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23 de mayo de 2013

¿Qué es "lo normal"?, ¿Quién es "normal"?




"Cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal y de anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo. Son expresiones de un dualismo constitutivo de la conciencia occidental". 
Michel Foucault



Lo normal, la normalidad, lo normativo, son conceptos que hemos creado para tratar de definir el conjunto de normas que  regulan nuestra convivencia, el comportamiento de las mayorías, los lugares comunes, la lógica de nuestra sociedad. 

El concepto "normal" nos sirve para distinguir qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está bien y mal, que es moral e innmoral. Pero la normalidad sirve, además, para discriminar a todas las personas y grupos humanos que no se ajustan a los patrones y modelos que sigue la mayoría. 

Aquellos que son diferentes a esta gran mayoría se etiquetan como los anormales, las raras, los desviados, las extrañas, los ambiguos, las inclasificables, o los diferentes al restoEsta condena de la diferencia es lo que nos divide en dos grupos: los que se adaptan y los que no, las que son aceptadas y las que no

Para poder integrarnos plenamente, tratamos de parecernos a aquellos con los que querríamos que se nos identificase. Por eso en las pandillas de adolescentes van todos vestidos iguales con ligeras variaciones. Necesitan sentir que pertenecen a un grupo. Por eso los varones jamás llevan falda en las sociedades occidentales: sus pantalones les definen como hombres. Esto no les sucede a los escoceses, que la usan en sus vestidos tradicionales sin perder un ápice de su masculinidad.

En nuestra sociedad la tendencia es ir hacia la homogeneización, la diferencia nos asusta. Quizás porque nos han educado con el miedo al "otro", a la desconfianza al que no reza como nosotros, al que no habla nuestro idioma, a la que no ama como nosotras. 

La diferencia, en lugar de valorarla porque nos enriquece,  nos sirve para definirnos, para etiquetarnos, para discriminarnos entre nosotros. El diferente no es normal: los diferentes están locos, son maricas,excéntricos, lesbianas,   enfermas mentales, discapacitados. 

La "norma" entonces se sostiene gracias a la aceptación de la sociedad que vive bajo ella. Cuanto mayor es, más seguridad sentimos, por ejemplo en la carretera. Confiamos en que todo el mundo respeta las señales viales porque nos va la vida en ello. Si no, no saldríamos de casa. 

Esta normalidad también tiene que ver con la hegemonía. La norma está determinada por las personas que tienen el poder de decidir quién es normal y quién no lo es. 

La perspectiva de "lo normal" en un grupo se convierte en hegemónica cuando ese grupo obtiene el poder y puede transmitir a los demás, a través de la cultura y de la información, de la propaganda y de la fuerza, su cosmovisión de mundo, sus intereses, sus concepciones sobre la normalidad, sobre cómo son las cosas y cómo deberían ser

Por ejemplo, las leyes anti-vagos, que provienen de una ideología según la cual los mendigos y los pobres lo son porque quieren, porque no les da la mente, porque son unos perezosos, porque no desean progresar ni se esfuerzan para ello. Según esta perspectiva, la gente normal es la gente que trabaja y desea mejorar su condición económica.

Así pues, la tiranía del asunto estriba en que creamos que las personas "normales" son aquellas que hacen lo que todo el mundo hace. O que se comportan como se supone que todos y todas "deberíamos" actuar.

Sin embargo, este concepto de normalidad cambia según las culturas y las generaciones. Lo que es "normal" para mi puede no serlo para una mujer saharaui o para una anciana japonesa

Un ejemplo es la relación que tenemos con la Tierra. Los occidentales consideramos "normal" enterrar nuestros excrementos bajo tierra para evitar malos olores. Los kuna de Panamá y Costa Rica en cambio defecan en el río porque no quieren ensuciar a la "madre Tierra", a la que adoran. Su cultura no ve normal ensuciar el suelo o el subsuelo, porque es sagrado. 

Otro ejemplo: lo que era "normal" en la cultura amorosa de la Antigüedad Griega (el amor sublime se da entre dos hombres, la relación perfecta es la que se da entre un maestro y su joven alumno, las relaciones con mujeres son solo para procrear) no es "normal" en nuestros días, pues nuestra sociedad condena enérgicamente la pederastia. 

Lo que es "normal" para un multimillonario, no lo es para una persona de clase obrera. 

La normalidad, entonces, cambia no solo según las zonas geográficas, sino también según las épocas históricas, la clase social, la etnia, el género.... y las circunstancias personales. 

Cada comunidad tiene sus costumbres, cosmovisiones, tradiciones, creencias y supersticiones, cada religión tiene sus mandamientos, cada pueblo establece sus propias normas. Y además, cada uno de nosotros tiene también una idea particular de cosas que son "normales" y cosas que no lo son. Y no siempre coincide con el concepto de "normalidad" de nuestra comunidad.

No todo el mundo se adapta a la norma de igual forma. Aceptamos algunas normalidades y otras no, rompemos con normalidades en determinadas épocas y en otras asumimos... nos cuesta más asumir normas que nos han sido impuestas y nos cuesta menos cuando participamos en su elaboración y aprobación. 

La buena noticia es que hay disidentes de la normalidad por todas partes: gente que ama a alguien de su mismo sexo, gente que cambia de genero,  gente que se queda a medio camino, gente que no piensa que el capitalismo sea el mejor sistema posible, gente que no acaba la carrera o que no acude al altar, gente que no consume desaforadamente, gente que lo deja todo y empieza una nueva vida, gente que se queda y lucha por cambiar las cosas. 

Las mujeres y los hombres disidentes, y todos aquellos que no se definen como hombres o mujeres,  y que son disidentes, suelen ser invisibilizados en la prensa, acallados en los parlamentos, discriminados en sus entornos laborales, torturados en las cárceles, golpeados en las comisarias. Todo para que no contagien al resto la disidencia de la normalidad

No solo están los disidentes que luchan por los derechos de todos y de todas.  También están los disidentes listillos, que ocupan puestos muy importantes y desprecian igualmente la norma, o la utilizan para lo que les conviene. Se dedican a saquear nuestros recursos comunes, a violar nuestra paz y a fomentar la desigualdad o la violencia. Para saber de ellos basta con leer los periódicos: corrupción, privatizaciones, tráfico de esclavas, tráfico de drogas, tráfico de armas, violaciones, homicidios, mafias, estafas.... A pesar de esta gente ambiciosa y con tendencia a delinquir, parece que todo funciona. Los medios de comunicación de masas nos  cuentan que estos que se desvían de la norma son excepciones y que siempre acaban pagando por ello. Aunque sean muchos.

La "globalización" está imponiendo sus ideas sobre lo que es normal, lógico o natural a través de los relatos y las noticias que llegan a todos los pueblos del mundo. La gente los asume como propios, pese a que la normalidad depende mucho de según quién seas, a qué familia perteneces, si la sociedad te ha abierto las puertas o si te las ha cerrado. 

Y es que en las periferias del mundo de lo normal en Occidente habitan multitud de personas que no pueden o no quieren integrarse en el sistema de producción y consumo. Son los vagabundos, las personas intergénero, las mujeres transexuales, los seres asociales y asexuales, la gente que sufre deformidades, los frikis de la informática que viven en un mundo paralelo, los travestis de la noche, las mujeres infieles, los que viven encerrados en armarios, os que conviven en tríos, la gente que sufre discapacidades que le impiden la plena inserción, las activistas de género y las performers, las académicas disidentes, la loca de los gatos, los hippies que aún viven en comunidades aisladas, los que protestan en las calles, los idealistas del mundo de la cooperación, las viudas con pensiones exiguas, los prejubilados que no querían jubilarse a los 52 años, los urbanitas que participan en huertos comunitarios, los border line, las artistas, las familias diversas, los que se inventan cosas locas, las que no aceptan imposiciones externas en su sexualidad, las que mantienen su ética y no aceptan trabajos que van en contra de sus principios. Gente rara. 

Y sin embargo, somos muchos los anormales. Yo busco entre mis amigos y familiares gente "normal" y no encuentro. Todos mis amigos y amigas tienen alguna excentricidad en el carácter, o en el pasado. Tienen un lado oscuro, un vicio secreto, una loquera mal disimulada, una manía obsesiva, una fobia absurda, una pasión extraña, una costumbre irracional o una debilidad inconfesable. Así que, ¿dónde están los y las normales?. 

La normalidad es un concepto arbitrario, y nos sirve como mecanismo para crear sentido y para imponerlo como si fuera una ley divina o un hecho completamente natural. Ejemplos hay miles: "Lo normal es que la mujer se encargue de todo en la casa, lo normal es que las mujeres amen a los hombres,  lo normal es que los negros cedan el sitio a los blancos en los espacios públicos, lo normal es que los homosexuales no encuentren trabajo por su "anormalidad", lo normal es que los peces grandes se coman a los chicos". 

Todas estas frases que utilizan el concepto de normalidad, sirven para discriminar, para establecer distinciones, para explicar y justificar "las cosas que pasan". La realidad por ejemplo se puede construir desde una mentira: "Hay armas de destrucción masiva en Irak". Bajo esta falsa premisa, la idea que se transmite es: "Si hay armas en Irak, lo normal es que les declaremos la guerra, porque representan un peligro para el mundo entero".

La normalidad está cargada de ideología, por eso para un neoliberal lo "normal" es que se enriquezcan unos pocos y los demás trabajen para ellos, para algunas mujeres lo "normal" es que amor y celos vayan unidos, para algunos hombres lo "normal" es que su esposa le planche las camisas y su hija se case con un varón, para los budistas lo "normal" no existe, para los ultracatólicos, lo "normal" es que una mujer llegue virgen al matrimonio. 

Otro derivado de este concepto es la palabra "normalización", que consiste en que la persona o personas que no son normales, empiecen a trabajar activamente para serlo. 

La cuestión entonces es que si hace falta se señala que hay gente normal y hay gente vegetariana, rara porque no comen carne, o crudivegana, que come comida extraída exclusivamente de plantas y vegetales sin cocinar. La idea del Corte Inglés, como vimos en la imagen que encabeza el artículo, es que no son normales, pero se entiende de algún modo que si quisieran podrían "normalizarse". Normalizarse es dejarse de alternativas y adaptarse a la sociedad, asumir sus normas, adoptar los patrones sobre los que pensamos el mundo y lo construimos. 





Otras raras y raros

Hay gente muy rara en el mundo, oiga. Por ejemplo las feministas, que son raras porque defienden la igualdad y los derechos de las mujeres que se pisotean a diario en todos los rincones del mundo. O las mujeres y hombres antiespecistas que se juegan la vida en acciones de liberación de animales recluidos en laboratorios o granjas industriales. O los ecologistas que asaltan un barco cargado de toneladas de petróleo, o los inmigrantes que se organizan para derogar las leyes racistas o discriminatorias. O los que no usan jamás autopistas porque están en contra de ellas y siempre circulan por las carreteras nacionales. 

Raras y raros son, en general, todos aquellos que no opinan "como todo el mundo", que no se comportan como todo el mundo, que no se visten a la moda, que no se adecúan a las normas de la sociedad en la que viven. Por ejemplo, los ermitaños que viven en cuevas y no tienen dinero, y no lo necesitan. O las prostitutas que venden su cuerpo y ahorran para la vejez. O esas personas que vemos en el autobús y no sabríamos definir si son hombres o mujeres. 

Los raros son anormales, extraños y son castigados socialmente por ser disidentes de la norma. Las disidentes desprecian la norma, se desvían de ella, se inventan normas propias, las cambian cuando les parece. Y van llenando de colores el mundo, porque se atreven a vivir como desean, aún cargando sobre si muchas etiquetas discriminatorias. 

Algunos luchan por ser aceptados. Otras no. Algunos reivindican su diferencia, otras lucen su rareza para dar ejemplo, o convierten su anormalidad en una herramienta para su lucha cotidiana contra la norma que discrimina, que jerarquiza, que tiraniza. 

A solas o en colectivos, desde todos los rincones de la Tierra hay mucha gente que está luchando contra el concepto de "normalidad" de nuestro mundo capitalista, democrático y patriarcal. Están visibilizando otras "normalidades", cuestionando el concepto, abriendolo a otras formas de entender el mundo y de vivir la vida. 

Defienden la diversidad (de formas de ser, de relacionarse, de opinar, de vestir, de amar, de estar en el mundo). Son gente rara, algunos se llaman kuir, o cuir, o queer. O gente que no se etiqueta y gusta de permanecer indefinida para  reivindicar la diversidad del poder popular frente a la hegemonía de la homogeneidad, y la normalidad de los normales

Coral Herrera Gómez




Según el Diccionario de María Moliner: Norma

"Regla sobre la manera como se debe hacer o está establecido que se haga cierta cosa: "La provisión de cargos está sujeta a ciertas normas. Norma general. Norma de conducta". Uso, costumbre: "Las normas sociales varían de un país a otro". Conjunto de las reglas de fabricación de un producto destinadas a estandarizar y a garantizar su funcionamiento, seguridad, evitar efectos nocivos, etc."

Según la RAE, Normal es:
1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
2. adj. Que sirve de norma o regla.
3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.


Normalizar es: 
1. tr. Regularizar o poner en orden lo que no lo estaba.
2. tr. Hacer que algo se estabilice en la normalidad. Normalizar políticamente.
3. tr. tipificar (‖ ajustar a un tipo o norma).





Artículos relacionados: 


La  gente queer son las mujeres y hombres transexuales, personas intergénero, hermafroditas,  bisexuales, travestis, las prostitutas y prostitutos de la calle, los curas gays, las lesbianas rurales, las bolleras urbanas, los marimachos, las maripilis, las  transmaricabolleras, las inmigrantes, los activistas políticos, los asexuales y las viciosas, las minorías étnicas o religiosas, la población presidiaria, los parados de larga duración, los refugiados y las expatriadas, las ancianas excéntricas, los alcohólicos anónimos, las académicas subversivas...


Ni si ni no, ni blanco ni negro: más allá de las etiquetas

El pensamiento binario es lo que nos hace amar al Barça y odiar al Real Madrid, declararnos heteros u homos, ser cristianos y rechazar a los musulmanes, defender nuestro pueblo contra el otro pueblo, lo mío frente a lo tuyo, perseguir la delgadez y huir de la obesidad,  subir del Sur hacia el Norte. El fundamentalismo existe porque pensamos desde los extremos, como si entre ambas purezas no existiese una vasta y rica gama de matices...



10 de mayo de 2013

Entrevista a Coral Herrera, de Yaiza Saiz para La Vanguardia





Entrevista de Yaiza Saiz para La Vanguardia: 
¿Existe el amor verdadero?


Yaiza Saiz: 

1.      Ahora que no existe hambre, ni guerra, que todo es lineal sin grandes cambios, que somos una generación aburrida…¿creemos en la ilusión del amor romántico simplemente para dar sentido a nuestras vidas?

Coral Herrera: 

        Estamos en la era del vacío, que decía Gilles Lipovetsky, o la era de la soledad, que decía Erich Fromm. Ahora que todo es relativo y muchos descreídos ya no esperan revoluciones sociales, nos aferramos a paraísos individuales, a utopías emocionales de carácter individualista que nos sirven para evadirnos de un mundo que no podemos cambiar, que parece ir a peor. El amor romántico sirve para mantenernos distraídos con promesas que casan con la ley del “sálvese quien pueda”, la gente busca emociones y tiene hambre de sensaciones rápidas e intensas, de sentimientos fuertes que nos llenen el vacío. El romanticismo posmodernos es una utopía porque nos vende mitos que no casan con la realidad, bastante más compleja y diversa.


Y.S: 

2.      ¿Se podría afirmar que la búsqueda del amor romántico es un hecho reciente, un producto cultural al que se ha sometido a las generaciones de las últimas décadas?

CH: La búsqueda del amor romántico es muy antigua: en todas las culturas hay relatos que nos hablan de esta búsqueda, hay hombres y mujeres que se enamoran y desafían las leyes de su sociedad. Es en el siglo XIX cuando el romanticismo invadió todas las artes y toda la cultura burguesa occidental; en el siglo XX este romanticismo se industrializa primero, y se globaliza finalmente a todo el planeta gracias a la industria hollywoodiense y a los medios de comunicación de masas.
Hoy nos gusta alejarnos de nuestra realidad viendo películas, series de televisión, obras de teatro, leyendo novelas románticas que nos haga olvidarnos del sistema violento, desigual y cruel en el que vivimos. Y buscamos los mitos en gente de carne y hueso… por eso nos frustramos.


3.      ¿Por qué si, como dice Erich Fromm, el amor no es hoy un fenómeno frecuente en nuestros días, nos frustramos tanto por tratar de encontrar algo que no existe? ¿Por qué somos adictos al amor romántico?

CH: En primer lugar hay una presión social: casi todo el mundo se organiza en núcleos de dos personas y después planean su descendencia. Si nos organizásemos en núcleos más abiertos o más numerosos, no tendríamos tantos problemas afectivos. En cualquier caso mientras todo el mundo siga uniéndose en pareja, resulta difícil ser el soltero de las fiestas o la soltera en los cumpleaños. Por esa presión social a muchos les gustaría compartir su vida con alguien, sobre todo en los núcleos urbanos donde se practica al extremo el individualismo y la gente se siente tan sola.

En segundo lugar existe una razón cultural: la cultura nos vende constantemente historias de amor exitosas, nos muestran personajes idealizados y tramas mitificadas que nos hacen sentir que el amor en exclusiva hacia una sola persona nos dará la clave de la felicidad, la plenitud, la armonía y la abundancia. Este amor romántico que nos venden es muy limitado: se reduce tan solo a uniones heterosexuales y monógamas, dejando al margen todas las variaciones y toda la diversidad de nuestra realidad. De este modo, la gente tiende hacia un solo modelo de relación porque la sociedad invisibiliza otros modelos de relación o nos los presenta como “extravagancias”, disidencias de la norma.

Entonces la frustración viene porque nos hacen creer que el amor de verdad es eterno y maravilloso, pero la realidad es que nunca encontramos a la persona ideal que encaje con nosotros a la perfección, porque no existe.

4.      ¿Por qué nos empeñamos en mantener un ideal de amor que no se corresponde con la realidad? ¿quizás sea por la rebeldía que conlleva?

CH: Porque no somos capaces de distinguir entre la ficción y la realidad, estamos rodeados de magias que nos seducen. La magia de la navidad, la magia del día de san Valentín, la magia de unas elecciones democráticas, la magia del verano, la magia de las brujas, la magia de la publicidad de la belleza, la magia de la elección de un Papa humilde, la magia del consumismo.

Y porque nos cuesta aceptar que los mitos que nos venden en estos productos mágicos no sean tan bonitos, ni tan eternos como en la realidad.
Estamos hambrientos de cariño, de emociones, de sentimientos… pero no buscamos en nuestras redes sociales y afectivas, sino que volcamos toda esa necesidad de compañía en la figura de una sola persona. Y en ese sueño de encontrar a la “media naranja”, vaciamos las calles y nos encerramos en niditos de amor tratando de salvarnos y de olvidarnos del mundo.

 Así que poca rebeldía hay hoy en la idea de encontrar a la pareja ideal, creo. Corresponde ni más ni menos con la organización económica y política de nuestra sociedad: estamos seducidos por la idea de un modelo amoroso patriarcal y capitalista.


5.      ¿Qué productos culturales han influenciado en esta idealización del amor romántico? 

CH: El esquema es siempre el mismo: chico conoce chica. Chico tiene una misión, ha de recorrer un camino, superar todos los obstáculos, batir a todos los enemigos, encontrarse consigo mismo, lograr el triunfo. El regalo es la chica, cuya principal función es esperar al héroe. Este es el caso de los cuentos de hadas como Cenicienta, la Bella Durmiente, Blancanieves, la Bella de la Bestia, etc. O el caso de las películas románticas como Lo que el viento se llevó, Casablanca, Dirty Dancing, Titanic, etc. Las telenovelas latinoamericanas y asiáticas también reproducen este esquema de dos personas que se quieren pero no pueden estar juntas por diversos motivos.
Otras repeticiones de lo mismo son las figuras de Barbie y Ken, Angelina Jolie y Brad Pitt, Michell y Barak Obama…seres poderosos, super ricos, exitosos, guapos, sanos, jóvenes, solidarios con las buenas causas, buenos profesionales, que además se aman locamente.




6.      ¿Se puede considerar a la irrupción de la utopía del amor romántico como un cambio de paradigma en nuestra historia, un motor revolucionario?

CH Julieta si se rebeló ante el orden patriarcal porque se negó a casarse con el marido elegido por su padre y quiso unirse a Romeo, el hombre al que amaba. Sin embargo, se dejó la vida en ello. El amor a veces es liberador o transgresor porque sentimos que hacemos pequeñas revoluciones en nuestras vidas (dejamos nuestro trabajo y nos mudamos al otro lado del charco por amor, por ejemplo).

Pero nuestra cultura amorosa más que ser rebelde creo que es un instrumento de seducción para que todos soñemos con el mismo mito y así adoptemos el estilo de vida heterosexual, dual, exclusivo que nos proponen. La ideología capitalista y burguesa que subyace a las historias de amor nos anclan a un modelo muy repetitivo en nuestras narraciones, y funciona porque las mayorías tratan de reproducir todos los esquemas emocionales y patrones sentimentales que nos ofrecen. Los que se desvían de este modelo son condenados por la sociedad: tríos, comunidades amorosas, lesbianas, transexuales, homosexuales, swingers, amores libres, amores sadomasoquistas, amores interraciales o intergeneracionales…


7.      ¿Qué les aconsejarías a todas esas personas que se sienten frustradas por no poder encontrar ese amor verdadero e utópico y que siguen y siguen buscando tropezándose siempre en la misma piedra?

CH Que amplíen su mundo afectivo y sexual. Que se junten a la gente que crea redes de solidaridad y apoyo mutuo, que cuiden a sus amigos y amigas, que busquen nuevas amistades, que aprenda a diversificar afectos, que aprenda a disfrutar de la vida, que aprenda a divertirse con la gente como cuando éramos pequeños y pequeñas: queríamos a los otros una tarde, una noche, un día, un verano, queríamos sin pedir nada a cambio, solo porque sabíamos disfrutar de la compañía de nuestros primos, abuelas, tías, hermanos, y otros niños y niñas desconocidos que nos abrían mundos porque nos mostraban otras realidades diferentes a la nuestra.
Esperar a que llegue una sola persona que colme todas tus aspiraciones, metas y anhelos es como esperar a que se haga realidad la promesa de algunas iglesias según la cual Jesús volverá a la Tierra algún día a salvarnos a todos y a todas.

Y estar buscando pareja como única meta en la vida suele ser bastante antierótico para los demás, por cierto. La necesidad no es nada atractiva: nos enamoramos de gente que está viva, que tiene autonomía, que tiene energía, que está feliz con sus proyectos, que da y recibe cariño de los suyos, que nos aporta buenas vibras. Amamos a la gente libre: son pocos los que se enamoran de gente deprimida, triste, o terriblemente necesitada…
Por eso lo de tener la vida llena de gente y de cosas que una ama, porque la vida es corta y se acaba. Ya no podemos esperar cien años como la Bella Durmiente…

GRACIAS!

Reportaje completo: 



Otras entrevistas que me hicieron en:  

Entrevista en Culturamas




Diario Público




También podéis escucharme en: 


o verme en: 




30 de abril de 2013

Segunda Edición de mi libro "La construcción sociocultural del amor romántico"




Herrera Gómez, Coral: "La construcción sociocultural del amor romántico", Editorial Fundamentos, Madrid, 2011.

Entendida siempre como un fenómeno reproductivo biológico y ninguneada por el discurso científico, muy pocos son los estudiosos que han concedido a la pasión amorosa la atención que merece. El presente título, fruto de un trabajo de investigación doctoral, analiza el fenómeno del amor en toda su complejidad, pero incidiendo especialmente en su construcción sociocultural desde una perspectiva queer.

La tesis central de esta obra es que las emociones están construidas en la sociedad a través de la cultura, y por ello aprendemos a sentir a través de las narraciones y los mitos. Los patrones emocionales que aprendemos en la infancia y adolescencia a través de películas, cuentos, novelas y canciones no han sido susceptibles, hasta hace poco, de ser investigados con rigor académico, y sin embargo determinan nuestra identidad, nuestra vida cotidiana, nuestras formas de organización social y económica.
Mediante un proceso de crítica y deconstrucción, la autora va desvelando la mitificación del romanticismo patriarcal, visibilizando las utopías emocionales de la posmodernidad, y deconstruyendo el pensamiento binario y los conceptos de lo “normal” o lo “natural”, variables según las culturas y las épocas históricas, del mismo modo que varía la cultura amorosa en cada rincón del planeta. El libro se centra en el análisis del amor de pareja occidental, y elabora una crítica acerca de los condicionamientos sociales y culturales que empobrecen y limitan nuestra sexualidad y nuestras redes de afecto.

Coral Herrera Gómez (Madrid, 1977) es Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, con énfasis en Teoría de Género. Es docente e  investigadora, consultora de género y comunicación, blogger y escritora. Dedicó su tesis doctoral al tema del amor romántico desde una perspectiva multidisciplinar que parte de los feminismos, los estudios de masculinidad y la teoría queer. A partir de entonces, su trayectoria profesional ha estado ligada a  la reflexión en torno a la construcción de la realidad desde los medios de comunicación y las industrias culturales. También ha hondado en la relación de legitimación que existe entre nuestras estructuras emocionales y culturales, y nuestra organización sociopolítica y económica. En su blog, El Rincón de Haika, se dedica a deconstruir los mitos de la heterosexualidad monogámica que perpetúan las desigualdades y la dependencia mutua, siempre con un lenguaje de humor y de batalla. Su propuesta final es que expandamos el amor hacia las comunidades para acabar con el patriarcado, el individualismo, las jerarquías y las desigualdades.


Editorial Fundamentos

http://www.editorialfundamentos.es/






INDICE DEL LIBRO

INTRODUCCIÓN.. 5

I.           LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL AMOR.. 14
1.1. ¿COMO CONSTRUIMOS LA REALIDAD?.. 14

1.1.1. ¿QUÉ ES LA REALIDAD?. 14
LAS OTRAS REALIDADES. 18
LAS IDEOLOGÍAS. 22
1.1.2.LA CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL DE LA IDENTIDAD Y EL GÉNERO   25
LA IDENTIDAD GENERIZADA. 28
LA MASCULINIDAD.. 39
LA FEMINIDAD.. 50
1.2. ¿QUÉ ES EL AMOR?. 54
1.2.1. EL ENAMORAMIENTO Y EL DESENAMORAMIENTO. 57
EL ENAMORAMIENTO.. 57
EL DESAMOR.. 63
EL MAL DE AMORES: LAS PATOLOGÍAS DEL AMOR.. 66

1.2.2 FUNDAMENTOS BIOLÓGICOS DEL AMOR.. 72
RAZÓN VERSUS EMOCIÓN. 78

1.2.3. LA DIMENSIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA DEL AMOR.. 81

1.2.4. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LAS RELACIONES ENTRE LOS GÉNEROS  84

EL MATRIMONIO.. 85
EL DIVORCIO.. 89
1.3. LA SEXUALIDAD HUMANA. 92
1.3.1. LA SEXUALIDAD FEMENINA.. 102
1.3.2. LA DIMENSIÓN ECONÓMICA DE LA SEXUALIDAD.. 108
1.3.3. EL MITO DE LA MONOGAMIA.. 115
1.3.4. EL MITO DE LA HETEROSEXUALIDAD.. 123
HETERO, HOMO, BISEXUALIDAD Y QUEER.. 123
LA REVOLUCIÓN SEXUAL Y LA CRISIS DEL PATRIARCADO.. 134

1.3.5. IDEOLOGÍAS SEXUALES Y AMOROSAS ALTERNATIVAS. 139
LA LIBERTAD SEXUAL Y EL LIBERTINAJE. 139
EL AMOR LIBRE. 140
EL MOVIMIENTO SWINGER.. 143
EL BDSM... 147
1.4.EL AMOR Y EL PODER ENTRE LOS GÉNEROS. 152
1.4.1. ¿AMAN IGUAL LOS HOMBRES Y LAS MUJERES?. 156

1.4.2. EL PODER PATRIARCAL EN EL AMOR.. 166
EL PODER MASCULINO.. 166
EL PODER FEMENINO.. 170
EL ROMANTICISMO PATRIARCAL. 173

II.        LA CONSTRUCCIÓN CULTURAL DEL AMOR
2.1. LA CONSTRUCCIÓN CULTURAL DE LA REALIDAD Y DEL AMOR   182
2.1.1. LA CONSTRUCCIÓN SIMBÓLICA DE LA REALIDAD.. 182
2.1.2. LA CONSTRUCCIÓN SIMBÓLICA DEL AMOR.. 188
2.1.3.LAS IDEOLOGÍAS AMOROSAS. 192
EL AMOR HEGEMÓNICO Y LOS AMORES ALTERNATIVOS. 193
TEORÍAS LEGITIMADORAS DEL AMOR HEGEMÓNICO EN OCCIDENTE. 197
2.1.4.LA DIMENSIÓN RELIGIOSA DEL AMOR. 207
2.1.5.LA DIMENSIÓN MÍTICA Y RITUAL DEL AMOR.. 213
LOS MITOS AMOROSOS. 213
LOS RITOS AMOROSOS. 220
EL RITUAL NUPCIAL. 223
2.2. EL AMOR PASIONAL EN LAS NARRACIONES HUMANAS. 229
EL AMOR PASIONAL EN LA ANTIGÜEDAD GRIEGA.. 231
EL AMOR CORTÉS. 232
EL AMOR PASIONAL DEL SIGLO XVIII 235
EL AMOR ROMÁNTICO.. 237
EL ROMANTICISMO FEMENINO.. 242

III.     EL AMOR COMO UTOPÍA EMOCIONAL DE LA POSMODERNIDAD.. 245
3.1.   LA CULTURA DE MASAS POSMODERNA.. 245

3.2.   LA IDENTIDAD POSMODERNA.. 248
LAS CRISIS DE LA MASCULINIDAD.. 254
LA MUJER POSMODERNA.. 264

3.3.   LAS RELACIONES AMOROSAS EN LA POSMODERNIDAD: EL AMOR COMO UTOPÍA EMOCIONAL.. 273
EL AMOR MITIFICADO.. 276
LA UTOPÍA EMOCIONAL DE LA POSMODERNIDAD.. 282
EL AMOR UTÓPICO ADAPTADO A LA REALIDAD SOCIAL. 288

3.4.   PROPUESTAS PARA LA CONSTRUCCIÓN SOCIOCULTURAL DEL AMOR EN EL SIGLO XXI  292


INDICE DE TÉRMINOS. 295

BIBLIOGRAFÍA.. 299






OTROS LIBROS DE LA AUTORA


El amor romántico desde una perspectiva científica. ¿Por qué y para qué estudiar el amor?