Google+ El rincón de Haika: 2007/07 Google+

27 de julio de 2007

Técnicas para ser feliz, según Freud



FREUD, SIGMUND: EL MALESTAR EN LA CULTURA, ALIANZA, 1970.

"Las tres fuentes del sufrimiento humano son: la supremacía de la Naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad. 0 El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; por fin, en las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de esta última fuente quizá nos sea más doloroso que cualquier otro. No nos extrañe, pues, que bajo la presión de tales posibilidades de sufrimiento, el ser humano suela rebajar sus pretensiones de felicidad. La reflexión demuestra que las tentativas destinadas a alcanzarlo pueden llevarnos por caminos muy distintos, recomendados todos por las múltiples escuelas de la sabiduría humana emprendidos alguna vez por el ser humano:


En primer lugar, la satisfacción ilimitada de todas las necesidades se nos impone como norma de conducta más tentadora, pero significa preferir el placer a la prudencia, y a poco de practicarla se hacen sentir sus consecuencias.


El aislamiento voluntario, el alejamiento de los demás, es el método de protección más inmediato contra el sufrimiento susceptible de originarse en las relaciones humanas. Es claro que la felicidad alcanzable por tal camino no puede ser sino el de la quietud.


El más crudo, pero también el más efectivo de los métodos destinados a
producir tal modificación es el químico: la intoxicación
. No creo que nadie haya comprendido su mecanismo, pero es evidente que existen ciertas sustancias extrañas al organismo cuya presencia en la sangre o en los tejidos nos proporciona directamente sensaciones placenteras, modificando además las condiciones de nuestra sensibilidad, de tal manera que nos impide percibir estímulos desagradables. Se atribuye tal carácter benéfico a la acción de los estupefacientes en la lucha por la felicidad y en la prevención de la miseria, que tanto los individuos como los pueblos les han reservado un lugar permanente en su economía libidinal. No sólo se les debe el placer inmediato, sino también una muy anhelada medida de independencia frente al mundo exterior. Los humanos saben que con ese “quitapenas” siempre podría escapar al peso de la realidad refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad. También se sabe que es precisamente esta cualidad de los estupefacientes la que entraña su peligro y su nocividad.


El sentimiento de felicidad experimentado al satisfacer una pulsión instintiva indómita, no sujeta por las riendas del yo, es incomparablemente más intenso que el que se siente al saciar un instinto dominado. Tal es la razón económica del carácter irresistible que alcanzan los impulsos perversos, y quizá de la seducción que ejerce lo prohibido en general.
Otra técnica para evitar el sufrimiento recurre a los desplazamientos de la
libido previstos en nuestro aparato psíquico y que confieren una gran flexibilidad a su funcionamiento. El problema consiste en reorientar los fines instintivos, de manera tal que eludan la frustración del mundo
exterior. La sublimación de los instintos contribuye a ello, y su resultado será óptimo si se sabe acrecentar el placer del trabajo psíquico e intelectual. Las satisfacciones de esta clase, como la que el artista experimenta en la creación, en la encarnación de sus fantasías; la del investigador en la solución de sus problemas, y en el descubrimiento de la verdad, son de una calidad especial.0 Y aun a estos escasos individuos no puede ofrecerles una protección completa contra el sufrimiento; no los reviste con una coraza impenetrable a las flechas del destino, y suele fracasar cuando el propio cuerpo se convierte en fuente de dolor.


La tendencia a independizarse del mundo exterior: el vínculo con la realidad se relaja todavía más; la satisfacción se obtiene en ilusiones que son reconocidas como tales, sin que su discrepancia con el mundo real impida gozarlas. El terreno del que proceden estas ilusiones es el de la imaginación, terreno que otrora, al desarrollarse el sentido de la realidad, fue sustraído expresamente a las exigencias del juicio de realidad, reservándolo para la satisfacción de deseos difícilmente evaluables. A la cabeza de estas satisfacciones imaginativas se encuentra el goce de la obra de arte. 0 La ligera narcosis en que nos sumerge el arte sólo proporciona un refugio fugaz ante los azares de la existencia y carece de poderío suficiente como para hacernos olvidar la miseria real.


Más enérgica y radical es la acción de otro procedimiento: el que ve en la realidad su único enemigo, fuente de todo sufrimiento, que nos torna intolerable la existencia y con quien es preciso romper toda relación si se pretende ser feliz en algún sentido. El ermitaño vuelve la espalda a ese mundo y nada quiere tener que hacer con él. Pero también se puede ir más lejos, empeñándose en transformarlo, construyendo en su lugar un nuevo mundo en el cual queden eliminados los rasgos más intolerables, sustituidos por otros adecuados a los propios deseos. Quien, en desesperada rebeldía adopte este camino hacia la felicidad, generalmente no llegará muy lejos, pues la realidad es la más fuerte. 0 Particular importancia adquiere el caso en que numerosos individuos emprenden juntos la tentativa de procurarse un seguro de felicidad y una protección contra el dolor por medio de una transformación delirante de la realidad. Las religiones de la humanidad también deben ser consideradas como semejantes delirios colectivos.


Otro método consiste en trasladar la satisfacción de los procesos psíquicos nternos, pero sin apartarse por ello del mundo exterior aferrándose por el contrario a sus objetos y hallando la felicidad en la vinculación afectiva con estos. Deja de lado la finalidad de eludir el sufrimiento sin prestarle atención para concentrarse en el anhelo primordial y apasionado del cumplimiento positivo de la felicidad. Me refiero a aquella orientación de la vida que hace del amor el centro de todas las cosas, que deriva toda satisfacción del amar y ser amado. 


Una de las formas en que el amor se manifiesta, el amor sexual, nos proporciona la experiencia placentera más poderosa y subyugante, estableciendo así el prototipo de nuestras aspiraciones de felicidad. Nada más natural que sigamos buscándola por el mismo camino que nos permitió encontrarla por vez primera. El punto débil es que jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor.


Otro caso interesante es el que la felicidad de la vida se busque ante todo en el goce de la belleza, dondequiera sea accesible a nuestros sentidos y a nuestro juicio, ya se trate de la belleza en las formas y los gestos humanos, en los objetos de la Naturaleza, los paisajes o las creaciones artísticas y científicas. 0 El goce de la belleza posee un particular carácter emocional ligeramente embriagador. La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y sin embargo, la cultura no podría prescindir de ella.


Conclusiones: el designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable; mas no por ello se debe –ni se puede- abandonar los esfuerzos por acercarse de cualquier modo a su realización. Al efecto podemos adoptar distintos caminos, anteponiendo ya el aspecto positivo de dicho, fin, (la obtención del placer), ya en su aspecto negativo (la evitación del dolor).


El ser humano cae en la neurosis porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura, deduciéndose de ello que sería imposible reconquistar las perspectivas de ser feliz eliminando o atenuando las exigencias culturales. 0 Nos negamos a aceptar el sufrimiento de origen social; no atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado no habrían de representar bienestar y protección para todos".



FREUD, SIGMUND: EL MALESTAR EN LA CULTURA, ALIANZA, 1970




Otras reseñas de libros en este blog: 



SER VARÓN


BATALLA NAVAL DE VALLEKAS, de Elisabeth Lorenzi

20 de julio de 2007

SER VARÓN




Bell, Donald H: Ser varón. Tusquets, Barcelona, 1987.

"Aunque podamos desear que nuestras relaciones con las mujeres se basen en conceptos como el de igualdad laboral y de ingresos, de paridad en la educación de los hijos y en las cuestiones domésticas, así como en una completa honestidad acerca de nuestros sentimientos y emociones, aún ponemos obstáculos a la verdadera igualdad y al compartirlo todo, especialmente si las cosas se nos ponen cuesta arriba. Todos llevamos a espaldas las alforjas llenas de experiencias masculinas que nos llevan a esperar de las mujeres una relación desigual y ventajosa. Por más que muchos hayamos experimentado importantes cambios en estos años recientes, en nuestras relaciones con las mujeres que amamos, todavía confiamos conseguir por consenso una posición privilegiada y dominante.

Mirra Komarovsky, socióloga de la Universidad de Columbia, en su excelente estudio: Dilemmas of Masculinity, señala que a menudo los varones desean tener relaciones con mujeres fuertes, “liberadas” e independientes, a la vez que quieren que estas mismas mujeres los traten con cariño y que presten un apoyo incondicional a sus necesidades y deseos masculinos. 0 

Muchos de los que hoy dicen desear relaciones con mujeres autosuficientes e independientes deben aún enfrentarse contra el ejemplo de la madre, contra el irreprimible sentimiento de que es la mujer quien debe encargarse de sus necesidades elementales.

Es importante hacer notar que la ambivalencia y la inseguridad a las que nos hemos referido bien podrían considerarse aspectos normales e incluso previsibles de toda experiencia contemporánea. En vez de negar tales emociones, es de capital importancia tener plena conciencia de ellas y del modo en que nos afectan. Es evidente que los sentimientos ambivalentes acompañan por propia naturaleza a todo proceso de crecimiento, a la vez que pueden ser entendidos como síntomas de salud más que como indicios de deterioro. Tales sentimientos debieran entenderse en la actualidad como síntomas de un dolor en aumento, propio del desarrollo de una masculinidad nueva y más plena que nos permite, al tiempo que sacar adelante nuestras ambiciones profesionales, expresar nuestras emociones y participar en la crianza de nuestros hijos. 

Nuestras sensaciones de inseguridad y resentimiento no nos convierten en seres sexistas o antifeministas. En realidad, probablemente sean índices de lo contrario, de que somos individuos que tratan de afrontar los cambios que tienen lugar en sus vidas. 0 Es probable que los hombres, en su intento por descubrir un nuevo concepto de la masculinidad, hayan de recorren un camino tan largo y áspero como el que recorrieron las mujeres.
Esto nos permite llegar a ser lo que podríamos calificar como "adultos autogenerados”, personas que ya no se definen por el mero patrón de las imágenes del pasado, sino que son cada vez más capaces de desarrollar sus propias creencias y modos de acción. Aunque en ocasiones nos veamos en abierta regresión hacia los estereotipos y las actitudes del pasado, ya no es posible confiar en ellos, y mucho menos en su función de indicadores de un comportamiento apropiado. 0 A pesar de las dificultades, tanto los hombres como las mujeres tienen hoy la oportunidad de hacer de sí mismos adultos autogenerados, individuos que ya no tienen por qué depender estrechamente de una serie de estructuras heredadas, sino que están por el contrario en condiciones de afianzar las suyas propias.

Todo esto no implica que hombres y mujeres estén en el camino de convertirse por fuerza en seres iguales, ni que a la postre vayamos a vivir en un mundo en el que las diferencias significativas entere uno y otro sexo vayan a desaparecer. 0 Estoy convencido, por lo que respecta a un futuro previsible, que no viviremos en un mundo construido por un patrón unisex. 0 Los hombres tendrán que luchar contra el antiguo concepto de la dominación y afrontar las cuestiones que nos han legado siglos y siglos en los que hemos detentado el poder y los privilegios. Lo que verdaderamente es importante es que los hombres de hoy seamos capaces de ensanchar nuestro repertorio de comportamientos posibles; que empecemos a superar los recelos que nos produce el tránsito a una masculinidad más y más definida por nosotros mismos; que veamos ese tránsito no ya como una pérdida, sino como una ganancia, y que lo contemplemos como un modo de poner en funcionamiento todos los recursos internos que aún no hemos explotado.

Son bien pocas las resoluciones que nos ayudarán a suavizar este tránsito. En primer lugar, compartir nuestros sentimientos y nuestras dificultades con aquellas mujeres que han adquirido relevancia en nuestras vidas. Los hombres nos hemos acostumbrado a confiar en las mujeres para darnos un masaje al ego. Nos hemos vuelto hacia ellas, por lo general, desde una posición de fuerza, lo cual, por irónico que resulte, nos ha empujado a sentirnos en estrecha dependencia de las mujeres, al menos en lo tocante a la confirmación de nuestra autoestima

Ahora, por el contrario, tal vez haya llegado el momento de compartir nuestros sentimientos desde unos presupuestos de completa igualdad. Ello nos posibilitará, a manera de contrapartida, el modo de no enseñorearnos de nuestra tendencia a la dominación masculina sobre nuestra compañera, de no confiar en ellas para renovar nuestra evanescente autoestima. 0 Para la mayor parte de nosotros, el escenario doméstico es el lugar donde podemos llegar a alcanzar plena conciencia de nosotros mismos en tanto nuevos especimenes, en tanto hombres capaces de traer a casa las lentejas y de cocinarlas allí. 

Otro paso consiste en el esfuerzo de ser más expresivos con otros hombres, pues tradicionalmente hemos sido muy reacios a compartir nuestros sentimientos con otros hombres, y ello sólo por temor a perder prestigio, por una autoconfianza muy masculina y exclusivista. Expresar nuestros sentimientos a nuestros amigos varones es algo que todavía requiere considerable esfuerzo, algo que depende en grado considerable del escenario en que nos encontremos. Por ejemplo, nos es difícil hablar en el trabajo o haciendo deporte en equipo; pero tomando unas cañas o por teléfono sí me siento capaz de conversar personalmente.

En el futuro que se alcanza a vislumbrar, no obstante, hombres y mujeres se sentirán probablemente obligados a mantener una estructura de trabajo dual tanto por razones económicas cuanto por lograr una sensación de éxito mutuo. 0 Deberíamos estar preparados para librar los combates necesarios para poder disfrutar lo mejor de ambas esferas, la laboral y la vida privada, sin vernos nunca obligadas a sacrificar una de ellas en aras de la otra. 0 Soluciones tales como los trabajos a tiempo parcial para ambos integrantes de la pareja, horarios de trabajo más flexibles, la baja laboral por paternidad, etc. serán muy comunes, pues aumentará la demanda de este tipo de facilidades para criar hijos y conciliar la vida y el trabajo. Es probable, asimismo, que aumente el número de hombres convertidos en padres sin compañeras o en amos de casa, al menos en cierta parte de su vida. 

 En la actualidad, se han experimentado muchas de estas innovaciones en algunos países europeos, en sociedades que muestran históricamente un mayor compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres.


Donald Bell

CITAS SOBRE LA MASCULINIDAD




5 de julio de 2007

LA SEMIOLOGÍA, Blanca Muñoz





Aquí se explica, pues, qué es la semiología (término con el que se denomina a esta ciencia en europa) o semiótica (término utilizado en estados unidos):

MUÑOZ, BLANCA: “CULTURA Y COMUNICACIÓN. INTRODUCCIÓN A LAS TEORÍAS CONTEMPORÁNEAS”, BARCANOVA, TEMAS UNIVERSITARIOS, BARCELONA, 1989.

"La sociedad de consumo es una sociedad significante por naturaleza. Desde la publicidad, el cine, la fotografía, la prensa y televisión hasta la alimentación o la moda, se muestra una civilización invadida por complejas categorías simbólicas y significativas que hacen imprescindible la labor del semiólogo. La semiología se constituye en una ciencia necesaria para adentrarse en la “jungla” de los signos comunicativos de las sociedades postindustriales. Con Roland Barthes se hace evidente que los objetos massmediáticos significan siempre algo por debajo del lenguaje. Pero todo es lenguaje y a él habrá que referirse para desvelar el sentido último de los sistemas significativos contemporáneos.
Las transformaciones ideológicas que el sistema del poder ha experimentado a lo largo del siglo XX es el trasfondo del análisis semiológico. Los resortes y mecanismos a través de los que se actúa sobre las poblaciones convertidas en “masas” son descifrados metodológicamente desde el momento en el que se convierten en lenguaje y significación. De este modo, hay un interés práctico en el trabajo de la semiología: aprehender esas mediciones entre sociedad y estructura interpretativa y representativa. Tal es la tarea que Roland Barthes asigna a la actividad semiológica: el desvelamiento de los modos y formas de los que se reviste el poder industrial.

El poder postindustrial puede disponer de instrumentos ideológicos que posibiliten una acertada mediación entre realidad e imágenes. La formalización de las oposiciones en términos antagónicos establece los pilares inconscientes de una mentalidad colectiva. 0 Las significaciones de imágenes, objetos, ritos, mitos, etc. mass mediáticos se establecen desde códigos a menudo tan ocultos que esas “falsas evidencias” necesitan una metodología tan pormenorizada y rigurosa como la que utilizan las ciencias de la naturaleza o de la historia.
De este modo la semiología no es ese maremágnum de conceptos, métodos, o líneas de investigación, sino una ciencia del siglo XX. Porque este siglo ha construido sus esquemas de poder y de conocimiento social sobre un aparato monumental de representaciones y símbolos; y asimismo sobre unos canales técnicos de información, comunicación y difusión sin precedentes.


La semiología se preocupa por las grandes unidades significantes del discurso en cuanto que indican las necesidades privilegiadas por el sistema.

La necesidad de la semiología reside en su carácter de desvelamiento lingüístico de las apariencias. Por “debajo” de los discursos de los “medios” (publicidad, cine, dibujos animados, fotografía, etc.) se deslizan unos sistemas codificados a partir de unas variables estrictamente organizadas. 0 Las taxonomías del consumo (sus mitos y ritos), las estrategias de los medios, las investigaciones retóricas y el análisis estructural del relato, son entre otras muchas las aportaciones que van a desembocar en obras como las de Jean Baudrillard, Pierre Boufon, Henri van Lier, Vilette Morin,. Julia Kristeva, Chrsitian Metz, Tzvetan Todorov…0 Se puede decir que todas las escuelas europeas de clarificación de los mensajes de la comunicación masiva tienen su origen, más o menos admitidos, en la obra de Barthes. 0 Desde la antropología, la teoría de la información, la lingüística y la lógica formal, el semiólogo construye sus hipótesis y modelos de trabajo en un proyecto de clarificación, en última instancia sociológica, de la sociedad de masas y sus signos.0 A la semiótica del cine y del audiovisual se están sumando áreas tan alejadas como la semiótica médica, psiquiátrica o antropológica".




2 de julio de 2007

LOS BATASUNNIS

Aquí os pongo un video super gracioso de "Vaya Semanita", Los Batasunis: Sueño que soy español... es buenísimo... esta gente hace un humor maravilloso... son mis héroes después de martes y trece... ¡feliz semana a tod@s!.