16 de enero de 2015

Sufrir menos, y disfrutar más del amor


Contra la cultura del sufrimiento, ¡alegría de vivir, y ganas de disfrutar! En este post Coral Herrera analiza la sublimación del sufrimiento romántico y desmonta la idea de que para amar de verdad hay que sufrir y pasarlo mal. Bajo el lema "otros romanticismos son posibles", la autora apuesta por la transformación colectiva de las emociones y los sentimientos, y la construcción de nuevas formas de querernos basadas en la ternura social, el compañerismo, el cariño, la generosidad, la empatía y el disfrute.

En el amor sufrimos por muchas y variadas causas. La primera de ellas es que nos gusta sufrir por amor: toda nuestra cultura amorosa sublima el sufrimiento como la quintaesencia del romanticismo: parece que sin dolor, no hay entrega  verdadera. Muchas de las novelas y películas de amor nos representan la pasión como una emoción negativa que nos invade y nos convierte en monstruos, que nos arrastra hacia abismos insondables, que nos hace cometer locuras, que saca lo peor de nosotras mismas. En la mayor parte de nuestros relatos y canciones, pareciera que cuando Cupido lanza su flecha, nos condena para siempre a sufrir por amor…  y que nosotras no podemos hacer nada excepto resignarnos.
Debido a esta asociación entre romanticismo y sufrimiento, el romántico es siempre una víctima que sufre porque sus sueños no se hacen realidad, y porque al sublimar  su dolor, lo exhibe como muestra de su inmensa capacidad de amar. Pero no ama jamás sin pedir a cambio, de ahí la batería inmensa de reproches y reclamos de la persona enamorada que se entrega a los placeres del sufrimiento, y todo lo que ello conlleva: insultos, humillaciones, comentarios despreciativos, juicios de valor, amenazas, chantajes y sobornos emocionales hacia la persona o el objeto de nuestro amor.
Nuestra cultura amorosa cree que del amor al odio hay una delgada línea que es fácil traspasar: si no te corresponden, si no te aman como crees que te mereces, si te han hecho creer que te amaban pero no te amaban, si te dejan de querer, puedes odiar y tratar de despertar la solidaridad de tus allegados para que todo el mundo odie al desalmado o a la desalmada que te ha roto el corazón. El despecho justifica cualquier barbarie, por eso los periodistas machistas siguen llamando a los asesinatos de mujeres “crímenes pasionales”, que siempre tienen un motivo: ella le engañó, ella provocó sus celos, ella lo abandonó… (por lo tanto, es normal que él perdiera la cabeza).
El sufrimiento sentimental no solo está mitificado en el imaginario colectivo, sino que además legitima cualquier acto de crueldad hacia la amada o el amado: basta con echar un vistazo a los carteles que inundan las redes sociales con comentarios despreciativos contra aquellos que no te aman, que dejaron de amarte, que te engañaron con sus artes para hacerte ilusiones y alimentar tus fantasías. En estos casos, la capacidad para la autocrítica es cero: el mensaje que lanzan las personas inocentes, sensibles y amorosas es que ellos jamás han roto un corazón en su vida, y los culpables de sus naufragios amorosos son siempre son los demás.
El amor también nos hace sufrir porque lo mitificamos e idealizamos como fuente de felicidad eterna (cuando es correspondido plenamente, cuando se puede vivir sin obstáculos de ningún tipo, rodeado de abundancia y bienes materiales).  En los cuentos de hadas las historias de amor siempre acaban el día de la boda: un relato nunca empieza desde el final feliz para mostrarnos cómo es la vida en pareja, y las dificultades por las que atraviesan las relaciones amorosas a través de los años. En los cuentos no nos hablan de los efectos de la rutina, el egoísmo, la comunicación, la convivencia, las luchas de poder… porque las historias de amor son para entretenernos y para escapar durante un rato a un mundo feliz que no es el nuestro.
Esta sublimación del romanticismo en las películas y las novelas choca frontalmente con la realidad, y es otro de los motivos por los que no es fácil disfrutar del amor en toda su plenitud: las decepciones que sufrimos se deben a nuestras altas expectativas en torno a lo que desearíamos que fuese  el amor. La realidad de la vida cotidiana es más gris y aburrida, y no existen personas perfectas  que calcen a la perfección con nosotras: nos han vendido unos mitos como el del príncipe azul que sólo nos sirven para mantenernos entretenidos y entretenidas buscando a una persona perfecta que encaje con nosotras a la perfección. Esta pérdida de tiempo y energías en alcanzar lo que no tenemos, nos impide amar a personas de carne y hueso, tal y como son, porque no encajan en el modelo que nos han vendido en las películas con final feliz. A los hombres les sucede lo mismo: les han vendido el mito de la princesa obediente, sumisa, bella, encantadora, pasiva, perfecta, dulce y eternamente enamorada, pero nosotras ni tenemos sangre azul, ni somos un derroche de virtudes, ni hemos nacido para amar incondicionalmente a un hombre.
No podemos disfrutar del amor en su plenitud porque tenemos poco tiempo para amar. La vida posmoderna está llena de obligaciones, horarios y rutinas que nos hacen caer literalmente desplomadas al final del día. Ese es el momento que tenemos para tener una buena conversación con nuestra pareja, para jugar entre las sábanas y hacer el amor, pero no podemos pasar la noche entera en vela retozando porque al día siguiente hay que trabajar y resolver mil y un asuntos pendientes. Las estadísticas nos indican que la gente elige los sábados y domingos para tener relaciones íntimas, pero el fin de semana suele estar también plagado de compromisos sociales, familiares y domésticos, y pasa volando… Reservar una tarde o un fin de semana entero para dedicarse al amor es poco menos que imposible, porque cada vez tenemos menos tiempo para detener los relojes y entregarnos a los placeres de la vida con nuestras parejas, si las tenemos.
El gran  obstáculo para disfrutar de amor, sin embargo es el miedo. El miedo al futuro, el miedo a la soledad, el miedo a que se acabe nuestra relación, el miedo a ser rechazada, el miedo a que la otra persona te sea infiel, el miedo a no encontrar el amor de nuevo… perdemos muchas horas al día ancladas en el “¿y si…?”, una estructura que nos permite anticipar situaciones que no se han dado.
Puede sonar raro, pero muchas personas sienten placer imaginando desgracias durante un rato, construyendo realidades basadas en la ruptura o la traición, gozando con sentimientos terribles  como la sensación de abandono. No tiene mucho sentido perderse en catástrofes imaginarias, creo, porque no podemos predecir el futuro, y tampoco controlarlo. Quizás por eso para disfrutar de una relación es fundamental tener la capacidad para disfrutar del presente, para deleitarse en cada instante desde el aquí y el ahora.
Otro obstáculo para disfrutar del amor es centrar todos nuestros afectos en una sola persona, pues el amor es un sentimiento universal que se puede sentir hacia la vida, hacia la existencia, hacia la naturaleza, hacia los animales, hacia nuestra gente querida, hacia la familia, la vecindad, y las personas  de carne y hueso a las que vemos a diario y forman parte de nuestra cotidianidad. Relacionarse amorosamente con nuestro entorno nos hace sentir más generosas y más ricas en afectos, y en la medida en que los demás perciben y reciben tu trato amoroso, es más fácil despertar en ellos y ellas los mismos sentimientos de cariño.
Extendiendo nuestros afectos a la comunidad de la que formamos parte, nos sentiríamos menos solas y necesitadas, por eso nuestras relaciones podrían ser más sanas y libres.
Sin embargo, no tenemos muchos mecanismos para relacionarnos amorosamente con el entorno: sostenemos luchas de poder con los vecinos y vecinas, con los compañeros de trabajo, con la jefa o la presidenta, con la compañía de teléfono, con el policía que quiere multarte, con tu madre, con tu padre, con tus hijas e hijos, con tu pareja. A diario libramos batallas para ganar, y somos egoístas porque en ellas defendemos nuestros intereses frente a los intereses de los otros. También gastamos mucha energía en tratar de que no nos ganen a nosotros, en que no nos pisoteen, en defendernos de los egoísmos de los demás, y en medio de estas peleas a muerte, estas guerras silenciosas, estas tensiones y rencores acumulados, sufrimos mucho. Porque atacamos y nos atacan, acusamos y malinterpretamos, decimos barbaridades en caliente que no querríamos haber dicho, sacamos las cosas de quicio, sacamos los trapos sucios, aprovechamos para explotar y desahogarnos de otras tensiones…
Las luchas de poder entre los enamorados se traducen en un lento, pero inexorable camino hacia el desamor. Las peleas con un alto contenido en reproches que acaban en gritos o llantos van separándonos progresivamente de la otra persona, y dejando daños en el otro o en nosotras mismas que a veces resultan ser irreparables. En el afán por dominar a la otra persona, o lograr lo que una desea, entramos en guerras dolorosas que van deteriorando nuestras relaciones. Si pudiésemos dialogar con mayor fluidez, pactar con generosidad, comunicarnos desde el corazón, ceder, acordar, debatir, reflexionar con la otra persona, ponernos en el lugar del otro… nos sería más fácil convivir y disfrutar de una relación sentimental.
Sufrimos por amor porque no hemos recibido educación emocional y no sabemos cómo gestionar las emociones. Nos enseñan a reprimir la ira, el sentimiento de abandono, la alegría desbordante, la pena más honda, los celos, el deseo sexual… los únicos referentes emocionales que tenemos son los que nos ofrecen los cuentos y las películas, generalmente basados en estructuras de dependencia, de dominación-sumisión, de sacrificio y entrega. Son estructuras que no nos sirven para relacionarnos de igual a igual. Si desde la infancia nos diesen herramientas,  aprenderíamos a expresarnos sin dañar al otro, a discutir sin violencia, a  resolver conflictos sin perder el buen trato, a querer sin depender, a ser solidarios, sinceros y a tratar bien a las personas que se enamoran de nosotras o de las que nosotras nos enamoramos.
 También sufrimos porque no elegimos bien a nuestro compañero/a. Generalmente cuando conocemos a una persona todos mostramos nuestra mejor cara, y ocultamos nuestras manías, nuestro mal humor, nuestros defectos y carencias. Tratamos de parecer simpáticos, generosas, amables, y cuerdos para impresionar favorablemente a la otra persona, y luego cuando nos vamos conociendo mejor, vamos descubriendo esos defectos. El impacto que provoca en nosotros este descubrimiento depende de la mitificación o idealización que hayamos construido en torno a esa persona: cuantas menos expectativas tenemos, menos nos decepcionamos.
Es importante querer a la gente tal y como es, por eso mismo es importante elegir a una persona que sea buena gente, que su comportamiento y su discurso sean coherentes, que sea generosa y tenga ganas de compartir. Necesitamos tiempo para conocernos bien, de modo que lo mejor es ir despacito: enamorarse a ciegas, crearnos espejismos o que nos los fabriquen puede ser muy doloroso, porque la realidad siempre acaba imponiéndose. Es importante leer las señales para saber si la persona con la que nos estamos relacionando está sana mentalmente, si es una persona violenta o agresiva, si es una persona mezquina, mentirosa o manipuladora… basta con observar el modo en el que esa persona se relaciona con los demás: con sus ex, con sus vecinos, con un camarero en un bar…
Nos hace sufrir mucho la falta de herramientas para resolver nuestras propias contradicciones internas, que nos hacen sufrir porque nos mantienen confusas, indecisas, vapuleadas por el contexto posmoderno que habitamos. El romanticismo es la nueva utopía emocional de corte individualista que nos sigue marcando las metas, los mitos, los roles, y las identidades: necesitamos sentirnos especiales, necesitamos sentirnos únicos, y necesitamos sentirnos imprescindibles, y solo el amor basado en la exclusividad nos aleja del anonimato y de la soledad. Queremos libertad, queremos compañía, luchamos por ser independientes, pero necesitamos a la gente. Queremos soltar y queremos atarnos…las emociones contradictorias nos hacen dudar de lo que realmente queremos, y de lo que sentimos, y hasta de quiénes somos. Perdemos muchos años de nuestras vidas ancladas en la falsa separación entre mente y cuerpo, razón y emociones, deseos y deberes. La poesía sublima estas contradicciones con hermosas metáforas, pero en la vida real nos paralizan completamente, y nos hacen sentir permanentemente divididas y desorientadas, porque pensamos el mundo con las estructuras patriarcales del pensamiento binario: como si la noche fuese lo contrario del día, como si el bien fuese lo contrario del mal, lo masculino fuese lo contrario de lo femenino, etc. Y por eso nos sentimos obligadas a elegir: sólo nos dejan ser una parte, no el todo. O eres una mujer buena, o eres una mujer mala. O eres inocente, o eres culpable. Esta falta de matices nos pone contra la espada y la pared constantemente. Pensando así, además, no nos percibimos jamás como seres completos, sino medias naranjas que necesitan otra media para ser felices.
Buscar la felicidad también nos hace infelices, obviamente. Pensamos siempre que la felicidad está en otra parte y por eso esa sensación de impotencia cuando la felicidad no llega. Creemos que la felicidad está en personas, en objetos, en puestos de trabajo, en el dinero, en la fama o el reconocimiento social, por eso es tan frustrante cuando alcanzamos esas metas y no nos sentimos desbordantes de felicidad.
Para sufrir menos y disfrutar más del amor, lo primero sería tener ganas de sufrir menos, y disfrutar más. Esto es importante aunque suene muy obvio porque no todo el mundo disfruta disfrutando: hay mucha gente que disfruta sufriendo y si no tiene motivos, se los inventa. Así que tenemos que aprender a disfrutar, con nuestro disfrute, y con el disfrute ajeno (hay mucha gente que sufre también viendo disfrutar a los demás), y poner límites a la gente aguafiestas. Si eres tú la persona aguafiestas, lo mejor es que te lo mires y seas consciente de por qué te boicoteas a ti misma la posibilidad de estar bien o de pasar un buen rato, y por qué boicoteas a los demás.
 Para sufrir menos y disfrutar más, deberíamos a aprender a amar en libertad a las personas, y practicar el desapego para no apropiarnos de ellas ni sentirlas “nuestras”. Podemos comprar sexo, pero no podemos comprar amor, ni obligar a nadie a permanecer a nuestro lado si no nos desea o no siente lo mismo que nosotras. Tenemos, pues, que aprender que la vida es un camino en el que la gente nos acompaña por ratitos, o por etapas: nuestros abuelos no son inmortales, nuestras madres y padres no duran para siempre, nuestros compañeros de escuela o de universidad no forman parte de tu cotidianidad cuando acaba la etapa estudiantil…. los novios y las novias van y vienen, a veces nos acompañan una noche maravillosa, otras veces son años de caminar por el mismo sendero… por eso es tan importante disfrutar del presente, y asumir que nada es eterno, aunque Disney nos diga lo contrario.
Para sufrir menos, entonces, tenemos que aprender a convivir con las pérdidas y los finales, terminar las relaciones con cariño y amor, y aprender a  disfrutar de los nuevos tiempos, las nuevas personas, las nuevas etapas. Creo que es necesaria una ética del amor que nos permita tratarnos bien y cuidarnos en todas las etapas de nuestras relaciones, lo mismo al inicio que al final. Empezar una relación, y terminarla, requiere altas dosis de generosidad, sinceridad, empatía, diálogo y afecto: podemos evitar las guerras del amor que tanto daño hacen (a nosotras mismas, y a nuestra gente querida), y vivir sin rencores perpetuos ni desgarros eternos.
Para disfrutar más de la vida, estaría bien deshacerse de la insatisfacción permanente que nos tiene siempre frustradxs, que continuamente nos lleva a querer más, o a desear algo mejor. Nos cuesta pararnos a pensar en lo bien que estamos, en lo felices que somos, en valorar las cosas que tenemos, los afectos de los que estamos rodeadas. Dedicamos mucho tiempo, en cambio, hacer inventario diario de lo que no tenemos, y pasar tiempo imaginando cómo todo se transforma por arte de magia cuando me toca la lotería, encuentro al amor de mi vida por fin, me ascienden en el trabajo, me voy de luna de miel a la otra punta del planeta… Cuanto más tiempo perdemos esperando el acontecimiento mágico que cambiará nuestras vidas, menos esfuerzos e imaginación dedicamos a cambiarlas nosotras mismas. Por eso creo que nos vendría bien un poco menos de fantasía romántica, y un poco más de trabajo individual y colectivo para mejorar nuestras vidas a todos los niveles (afectivo, sexual, económico, profesional, social, sentimental…)
Para que podamos disfrutar todos del buen querer, necesitamos repensar el amor, desmitificarlo, desmontarlo, despatriarcalizarlo, y volverlo a inventar. Tenemos que ensanchar el concepto de amor más allá de la pareja, disfrutar de los afectos sin jerarquizarlos, liberarnos colectivamente de la represión, la culpa, y el miedo. Este trabajo no tiene sentido si lo hacemos a solas: para poder relacionarnos de otras formas, tenemos que sacar el debate a las calles, y ponerlo de moda en las plazas, las asambleas, los congresos, los mítines políticos, las aulas, los foros,los bares, los parques, los platós de televisión, y las redes sociales.
 Si logramos identificar las claves culturales del sufrimiento, de la desigualdad y del romanticismo patriarcal será más fácil que nos demos cuenta de que estamos en una estructura heredada que no hemos construido nosotros, que sufrimos todos y todas por las mismas cosas, y que ya es hora de ponernos a trabajar para cambiar las estructuras emocionales y afectivas con las que nos relacionamos, porque las antiguas no nos sirven para disfrutar del amor.
Para sufrir menos, y disfrutar más, tenemos, también, que responsabilizarnos de lo que sentimos, y construir herramientas que nos permitan  enfrentarnos a situaciones de alta intensidad emocional.  Desde la autocrítica amorosa podemos trabajar para conocernos mejor, para identificar las claves de nuestro sufrimiento, y para trabajar en la coherencia entre nuestras emociones, discurso y acciones. El objetivo final sería poder comportarnos como adultas y adultos en el amor, ser dueñas de nuestros sentimientos y poder expresarlos, relacionarnos con los demás desde la libertad y la generosidad, y construir relaciones hermosas que nos hagan felices.
Creo que una de las claves para disfrutar más del amor es entrenar para desarrollar nuestra capacidad para estar presente y conectar con la persona a la que amamos y el momento en el que estamos. Permanecer en el aquí y el ahora sin pensar en el futuro, sin hacerse expectativas, sin miedo a lo que pueda pasar, sin apresurarse a dar los pasos establecidos tradicionalmente para las parejas. Disfrutando del presente nos hacemos dueñas del tiempo: es el lugar donde más vamos a amar, el espacio en el que más nos van a querer.
Si, podemos disfrutar del amor…  sólo tenemos que trabajarlo y pensarlo colectivamente, y echarle ilusión, energía, imaginación, y grandes dosis de alegría de vivir: tenemos que construir el amor día a día, romper con los modelos del romanticismo patriarcal, aprender a querernos bien, inventarnos nuevas estructuras emocionales, probar otras formas de querernos, aprender a relacionarnos desde el amor con el entorno que nos rodea, liberarnos de los miedos y de los mandatos de género, y ensanchar el amor para que sea más grande, se reparta mejor, y nos llegue a todos y todas.

Coral Herrera Gómez

Post publicado originalmente en el blog de Campus Relatoras.

7 de enero de 2015

Claves para disfrutar más del amor


- Vive el presente y olvídate del futuro. Haz ejercicios mentales para situarte en el momento, para disfrutar de una cena con declaración de amor, de un beso eterno, de una noche de amor loca, de un paseo al atardecer, de una llamada de teléfono. Cada uno de los momentos de tu vida en los que estás es irrepetible, así que merece la pena ser disfrutados en toda su intensidad. Vivir el presente, además, alivia el miedo al futuro.
–  Liberarse de los miedos es necesario para poder vivir el amor plenamente. Los miedos nos paralizan, nos quitan energías, nos ponen pesimistas, y nos vuelven mezquinos. No fabriques más fantasmas, no te prives de tu derecho a disfrutar del amor. Para poder ser generosas en nuestras relaciones, necesitamos abrirnos y compartirnos en un clima de confianza y generosidad mutua; para poder amar es preciso el encuentro sin máscaras, sin corazas ni escudos, sin obstáculos de ningún tipo: ni reales, ni imaginados.
- Amar a la gente tal y como es, sin mitificar, sin que nos mitifiquen. Sin idealizaciones se conoce a la gente con mayor profundidad, sin expectativas fantasiosas hay menos decepciones, y sin decepciones se vive mejor.
- Enamórate de tu libertad, y de la de los demás.  Amar no significa renunciar a tu libertad ni a los afectos de tu gente querida; el sacrificio no es una prueba de amor, aunque nuestra cultura nos haga creer lo contrario.
-Dile “no” a la cultura del sufrimiento que asocia el amor con el dolor. Los dramas y las tragedias te quitan energía para disfrutar de la vida. Si duele, si te convierte en una mala persona, si te paraliza, si te hace sentir mal, no es amor, es otra cosa. No dejes que pasen años de tu vida en una relación que no te hace feliz: la vida es muy cortita y hay gente estupenda en el mundo a la que no vas a conocer si te encierras en tu pasión dolorosa.
-Relaciónate con amor con tu entorno: diversifica y amplía afecto, nutre tus relaciones de amistad y compañerismo, cultiva tus redes sociales, cuida a la gente que quieres, rodéate de cariño tengas o no tengas pareja. No pierdas tu tiempo en luchas de poder, no establezcas relaciones basadas en la necesidad o el interés propio: no le pidas a nadie que cubra tus carencias, no exijas a los demás que te cuiden si no tienes energía para cuidar tú también.
-Relaciónate con amor contigo misma: amamos desde el cuerpo, cuidemos el cuerpo. Tenemos que trabajar nuestra autoestima, aprender a cuidarnos y a dedicarnos tiempo, a darnos placer y hacer cosas que nos gustan, a querernos del mismo modo que queremos a los demás, a entregarnos a nosotras mismas como nos entregamos a los seres que amamos. Así podremos amar también nuestra libertad, nuestra autonomía, nuestra soledad, nuestros espacios, nuestros tiempos.
-Dialogo, empatía, asertividad: necesitamos valentía para decir lo que sentimos sin herir a la otra persona. Necesitamos herramientas para aprender a escuchar, para pensar lo que decimos o hacemos antes de hacerlo, para dialogar con la otra persona desde el cariño. Tenemos que aprender a transformar  los sentimientos negativos como el rencor, el odio, la furia o la venganza, porque no nos sirven para resolver conflictos y generan mucho dolor.
-Busca tu tiempo para el amor. Apaga las pantallas, desenchufa los cables, construye tu escenario ideal de amor, y goza la tarde sin mirar los relojes, con buena comida, buena conversación, y muchas ganas de jugar, explorar y disfrutar. Sin prisas resulta delicioso probar cosas nuevas… abrir el corazón, abrir el cuerpo, abrir la mente para hacer especial cada segundo juntos.
-Elige un buen compañero/a (o varios/as): Como decía Marcela Lagarde, no podemos irnos con el primero que pase por la calle. Si te vas a enamorar, que se trate de una buena persona, de alguien que tenga unos principios y una ética parecida a la tuya. Para ello es preciso no autoengañarse y saber leer las señales que nos proporciona la interacción con la otra persona, y que nos dirán si se trata de una persona insegura, mentirosa, inmadura, inconstante, violenta o cruel. En este sentido, tú también debes mostrarte tal cual eres, con naturalidad, para que la otra persona pueda conocerte, y evaluar si podría ser feliz a tu lado.
-Construir el amor: Sin ponerte encima ni debajo, sin tomar el poder o sin cedérselo por completo a la otra persona. Sin tener que sacrificarte o pedir a los demás que se sacrifiquen por ti. Sin esperar que todo surja como por arte de magia: el amor se construye, y tenemos que ser generosas y generosos para poder abrirnos a la otra persona, compartir ciertas parcelas de la vida, para andar juntas en el camino.
-Ética Amorosa: Establecer pactos contigo misma y con tu pareja, ser coherente con tu discurso y tus emociones, responsabilizarte de tus palabras, emociones y actos, conducir tu comportamiento en base a tus principios y valores. Tanto si eres monógamo/a como si eres poliamoroso/a, es fundamental que cuides a la persona o personas con las que te estás relacionando, y trabajes para estar a la altura. Si la otra persona no nos ama, nos engaña, no se compromete del todo, se porta mal con nosotras, o juega con nuestros sentimientos… entonces lo mejor es cortar la relación para no perder tiempo y energías en alguien que no tiene el nivel necesario para tratarte bien, ser sincero/a, o cumplir pactos.
-Despatriarcalizar y desmitificar el amor para poder reinventar las estructuras que utilizamos para relacionarnos y que han quedado obsoletas. Despojar al amor del placer del sufrimiento, de los intereses y el egoísmo heredado de la cultura capitalista, de las jerarquías afectivas y las desigualdades, de las relaciones opacas y las batallas de género, y aprender a querernos tal y como somos.
-Rupturas amorosas, separaciones cariñosas: hay que aprender a separarse como empezamos, tratándose bien, siendo sinceras, siendo cariñosos. Hay que dejar las relaciones con amor, evitando que el dolor convierta nuestros sentimientos en odio, evitando que nuestro dolor provoque más dolor, tratando de asumir la realidad tal cual es, tratando de no salir destruidos del proceso de separación, tratando de quedarse con los buenos momentos que pasamos juntos.
-Que el amor valga la alegría: Detectar cuándo es el momento de separar tu vida de la persona amada, y no dejar que pasen meses o años esperando a que la otra persona cambie o a que la vida nos regale otras circunstancias. El amor es para disfrutar, así que si estás sufriendo, es mejor que te desapegues de la persona que te hace daño, o de las relaciones dolorosas. Si sientes que tu amor te da energías, te levanta con una sonrisa cada mañana, te despierta la creatividad, te hace sentir bien, entonces apuesta por ello. Hay que apostarle a las relaciones bonitas, a las emociones positivas, a las relaciones placenteras, a la gente generosa y alegre, a poner tus energías amorosas en ella, y olvidarte de lo que no pudo ser, de lo que no puede ser, de lo que podría haber sido, pero no fue; hay que apostarle a sufrir menos, y disfrutar más del amor y de la vida.
-Reinventarnos el amor, reinventarnos las estructuras, crear nuevas emociones, contarnos otros cuentos, probar otras maneras de quererse, construir otros patrones de relación amorosa, darle la vuelta a todas las “verdades”, poner en práctica los aprendizajes, y no dejar nunca de explorar los infinitos territorios del mundo del amor y los afectos.
-Estar presente: Vivir el presente con intensidad ayuda mucho a anclarse en tu realidad, en esta tarde maravillosa juntos, en esta fin de semana de amor juntos. Si estamos con la  cabeza puesta en el futuro: ¿me dejará de pronto?, ¿me seguirá queriendo el mes que viene?, ¿se querrá casar conmigo en el futuro?, ¿me será fiel cuando cese la explosión pasional?, ¿me aceptará su familia?, etc. no podremos jamás decir: “Este es nuestro ahora. Puede acabarse el mundo mañana, pero ahora estoy viva, consciente, despierta, te amo, y disfruto contigo”.

Coral Herrera Gómez

Estas son algunas de las herramientas, ideas y propuestas que han ido surgiendo a lo largo de este año en el taller on line “Señoras que… dejan de sufrir por amor. Porque otras formas de quererse son posibles” que imparto en Campus Relatoras.  No se trata de una receta mágica para dejar de sufrir, ni un método a seguir para alcanzar la felicidad: este post sistematiza muchas de las ideas que han ido surgiendo en el trabajo colectivo de las alumnas del taller, mujeres diversas de todos los países que se reunen en este Campus Relatoras a aportar y profundizar en los Estudios del Amor, las Emociones, la Sexualidad y los Sentimientos.

31 de diciembre de 2014

Calendario de Mujeres Pensadoras y Creadoras de Opinión

Miren qué bonito ha quedado el calendario de mujeres pensadoras y creadoras de opinión para el año 2015 coordinado por Mujeres Confederación Intersindical. La diseñadora e ilustradora es Susana Vegas Mendía.

Contiene fechas memorables,citas de pensadoras y actividades didácticas con el trabajo de las 36 mujeres que aparecemos en él:  Rosa Montero, Maruja Torres, Montserrat Boix, Beatriz Gimeno, Almudena Grandes, Ángeles Caso, Pilar Miró, Lidia Cacho, Nuria Varela, Àngels Barceló, Pepa Bueno, Rosa María Mateo, Soledad Gallego, Rosa María Calaf, Carmen Sarmiento... y servidora, muy orgullosa de haber sido incluida entre tanta giganta y maestra.



16 de diciembre de 2014

7ª edición del taller "Señoras que dejan de sufrir por amor", de Coral Herrera

  ABIERTA CONVOCATORIA - COMIENZO 7ª EDICIÓN 12 de enero 2015 
Conducido por Coral Herrera en Campus Relatoras
Señoras en la playa
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Comienza: 12 de enero de 2015
Duración: 8 semanas
Horarios: Sin horarios fijos (excepto las 3 sesiones de chat en directo con la coordinadora).
Precio: 100 €

SOBRE EL TALLER 
¿Crees que ha llegado el momento de sufrir menos, y disfrutar más del amor, y de la vida?, ¿deseas adquirir herramientas para aprender a gestionar tus emociones y sentimientos?,  ¿necesitas herramientas para llevar la teoría a la práctica?,  ¿te apetece desmontar, repensar, deconstruir y construir el amor con otras mujeres?, ¿te gustaría trabajártelo para construir relaciones sanas basadas en el placer, el buen trato, la igualdad y el compañerismo?, ¿necesitas hablar del amor, escuchar a otras personas hablar de sus experiencias, compartir puntos de vista, vivencias, ideas, dudas y reflexiones?, ¿te gustaría mejorar tus relaciones sexuales, sentimentales  y afectivas?, ¿necesitas material para tu trabajo y para tu proceso personal?, ¿disfrutas leyendo, debatiendo, escribiendo y aprendiendo cosas nuevas?...bienvenidas a “Señoras que dejan de sufrir por amor”. 
La filosofía del Taller que ha desarrollado Coral Herrera en torno a su investigación sobre el amor se sintetiza en estos tres lemas: “Lo romántico es político”, “Ningún amor es ilegal”, y “Otras formas de quererse son posibles”. Ya son más de doscientas las alumnas que se han unido a esta propuesta de trabajo colectivo en torno a los Estudios sobre el Amor para repensar, analizar, desmontar y ensanchar el concepto de amor y de relación de pareja.
Somos un grupo de mujeres diversas de todas las edades, profesiones, países, orientaciones sexuales que se unen durante 8 intensas semanas para realizar un trabajo individual y colectivo que nos permite conocernos mejor a nosotras mismas, y paralelamente, profundizar en el análisis de nuestra cultura amorosa. En este espacio nos dedicamos a analizar las claves de la construcción sociocultural del amor romántico para comprender mejor la forma en que aprendemos a amar y a relacionarnos, para cuestionar las estructuras de dependencia que nos proponen como modelos a seguir, para desligar el amor del sufrimiento, y para adquirir herramientas que nos permitan disfrutar de nuestras historias de amor, y de nuestras  relaciones afectivas en general. 

OBJETIVOS
  • llevar la teoría a la práctica mediante un proceso de autocrítica amorosa que nos permita cierto grado de coherencia entre nuestros discursos, ideas, sentimientos y comportamiento.
  • desaprender estructuras emocionales obsoletas y  patrones de relación dañinos, y construir otras nuevas con nuestras propias herramientas
  • conocernos mejor a nosotras mismas para poder reinventarnos, mejorar, transformar, evolucionar, enriquecernos, desaprender y aprender a relacionarnos desde otras perspectivas.
  • aportar a la construcción colectiva del conocimiento sobre el tema del amor, los amores, los sentimientos y las emociones.
  •  desmontar el romanticismo patriarcal y reflexionar colectivamente sobre los mitos, los estereotipos, los roles y los mandatos de género que nos limitan a la hora de querernos y de relacionarnos.
  • hacer autocrítica amorosa: trabajo de autoconocimiento, introspección, recorrido por nuestra vida amorosa y sentimental.
  • poner en común conocimientos, experiencias, reflexiones, y herramientas para nuestra vida personal y profesional,
  • tejer nuestra propia utopía amorosa, soñar otras historias de amor, liberar nuestras emociones del patriarcado, inventarnos otras formas de querernos y de relacionarnos.

METODOLOGÍA
Este taller está basado en 2 ejes: el trabajo individual y el trabajo colectivo. 
Ambos se pueden realizar en el horario que deseéis, pues podéis acceder al taller en cualquier momento del día o de la noche para participar en los foros. No hay horas fijas, de modo que cada alumna puede organizarse a su manera y trabajar a su ritmo.
 el trabajo individual:
 -Ejercicio de la semana: consiste en conectar con nuestras emociones y trabajar a diario con las preguntas que llevaremos en el bolso a todas partes y que podremos compartir con vecinos y vecinas, compañerxs de trabajo, amigas, familiares o pareja. Después escribiremos acerca de este trabajo personal de reflexión, y lo compartimos para la reflexión colectiva sobre el tema de la semana.
-Materiales para trabajar: cada semana tendréis lecturas y vídeos para inspiraros, y para profundizar en vuestro trabajo individual. Este apartado está pensado para las Señoras que quieran dedicar más horas semanales al trabajo individual. Además podréis subir materiales vuestros para compartir con las compañeras. 
- En la Biblioteca del Amor, encontrareis libros y artículos en pdf, enlaces, entrevistas, documentales, vídeos, y recursos para descargar, comentar y debatir.
  el trabajo colectivo
-el Foro de la Semana es el espacio en el que pondremos en común con las compañeras las reflexiones, dudas, experiencias y el trabajo que hemos estado llevando a cabo durante la semana.
- Tres chats que tendrán lugar al inicio, a la mitad y a final del Taller.
Disfrutaremos también del Foro de las Señoras, un espacio para comunicarnos a diario, aconsejarnos unas a otras, desahogarnos, compartir reflexiones, comentar novedades, y hablar con las compañeras de los temas que nos apetezcan. 

TEMAS DEL TALLER
  1. Me cago en el amor
  2. Adictas al amor
  3. ¿La culpa es del amor… o del patriarcado?
  4. Autocrítica amorosa
  5. Autocrítica cariñosa.
  6. Sexualidad y erotismo: mi placer
  7. La utopía romántica posmoderna
  8. Qué bonito es el amor

ENFOQUE
Construcción del conocimiento colaborativo: La metodología del curso está basada en la idea del conocimiento colaborativo: conoceremos nuestra cultura amorosa desde una perspectiva crítica, trabajaremos juntas en análisis y reflexiones sobre los temas propuestos, y construiremos colectivamente herramientas para liberar nuestros sentimientos y aprender a disfrutar del amor.
 Autocrítica y análisis multidisciplinar Trabajaremos desde la autocrítica individual y el análisis colectivo desde un enfoque multidisciplinar, multidiverso y queer. La idea es despatriarcalizar los sentimientos y liberarnos de toda la carga que nos hace sufrir y nos impiden construir relaciones bonitas, igualitarias, basadas en el amor. Durante el curso la diversidad de orientaciones sexuales y afectivas nos permitirá comprender la complejidad del amor romántico, que trabajaremos desde la individualidad y con las compañeras.

Además...
Todas las alumnas estarán suscritas gratuitamente al Laboratorio del Amor, un espacio permanente de trabajo colectivo en torno a los Estudios del Amor.
Señoras que... dejan de sufrir por amor. 7ª edición. ABIERTA CONVOCATORIA

En esta página podrás leer las opiniones de alumnas que han disfrutado del taller con Coral Herrera:


Más información e inscripciones en la página del taller de Relatoras. 







14 de diciembre de 2014

Conferencia en Honduras de Coral Herrera




Cuando aterrizo en un país y me llaman "compañera" siento un calor y un gozo enormes recorriendo mi espina dorsal. Me siento muy afortunada cuando las mujeres me tratan como a una igual, me hacen sentir como en casa, y siento también que me aceptan tal y como soy, y que a nadie le importa mi edad, el país donde nací, mi orientación sexual, mi profesión, mi acento, mi religión o mi falta de religión. Me siento feliz cuando no soy extranjera, y siento que pertenezco a un grupo universal de mujeres que luchan por la igualdad, los derechos humanos, por la libertad, la autonomía, la paz.

Esta vez fue de nuevo en Honduras, en un pueblo llamado Tela, donde participé en el V Foro de la Mujer del Colegio de Pedagogos y Pedagogas con una conferencia sobre algunas claves para la prevención de la violencia de genero en el ámbito educativo.