictos humanos. En este sentido, los mitos han sido la base de todas las culturas humanas, porque han otorgado a la sociedad modelos de conducta y actitudes, han ofrecido héroes y heroínas que superaban situaciones difíciles con valentía, inteligencia, astucia o estrategias. En los orígenes, ayudaban a las personas a encontrar su lugar en el mundo y su verdadera orientación, porque ayudan a saber de dónde venimos (mitos sobre antepasados), a dónde vamos, y también ayudan a explicar esos momentos sublimes en que nos sentimos transportados más allá de nuestras preocupaciones prosaicas.

Todas las mitologías hablan de un mundo paralelo al nuestro; es una realidad invisible pero más intensa que a veces se identifica con el mundo de los dioses. A esta creencia se la ha llamado “filosofía perenne” porque ha impregnado la mitología y la organización ritual y social de todas las sociedades antes del advenimiento de nuestra modernidad científica, y todavía hoy sigue influyendo en las sociedades tradicionales. Los mitos explicaban cómo se comportaban los dioses para permitir a hombres y mujeres imitar a esos seres poderosos, y así experimentar ellos también la divinidad.

Armstrong cree también que el mito es una guía, que transmite un código ético y que, además, ha configurado la base de todas las religiones. En el caso de las religiones monoteístas como la cristiana, la musulmana y la budista, todas se han forjado a partir del mito del viaje heroico, que nos explica qué tenemos que hacer si queremos convertirnos en seres humanos completos: “El héroe tiene la sensación de que en su vida o en su sociedad falta algo. Por eso abandona el hogar u emprende peligrosas aventuras. Lucha contra monstruos, escala montañas inaccesibles y atraviesa oscuros bosques, y mientras su antiguo yo muere y el héroe descubre algo o aprende alguna habilidad que después transmite a su pueblo. (…) El mito del héroe está tan arraigado que hasta la vida de figuras históricas como Buda, Jesús, o Mahoma se cuenta siguiendo ese esquema arquetípico probablemente forjado en la era paleolítica”.

El mito, pues, ha estado siempre asociado a la experiencia de lo trascendente, inherente a la condición humana. Los humanos necesitan irrupciones en la rutina y la realidad de la vida cotidiana para trascenderla, para experimentar otras dimensiones temporales gracias a la intensidad de lo vivido. Siempre han necesitado esos mecanismos de escape que les sitúen en otra realidad, que les arrebaten, que les hagan entrar en éxtasis o en trance para sentir que pueden superar el aquí y el ahora.




 El beso de Rodin

Joseph Campbell (1964) afirma que una de las funciones del mito es apoyar el orden social en vigor, para integrar al individuo. Según él la función social de una mitología y de los ritos que la expresan es fijar en todos los miembros del grupo en cuestión un “sistema de sentimientos” que habrá de unirle espontáneamente a los fines de dicho grupo. Kirk (1990) cree que los mitos surgieron como trucos narrativos que utilizaron los humanos para socializar a los niños y facilitar su integración psíquica en la sociedad. Son, desde este punto de vista, narraciones contra el terror que provoca lo desconocido, explicaciones del mundo que guían a los humanos en sus primeras fases de socialización.


Los mitos, sin embargo, no han permanecido invariables; cambian con las culturas, se adaptan a nuevas realidades socioeconómicas y políticas que se consolidan gracias al apoyo del sistema simbólico y mitológico creado para sustentarlo. En Occidente, pese al proceso de desacralización de la sociedad característica de la posmodernidad, los mitos siguen cumpliendo estas funciones, aunque con variaciones.





Denis De Rougemont (1939) cree que necesitamos los mitos “para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ellas todas sus fuerzas. (…) La oscuridad del mito nos permite, así, acoger su contenido disfrazado y gozar de él con la imaginación, sin tomar una conciencia lo bastante clara para que estalle la contradicción”. El mito expresa esas contradicciones y actúa en todos los lugares “en que la pasión es soñada como un ideal y no temida como una fiebre maligna”. También en los lugares en que la fatalidad es requerida, imaginada como una bella y deseable catástrofe.




Tristán e Isolda




Los mitos amorosos


El principal mito que encontramos en el romanticismo es la frase que concluye los relatos de amor: “y vivieron felices, y comieron perdices”. La estructura mítica de la narración amorosa es casi siempre la misma: dos personas se enamoran, se ven separadas por diversas circunstancias, obstáculos (dragones, bosques encantados, monstruos terribles) y barreras (sociales y económicas, religiosas, morales, políticas). Tras superar todos los obstáculos, la pareja feliz por fin puede vivir su amor en libertad. Evidentemente, como mito que es, esta historia de obstáculos y superaciones está atravesada por las ideologías patriarcales, que ponen la misión en manos del héroe, mientras que la mujer espera en su castillo a ser salvada: él es activo, ella pasiva (el paradigma de este modelo es la Bella Durmiente, que pasó nada más y nada menos que CIEN!!!!! años dormida esperando a su príncipe).






Y es que los dos principales mitos del amor romántico son el príncipe azul y la princesa maravillosa, basados en una rígida división de roles sexuales (él es el salvador, ella es el descanso del guerrero) y estereotipos de género mitificados (él es valiente, ella miedosa, él es fuerte, ella vulnerable, él es varonil, ella es dulce, él es dominador, ella es sumisa). Estos modelos de feminidad y masculinidad patriarcal son la base de gran parte del dolor que experimentamos al enamorarnos y desenamorarnos, porque se nos vende un ideal que luego no se corresponde con la realidad.



Principalmente porque todos somos fuertes y frágiles, activos y pasivos, dominadores y sumisos; pero curiosamente nos encajonamos en unas etiquetas que determinan nuestra identidad, sentimientos, actitudes y comportamiento para toda la vida. Estas etiquetas nos dan una seguridad (soy el abuelo en la familia, soy el profesor en la escuela, soy la esposa complaciente, soy la ejecutiva agresiva, soy el adolescente problemático, soy el chico romántico, soy la joven alocada, soy el jefe tiránico…), pero nos quitan libertad para reinventarnos, para cambiar, evolucionar o aprender nuevas formas de relacionarnos. La pareja, por ejemplo, es una categoría social mitificada como el lugar donde hallar gozo, paz, calma, tormento, alegrías, estabilidad, bajo la promesa de la fusión total. Son muchos los enamorados y enamoradas que desean levantar cuanto antes su amor sobre la estructura sólida de la pareja feliz, un mito que ayuda a concluir los relatos y que se presenta como el paraíso sentimental gracias al cual evadirnos de esta realidad.

Hasta ahora la feminidad pasiva ha sido mitificada en los relatos para tranquilizar a los machos y suavizar su ancestral miedo a las mujeres, por un lado, y para ofrecer modelos de sumisión idealizada a las mujeres, por otro. Muchas de las mujeres de las culturas patriarcales han sido educadas para asumir en muchos casos el rol de mujer fiel cuya máxima en la vida no es alcanzar la libertad (deseo masculino por excelencia), sino el amor a través de un hombre (lo que se supone que es normal en las mujeres).






La princesa del cuento es una mujer de piel blanca y cabellos claros, rasgos suaves, voz delicada, que se siente feliz en un ámbito doméstico (generalmente un lujoso palacio, al cuidado de sus padres) y cuyas aspiraciones son muy simples: están siempre orientadas hacia el varón ideal de sus sueños. La princesa es leal a su amado, lo espera, se guarda para él, como hiciera Penélope durante más de veinte años esperando a Ulises. La princesa encontrará su autorrealización en el gran día de su vida; la boda con el príncipe. La princesa es una mujer discreta, sencilla, llena de amor y felicidad que quiere colmar de cuidados y cariño a su esposo y que además le dará hijos de cuya paternidad podrá estar seguro. Es una mujer buena frente a las mujeres malas, aquellas representadas como seres malvados, egoístas, manipuladores, caprichosos, insaciables, débiles y charlatanes. Las malas disfrutan pasionalmente del sexo, pero a pesar de que atraen a los hombres por su inteligencia y sus encantos, no ofrecen seguridad al macho, que casi nunca las eligen para ser princesas ni les piden matrimonio. Son tan atractivas como peligrosas, por eso evitan enamorarse de ellas, como fue el caso de Ulises con Circe.








El príncipe azul es otro mito que opera en el imaginario femenino porque se nos ofrece siempre como figura salvadora, del mismo modo que Jesucristo o Mahoma salvaron a la Humanidad de sus pecados. Notesé que Eva es la mujer mala por cuya curiosidad y desobediencia los seres humanos fuimos condenados al dolor y la muerte. Sólo un Hombre como Jesús podía venir a salvarnos; pero ni con su muerte logró que su padre nos perdonase.

Jesús es un hombre bueno y valiente que cree en las causas justas y no le importa sacrificarse por ellas. Del mismo modo, el príncipe azul es un héroe porque pone la misión (matar al dragón, encontrar al tesoro, derrotar a las hordas malvadas, devolver el poder a algún rey, etc) por delante de su propia vida. El príncipe azul es un hombre activo, saltarín, espadachín, gran atleta, buen jugador, gran estratega, noble de corazón. Es joven, travieso, algo ingenuo; a las mujeres les derrite este modelo porque es un ser valiente y bueno que necesita campo para correr y que pese a su gallardía, es tierno y dulce en la intimidad. El príncipe se convierte en Hombre en todos los relatos, porque la aventura que vive es su rito de paso de la juventud a la adultez, dado que tiene que superarse a sí mismo para poder lograr su triunfo (el amor de la princesa rosa). Así podrá protegerla, enseñarla, amarla para siempre y hacerle muchos hijos.




Estos dos mitos de género y la mayor parte de los mitos amorosos surgieron en la época medieval; otros han ido surgiendo con el paso de los siglos, y finalmente se consolidaron en el XIX, con el Movimiento Romántico. De ellos nos quedan, según Carlos Yela García (2002), unos cuantos que configuran nuestras estructuras sentimentales en la actualidad:

Mito de la media naranja, derivado del mito amoroso de Aristófanes, que supone que los humanos fueron divididos en dos partes que vuelven a unirse en un todo absoluto cuando encontramos a nuestra “alma gemela”, a nuestro compañero/a ideal. Es un mito que expresa la idea de que estamos predestinados el uno al otro; es decir, que la otra persona es inevitablemente nuestro par, y solo con ella nos sentimos completos. El mito platónico del amor expresa un sentimiento profundo de encuentro de la persona consigo misma, “y su culminación es recuperar los aspectos que nos fueron amputados y de esa manera, recuperar nuestra propia y completa identidad. Es decir, poder ser todo lo que somos y lo más plenamente posible” (Coria, 2005). El mito de la media naranja sería una imagen ingenua y simplificada del mito platónico que intenta transmitir esa búsqueda de la unidad perdida, pero su principal defecto es, según Coria, que uno más uno termina resultando uno, lo cual es un grave error, no sólo aritmético, que es asimilado mayoritariamente por mujeres.

• Mito de la exclusividad: creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona. Este mito es muy potente y tiene que ver con la propiedad privada y el egoísmo humano, que siente como propiedades a las personas y sus cuerpos. Es un mito que sustenta otro mito: el de la monogamia como estado ideal de las personas en la sociedad.

• Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona: la propia pareja.

• Mito de la perdurabilidad (o de la pasión eterna): creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.

• Mito del matrimonio o convivencia: creencia de que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la (única) base del matrimonio (o de la convivencia en pareja). Esto nos crea problemas porque vimos que la institucionalización de la pasión, y el paso del tiempo, acaban con ella. Por eso nos divorciamos y buscamos nuevas pasiones que nos hagan sentir vivos, pero en seguida la gente vuelve a casarse, cometiendo el mismo error que la primera vez. El matrimonio en la Era de la soledad ha visto, así, aumentada su dimensión mitológica e idealizada: “La idolatría del matrimonio es la contrapartida de las pérdidas que produce la modernidad. Si no hay Dios, ni cura, ni clase, ni vecino, entonces queda por lo menos el Tú. Y la magnitud del tú es el vacío invertido que reina en todo lo demás. Eso significa también que lo que mantiene unido al matrimonio y a la familia no es tanto el fundamento económico y el amor, sino el miedo a la soledad” (Ulrick y Elisabeth Beck, 2001).

• Mito de la omnipotencia: creencia de que “el amor lo puede todo” y debe permanecer ante todo y sobre todo. Este mito ha sujetado a muchas mujeres que han creído en este poder mágico del amor para salvarlas o hacerlas felices, pese a que el amor no siempre puede con la distancia, ni los problemas de convivencia, ni la pobreza extrema.

Mito del libre albedrío: creencia que supone que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos de forma decisiva por factores socio-biológicos-culturales ajenos a nuestra voluntad.

El mito del emparejamiento: creencia en que la pareja es algo natural y universal. La convivencia de dos en dos ha sido, así, reificada en el imaginario colectivo, e institucionalizada en la sociedad.







Gracias a nuestra actividad racional, la Humanidad puede no solo construir mitos, sino también deconstruirlos, porque en ellos están insertos los miedos, las motivaciones, el sistema de creencias, los valores, la ética, los modelos a seguir y los deseos de los miembros de esa cultura. En el caso del romanticismo patriarcal, creo que es fundamental exponer las entrañas de sus mitos para poder acabar con la desigualdad y con el patriarcado a nivel narrativo, emocional e ideológico. Es importante mostrar la falsedad de esas idealizaciones que nos encajonan en unas máscaras sociales, que empobrecen nuestras relaciones y nos hacen sufrir porque chocan con la Realidad, generalmente menos bella y maravillosa que la fantasía amorosa.

La simplicidad de los estereotipos de género invisibiliza la amplia gama de modos de ser, de estar y de relacionarse que existen para hombres, mujeres y gente transgénero. Nos encierra en unos supuestos sobre lo que deberíamos ser, cómo deberíamos estar y sentir. De igual modo, los mitos amorosos crean unas expectativas desmesuradas que luego causan una intensa decepción, más hoy en día que no tenemos tolerancia al no; nos frustra todo enormemente porque nos ilusionamos con las promesas que nos venden en los relatos de la sociedad globalizada. El modelo de amor idealizado y cargado de estereotipos aprisionan a la gente en divisiones y clasificaciones perpetuando así el sistema jerárquico, desigual y basado en la dependencia de sus miembros en el que vivimos.




El beso de Gustav Klimt

Además, provocan dolor en la gente porque el amor no es eterno, ni perfecto, ni maravilloso, ni nos viene a salvar de nada. La utopía del amor romántico, con sus idealizaciones, es la nueva religión colectiva que nos envuelve en falsas promesas de autorrealización, plenitud, y felicidad perpetua. De ahí la insatisfacción permanente y la tensión continua entre el deseo y la Realidad que sufrimos los habitantes de la posmodernidad.

Y es que nos pasamos la vida sufriendo decepciones precisamente por estas “ilusiones” que nos invaden en forma de espejismo. Es cierto que nos ayudan a evadirnos, pero quizás estamos en un momento en el que deberíamos dejar de entretenernos y de escaparnos tanto de la Realidad que no nos gusta. La desigualdad, la pobreza, el hambre, las guerras, el engaño de políticos y empresarios a las comunidades, el destrozo medioambiental y la sensación de que nada es lo que parece (ni la democracia, ni la paz, ni los Estados) invaden los telediarios. Y mientras, las mujeres siguen esperando a su príncipe azul y los hombres a sus princesas virginales en un círculo vicioso que no se completa jamás, porque no existen y porque las personas somos infinitamente más complejas y contradictorias que los personajes planos de los cuentos patriarcales.

Lo lógico debería ser poder transformar los relatos, contar nuevas historias, cambiar los modelos idealizados que han quedado obsoletos, construir héroes y heroínas de carne y hueso, crear nuevos mitos que nos ayuden a construir unas sociedades más justas, igualitarias, ecologistas, cultas y pacíficas. Encaminar nuestros esfuerzos al bien común, trabajar para proponer otras realidades, luchar por construir otras nuevas en lugar de huir de lo que hay mediante paraísos emocionales y promesas de salvación individuales.



Coral Herrera Gómez






Presentación en imágenes: 






Este artículo forma parte del libro digital: 


"Los mitos del amor romántico en la cultura occidental." Los libros del Rincón de Haika









BIBLIOGRAFÍA




1. Armstrong, Karen: “Breve Historia del Mito”, Salamandra, Barcelona, 2005.

2. Asimov, Isaac: “Las palabras y los mitos”, Laia, Barcelonam, 1974.

3. Barthes, Roland: “Mitologías”, Siglo XXI, Madrid, 1º Edición En Francés, 1957, 10º Ed. En Español, 1980.

4. Beck, Ulrich, y Beck-Gernsheim, Elisabeth: “El normal caos del amor. Las nuevas formas de relación amorosa”, Paidós, Barcelona, 2001

5. Blanco Martín, Carlos Javier: “La reproducción del mito”. A parte rei, num 26.

6. Campbell, Joseph: “Las máscaras de Dios: Mitología occidental”, Alianza Editorial, 1964.

7. Coria, Clara: “El amor no es como nos contaron… ni como lo inventamos”, Paidós, Buenos Aires, 2005.

8. De Rougemont, Denis: “El amor y Occidente”, Editorial Kairós, Barcelona, 1976 (8 ed.).

9. Morin Edgar, Complejo de amor, Gazeta de Antropología, Nº 14, 1998, CNRS, París. http://www.ugr.es/~pwlac/

10. Sanpedro, Pilar: El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja

Revista Disenso, num 45, mayo de 2005


11. Yela García, Carlos: “El amor desde la psicología social. Ni tan libres, ni tan racionales”, Ediciones Pirámide, Madrid, 2002.


Artículos relacionados: 








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3 de agosto de 2010

Sexualidades alternativas: el BDSM



El BDSM es una sigla que describe prácticas de sexualidad no convencional, y que da nombre a lo que hoy en día es considerado como una subcultura específica, estrechamente asociada con la subcultura leather (1). El término BDSM aparece por primera vez en abril de 1991, como la yuxtaposición de dos abreviaturas contrapuestas, BD (Bondage y Dominación) y SM (Sadomasoquismo).

El BDSM tiene escasas décadas de vida y comienza cuando diversas asociaciones de activistas homosexuales sadomasoquistas de E.E.U.U. e Inglaterra tratan de crear un mismo espacio cultural para actividades hasta ese momento bien distintas, como la Dominación, el Bondage (2), el Fetichismo o el Sadomasoquismo.



A mediados de los 70 su libro de cabecera es Leatherman's Handbook de Larry Townsend, (1972). Durante este periodo, el movimiento conserva su vinculación con el mundo homosexual masculino, sin abrirse a los espacios hetero o de homosexualidad femenina y rechazando la idea de admitir a activistas switch entre sus filas (es decir, quienes se mueven cómodos en ambos roles, sumis@ y dominad@r). También rechazaban frontalmente la admisión de quienes considerasen las relaciones B/D y S/M como solo un juego.

A principios de los 80 el movimiento BDSM comienza a englobar también a la cultura heterosexual y lésbica, siendo promotores de ese sustancial cambio grupos como el colectivo lésbico Samois. A principios de los 90, comienza lo que hoy conocemos como el periodo de la New Guard (Guardia joven o nueva), que se caracteriza por la apertura hacía el mundo heterosexual y de la homosexualidad femenina, la aceptación del fenómeno switch (3), la inclusión de elementos de sensibilidad interior (dominación psicológica, relaciones D/S sin inclusión de rasgos sadomasoquistas, etc.), la aceptación de quienes practican el solo juego, y la participación activa de la mujer heterosexual en el asociacionismo BDSM (4).



Robert Bienvenu (1994) (5) , reputado conocedor de la temática y catedrático de Sociología en la Universidad de Indiana, Estados Unidos, expone una visión alternativa de la historia del BDSM, que él asienta sobre tres pilares: el fetichismo europeo de finales de los años 20, el americano (desde 1934), y el movimiento del cuero a partir de los años 50.

La comunidad internacional vinculada al BDSM viene poniendo especial énfasis en que las prácticas sean SSC, es decir Safe, Sane and Consensual (seguro, sensato y consensuado), término acuñado en 1983 por David Stein (6). Su ideólogo lo definió del siguiente modo:

Las relaciones BDSM deben seguir un modo seguro, sensato y consensuado respecto a sus prácticas:

* seguras, en cuanto al conocimiento necesario sobre su desarrollo y sobre el material usado, así como sobre la prevención de riesgos.

* sensatas, en cuanto a la capacidad razonable de decisión por parte de los actores, no alterada por drogas o bebidas y acorde con la experiencia de cada participante, sabiendo diferenciar fantasía y realidad.

* consensuadas, en cuanto a que los participantes estén de acuerdo sobre la forma e intensidad con la que se realicen, e igualmente que dicho acuerdo pueda rescindirse en cualquier momento.




Desde los años noventa surge un nuevo concepto, el Rack, que reúne en torno a su definición un elevado número de activistas. Rack es el acrónimo de Risk Aware Consensual Kink, que se traduce en la comunidad hispano parlante como riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa (o no convencional): Racsa.

El Racsa pone el acento en la responsabilidad propia de los participantes en una actividad BDSM, responsabilidad informada y consensuada para evaluar y asumir los riesgos. La mayor parte de los activistas de la escena adoptan actualmente la postura de señalar la definición SSC como adecuada para comunicarse con el mundo de la sexualidad convencional o vainilla, mientras que sostienen que el término Racsa define con mayor rigor y precisión las prácticas BDSM reales.

A partir de 1992, el BDSM agrupa una amplia diversidad de prácticas, aficiones e identidades sexuales. Actualmente, el BDSM aglutina como subcultura a individuos heterosexuales, a homosexuales de ambos sexos y a bisexuales, a cristianos practicantes y militantes, a agnósticos y a personas relacionadas con otras religiones o misticismos.




Lo curioso de estas prácticas es que están basadas en el respeto mutuo y posee un lenguaje propio y unos códigos de seguridad basados en palabras clave que aseguren el final de un encuentro sexual entre dominado y dominador cuando este no está siendo disfrutado por alguno de los dos. Para dejar claro el momento en que la protesta del dominado es real y para poder manifestar su deseo de no continuar, es preciso que el Dominante pueda percibir nítidamente este deseo y diferenciarlo de la escenificación del "¡no, no más!" que puede ser parte del juego sexual pactado.

La Palabra de Seguridad suele ser una palabra de rápida dicción y sonora como (“stop”, “tango”), o suele ser significativa para quien la debe recordar (por ejemplo el nombre de una persona familiar), etc. También puede usarse una palabra totalmente antierótica que rompa con el juego, como “getafe” o “reloj”. La ética del BDSM entiende que en todo momento la parte dominante respetará dicha manifestación e interrumpirá la actividad.

Esta forma de consenso supone una negociación previa a la sesión, en la que se establece el cómo, el cuándo y el grado de las actividades a realizar, la palabra de seguridad a emplear, etc. Pero también puede adoptar la forma de acuerdo menos elaborado, cuando existe amplia confianza por ambas partes. En estas performances en torno a los juegos de sumisión y poder, se entiende que quien realmente tiene el poder siempre es el sumiso o la sumisa, porque son ell@s quien paran el juego y establecen el límite del sufrimiento o la humillación que desean experimentar.





Sin embargo, dentro de la comunidad BDSM, existen otras formas minoritarias de contemplar el empleo de la palabra de seguridad, especialmente para los practicantes del metaconsenso. Para ellos, la parte pasiva o sumisa cede voluntariamente y previo consenso, la completa responsabilidad sobre el desarrollo de la sesión a la parte activa o dominante. En esos casos es la parte activa la que decide si interrumpir o no la sesión, lo que presupone (además del previo consenso) un elevado grado de confianza y conocimiento entre ambas partes. Por último, los activistas de la Old Guard rechazan el uso de la palabra de seguridad, por entender que es un límite no deseado en la entrega (7).

El metaconsenso es una forma evolucionada de consenso, propia de algunas relaciones BDSM muy avanzadas en el mutuo conocimiento y donde se producen situaciones de profunda confianza entre la parte sumisa y su dominante, además de suponer una amplia experiencia por parte de esta última. Pese a ello, muchas de las personas incorporadas al BDSM tras el periodo de la Old Guard, opinan que el metaconsenso es una práctica que conlleva importantes riesgos y la consideran, por tanto, en los límites de la comunidad.



Algun@s lo practican sólo en el espacio del sexo y otros lo aplican a su vida cotidiana; algun@s se cortan en presencia de amigos y familiares, y otros no. Una esclava puede serlo el 100% del día, o sólo en la cama. Los amos y las amas celebran fiestas, reuniones, encuentros a los que acuden con sus esclav@s para compartir este modo de relacionarse e intercambiar experiencias. Muchas parejas firman contratos de propiedad y sumisión para establecer las bases de las obligaciones y los derechos de ambas partes: http://www.contratodeesclavitud.blogspot.com/

Lo más increíble es que todo este mundo pertenece a la parte no visible de la sociedad; tu jefa o tu vecino del quinto pueden ser amos/esclavos y tú no darte ni cuenta. Pese a la variedad de prácticas BDSM, sus seguidores y seguidoras comparten una cierta estética y un elemento común: el consenso y la tolerancia adulta, bajo el lema: “Tu gusto no es el mío, pero me gusta que lo puedas practicar” (8). El colectivo BDSM se ha esforzado a lo largo de estas últimas décadas por proyectar una imagen más positiva y menos estereotipada de su estilo de vida, debido fundamentalmente a la imagen peyorativa que se tiene del movimiento sadomasoquista. Han tenido problemas con la legalidad según los Estados; actualmente se les considera raros o locos pero no peligrosos.

La visibilización de la filosofía y la estética BDSM a través de la cultura mediática, la publicidad e Intenet han contribuido a mejorar la imagen de estas ideologías sexuales alternativas, y a expandir un movimiento gracias al anonimato de la Red, y la proliferación de foros, blogs, vídeos, etc La cantidad y calidad de los contenidos va aumentando exponencialmente porque detrás hay todo un aparato teórico que defiende la normalidad de estas prácticas basadas en el libre albedrío de la gente que las practica.




Las organizaciones BDSM, tanto heteros, homos como pansexuales, han desarrollado y desarrollan un amplio espectro de actividades: informativas, formativas, defensa legal, promoción de eventos, talleres, investigación, etc. Son especialmente activas y reputadas en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Suiza, Austria, y Escandinavia. En esos países, sus estructuras son profundamente democráticas –pese a la jerarquización de roles en sus prácticas privadas– y con una sobreentendida tolerancia interna y externa, derivada del concepto unificador del consenso. No ocurre lo mismo en el área hispanohablante, donde no suelen existir organizaciones inscritas y registradas como tales, una situación que se extiende también a las zonas latinas y mediterráneas, salvo excepciones.

EL BDSM, como cultura de sexualidad alternativa, está ampliamente extendida pese a su invisibilización. En 1977 se publica el primer estudio realizado con técnicas empíricas modernas (9). Veinte años después, un informe realizado sobre universitarios americanos mostró que un 15% de los encuestados reconocían tener fantasías de tipo BDSM, porcentaje que llegaba al 21% en las estudiantes bisexuales y lésbicas (10).

En general, y dependiendo de la encuesta especifica, los datos ofrecen un porcentaje de entre el 8 y el 25% del total de la población euro-americana con un interés claro en las prácticas BDSM (11). Un estudio del Institut für rationale Psychologie realizado en 1999 llegó a la conclusión que entre un 65 y un 70% de las mujeres encuestadas deseaban ocasionalmente experimentar la sumisión sexual ante sus parejas, mientras que más de un 40% aceptaban relaciones claramente BDSM (Frankfurter Rundschau del 5 de noviembre de 2002). Una encuesta supranacional desarrollada en más de 40 países, cifró en un 20% de la población los que habían realizado prácticas de BDSM, desde suaves a severas (12).




En España, las encuestas realizadas sobre el tema no ofrecen unos ratios fiables, dado el escaso universo sobre el que se realizaron. Aun así, los datos de BDSM: Teoría y Práctica, 1996, presentan similitudes con los datos obtenidos en otras encuestas europeas: un 23 % de los hombres y un 19 % de las mujeres encuestadas admitía haber realizado algún tipo de práctica BDSM, mientras que un 33 y un 45 %, respectivamente, tenían fantasías BDSM. En cuanto a los roles, un 32% de los varones y un 11% de las mujeres que practicaban BDSM y escogieron un rol en la encuesta, se consideraban preferentemente dominantes, mientras que respectivamente un 33 % y un 72 % reconocían tendencias fundamentalmente sumisas. Un 23 % y un 9 %, respectivamente, afirmaban sentirse switch.




Una referencia cultural que nos puede servir para entender este movimiento es la película de Almodóvar “Pepi, Luci, y Bom, y las chicas del montón”, en la que Luci, la mujer de un policía, desarrolla su deseo masoquista y se va a vivir con Bom, una cantante sado de punk. El policía viola a Pepi, que desea vengarse de él a toda costa porque lo que pretendía era hacer un gran negocio con su virginidad. Pepi logra que Luci se vaya con Bom, con la que establece una relación sadomasoquista. Es muy famosa la escena en que Bom mea en la boca de Luci nada más conocerla; a lo largo de toda la película Alaska en el papel de Bom somete a Luci a todo tipo de humillaciones psicológicas y físicas, pero Luci acaba abandonándola y regresando al lado de su marido cuando el policía la propina una brutal paliza que la llevará al Hospital. Gracias a esa paliza, Luci se siente plenamente satisfecha al lado de un hombre cruel y violento; Bom y Pepi no pueden salvarla de ese monstruo que no ejerce el sado desde la performance o el juego, sino desde su condición de hombre patriarcal.

Con esta película, Almodóvar logra por un lado exponer las sexualidades transgresoras y el sadomasoquismo reprimido de las personas con un gran sentido del humor, y por otro lado denuncia la sexualidad hegemónica como una relación de dominación insana y violenta. Hoy en día, debido al avance del feminismo y a la concienciación ciudadana acerca del maltrato doméstico y la violencia de género, esta película no se encuadraría tampoco dentro de lo políticamente correcto, pues de algún modo supone una caricatura de la mujer que soporta los malos tratos de su hombre, y que además disfruta con ellos. Luci ha sido una mujer educada para ser sumisa, pero Almodóvar lo lleva al extremo: al final, Luci nos parece una mujer a la vez que patriarcal, enferma mental; pero en definitiva, es ella la que elige estar junto a un hombre violento. Pepi y Bom en cambio viven su sexualidad no patriarcal de una manera más lúdica y sana, y entienden el sadomasoquismo como un juego excitante y transgresor.





Coral Herrera Gómez

http://www.especialistaenamor.com/




Notas al pie

1 La subcultura leather (del inglés “cuero”) comprende prácticas e indumentos que se organizan con un fin sexual o erótico. Una de las maneras en las que el grupo se distingue de las culturas sexuales convencionales es mediante el uso de indumentos de color negro y artículos de cuero. http://es.wikipedia.org/wiki/Leather

2 El bondage es la práctica de encordamientos o ataduras sobre el cuerpo humano, con fines estéticos o sexuales. Es un anglicismo (de to bind) que asume a su vez la tradición del shibari, palabra japonesa para el arte del encordamiento. Puede conllevar la inmovilización de la persona pasiva, o no. Asimismo, puede incluir o no la sujeción de esta a un elemento fijo, la suspensión parcial o total, etc. Las cuerdas suelen ser de algodón, o fibras artificiales, pero también pueden ser de yute, paja de arroz, esparto, mezcla, etc. También se entiende de forma extensiva como bondage las inmovilizaciones con esposas, pañuelos, cadenas, etc. En Wikipedia.

3 Dentro de la terminología usada en la cultura BDSM, se denomina switch a la persona que gusta de ejercer ambos roles en sus relaciones, es decir el rol dominante o activo y el rol sumiso o pasivo, dependiendo del momento y de la otra persona con la que se relaciona en esa situación. http://es.wikipedia.org/wiki/Switch_(BDSM)

4 LeatherFolk, Thompson, 2001. Citado en "http://es.wikipedia.org/wiki/BDSM"

5 The Development of Sadomasochism as a Cultural Style in the Twentieth-Century United States, Robert Bienvenu, 1994. Citado en "http://es.wikipedia.org/wiki/BDSM"

6 Safe Sane Consensual: The Evolution of a Shibboleth, David Stein, 1999. Citado en "http://es.wikipedia.org/wiki/BDSM

7 Leatherman's Handbook, Larry Townsend, 1972. Citado en Wikipedia.

8 Brame, Gloria y otros, 1993.

9 Andreas Spengler, Manifest Sadomasochism of Males: Results of an Emperical Study, 1977

10 Elliott, Leland / Brantley, Cynthia, Sex on Campus, Random House, New York, 1997.

11 Janus, Samuel S. / Janus, Cynthia L.: The Janus Report on Sexual Behavior, Wiley, New York, 1993.

12 Durex Global Sex Survey, Encuesta 2005.



Como curiosidad, os transcribo los diez mandamientos del Spank , una práctica basada en el azote:

1. Mi compañero y yo siempre usaremos una palabra de seguridad mientras disfrutemos de una sesión, y lo haremos de forma "segura, sana y consensuada"

2. Mantendré mis instrumentos puIcramente limpios en todo momento. "Un instrumento, una persona". Así mismo revisaré periódicamente mis intrumentos para ver si se encuentran en perfecto estado para ser usados.
3. Me cercioraré de que Ias fronteras de nuestra sesión estén perfectamente claras y delimitadas. Habrán sido consensuadas previamente y no rebasaré los límites acordados.

4. Nunca azotaré ni con la mano, ni la vara ni ningún otro instrumento mentras estoy de mal humor o enfadado. Si no me encuentro de buen humor, no jugaré.

5. Cuidaré de mi spankee en todo momento para asegurarme de que ambos estemos bien y me comprometo a estudiar en que lugares puedo azotarle y en cuales no.

6. Siempre, y digo siempre, respetaré que un "No, significa NO". El castigo será de acuerdo a las necesidades, deseos y límites impuestos por la persona que voy a azotar.

7. Nunca azotaré a una persona que no lo consienta, niños y todos aquellos que se puedan encontrar bajo una situación de inferioridad.

8. Nunca beberé alcohol o tomaré drogas antes o durante una sesión.

9. Haré de cada azotaina una experiencia divertida, excitante, erótica y memorable.

10. Haré de cada azotaina una experiencia divertida, excitante, erótica y memorable.

Encontrado en: http://cometospk.blogspot.com/


Enlaces interesantes:

¿Por qué existen personas que encuentran placentera la humillación?

Convenios y contratos entre ams y esclavs

¿Somos distintas los amos y las amas?


Blogs de esclavas y sumisas:

http://venuslunabdsm.blogspot.com/?zx=8adda683e574ed39

http://miyosumisa.blogspot.com/

http://esclavasilvia.blogspot.com/2008/03/obligaciones-cotidianas.html




OTROS ARTÍCULOS DE LA AUTORA: 


El placer del sufrimiento


LOS AMORES SWINGER



Los amores sin sexo







                       Manifiesto de los Amores Queer










Libros de la autora: 


Narrativa Erótica: Cuentos de Poliamor

Bubok: 
2 euros versión digital
16 euros versión papel











Editorial Txalaparta, 2011.





























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