16 de diciembre de 2014

7ª edición del taller "Señoras que dejan de sufrir por amor", de Coral Herrera





"Señoras que... dejan de sufrir por amor. Porque otras formas de quererse son posibles"

 

ABIERTA CONVOCATORIA - COMIENZO 7ª EDICIÓN 12 de enero 2015 
Conducido por Coral Herrera
Señoras en la playa
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¿A QUIÉN VA DIRIGIDO?
Porque otras formas de quererse son posibles, este curso está dirigido a Mujeres que:
  • Quieran conocerse mejor y comprender las claves culturales del amor romántico,
  • Les guste leer, hacerse preguntas, hablar, pensar, escribir, y compartir.
  • Tengan capacidad para la autocrítica, la ironía y el humor.
  • Necesiten hablar del amor, compartir inquietudes, dudas, certezas y contradicciones, hablar con otras personas sobre lo que nos pasa,
  • Quieran trabajarse el tema del amor romántico para disfrutar más de sus relaciones y de la vida en general.
  • Quieran despatriarcalizar sus emociones y sentimientos, sus relaciones afectivas y eróticas, su comportamiento y su toma de decisiones.
  • Deseen adquirir herramientas para poder construir relaciones basadas en el amor, el buen trato y la igualdad.
  • Tengan ganas de reinventarse, de reconstruirse, de mejorar, de transformar, de evolucionar, de desaprender y aprender cosas nuevas.
DURACIÓN: 8 semanas
OBJETIVOS
Construcción colectiva de herramientas para lograr disfrutar de la soledad y de la compañía. Partiendo del conocimiento de una misma y de nuestra capacidad de autocrítica, podremos construir colectivamente unas herramientas que nos acompañen en el camino del amor, del placer y del disfrute. Puesta en común de experiencias, reciclado de materiales y lluvias de ideas para trabajar(se) individual y trabajar colectivamente la gestión de las emociones y de las relaciones. Puesta en común de los aciertos, los errores, las necesidades, los miedos, los sueños, las limitaciones de cada una. Deconstruir mitos, reflexionar sobre el amor, cuestionar las verdades dadas por supuestas, ensanchar horizontes vitales, conocer nuevas formas de amarse o de quererse, visibilizar los miedos que nos impiden disfrutar del amor y del placer, obtener las preguntas que necesitamos para trabajar en nosotras lo que no nos gusta o no nos funciona.
FILOSOFÍA DEL CURSO
Construcción del conocimiento colaborativo: La metodología del curso está basada en la idea del conocimiento colaborativo: conoceremos nuestra cultura amorosa desde una perspectiva crítica, trabajaremos juntas en análisis y reflexiones sobre los temas propuestos, y construiremos colectivamente herramientas para liberar nuestros sentimientos y aprender a disfrutar del amor. Autocrítica y análisis multidisciplinar Trabajaremos desde la autocrítica individual y el análisis colectivo desde un enfoque multidisciplinar, multidiverso y queer. La idea es despatriarcalizar los sentimientos y liberarnos de toda la carga que nos hace sufrir y nos impiden construir relaciones bonitas, igualitarias, basadas en el amor. Durante el curso la diversidad de orientaciones sexuales y afectivas nos permitirá comprender la complejidad del amor romántico, que trabajaremos desde la individualidad y con las compañeras.
METODOLOGÍA
Para su Trabajo de la semana, las alumnas encontrarán su mochila de preguntas clave para llevar a todos lados, y diferentes ejercicios para trabajar de un modo integral el tema de sus emociones románticas: canciones para conectar emocionalmente, ejercicios de memoria sensorial, meditaciones de autorreflexión, ejercicios colectivos para pensar en voz alta, para leer y analizar, para elaborar la información, para inventar nuevas preguntas.
El Foro será el lugar en el que podremos acceder al material (libros, artículos, reportajes, vídeos, películas, blogs) y a los ejercicios. Es el espacio de confianza en el que podremos debatir, desahogarnos, compartir(nos), escuchar historias diversas, opinar, contar, lanzar preguntas para la reflexión. Es el espacio para deconstruirnos, para comprender nuestra cultura amorosa, para deconstruir todos sus mitos, estereotipos y creencias, para construir nuestra propia utopía amorosa. Es el espacio en el que podremos aportar a la construcción colectiva del conocimiento: con nuestros aportes contribuiremos a la creación de técnicas y herramientas que nos permitan trabajar(nos) el amor.
COSTES DEL TALLER: 100 euros/100 dólares/50,000 colones.

DURACIÓN: 8 semanas, 2 meses.

FECHAS DE INICIO DEL TALLER: 12 de enero 2015

HORARIOS: Organización libre del trabajo, acorde con el tiempo disponible de cada alumna.




Más información e inscripciones en la página del taller de Relatoras. 







14 de diciembre de 2014

Conferencia en Honduras de Coral Herrera




Cuando aterrizo en un país y me llaman "compañera" siento un calor y un gozo enormes recorriendo mi espina dorsal. Me siento muy afortunada cuando las mujeres me tratan como a una igual, me hacen sentir como en casa, y siento también que me aceptan tal y como soy, y que a nadie le importa mi edad, el país donde nací, mi orientación sexual, mi profesión, mi acento, mi religión o mi falta de religión. Me siento feliz cuando no soy extranjera, y siento que pertenezco a un grupo universal de mujeres que luchan por la igualdad, los derechos humanos, por la libertad, la autonomía, la paz.

Esta vez fue de nuevo en Honduras, en un pueblo llamado Tela, donde participé en el V Foro de la Mujer del Colegio de Pedagogos y Pedagogas con una conferencia sobre algunas claves para la prevención de la violencia de genero en el ámbito educativo.

27 de noviembre de 2014

Conferencia en Honduras











He aprendido mucho en estos meses de trabajo como miembra del Jurado del Premio Nacional de Comunicación por la Igualdad y Contra la Violencia de Género sobre la realidad de las mujeres centroamericanas, y aunque ha sido duro, la ceremonia de anoche fue tan linda y con tantas buenas energías, que se me han vuelto a subir los ánimos pensando que todo este trabajo del feminismo transnacional está sirviendo. En noches así siento que poco a poco estamos avanzando, que hay mucha gente con ganas de transformar el mundo... La entrega de premios fue muy emocionante, porque hubo de todo: canciones, poemas, premios, aplausos, discursos, besos, agradecimientos, y mensajes positivos sobre el amor, la libertad, la paz, la diversidad y la igualdad. 






Me comí anoche a besos a las hondureñas de la Tribuna de Mujeres y a las compañeras de Oxfam Intermón, gente cálida, cariñosa, luchadora y valiente que trabaja por la igualdad y la paz en uno de los países más violentos del mundo. 


Aún estoy impregnada de sororidad por todos los poros de la piel, feliz de ver la sonrisa de las premiadas y sus familiares, y sintiéndome afortunada por ser tratada por todas como una compañera, y por haber podido aportar mi granito de arena a la Campaña Contra los Femicidios en Honduras.







20 de noviembre de 2014

#25N Jornadas en Islas Canarias (España)



El Instituto Canario de Igualdad organizó las Jornadas Deconstrucción del Amor Romántico como prevención de la violencia de género en el marco del 25N, en Gran Canaria el día 15 y en Tenerife el día 17 de Noviembre. 



Compartí cartel con la Directora del Instituto, Elena Máñez, con Kika Fumero, educadora y autora del blog Diversidad y Coeducación, María Martín Barranco, la autora de Especialista en Igualdad, y con Ana Hardisson, feminista y escritora.

Fueron unos días muy intensos en los que pudimos reflexionar colectivamente acerca de los mitos románticos, la dependencia emocional, y las herramientas que necesitamos para la construcción de relaciones igualitarias y sanas. La acogida del publico fue impresionante, pues tuvimos lleno total en las dos actividades, y nos quedamos todas y todos con ganas de más: educadoras, psicólogas, trabajadoras sociales, comunicadoras, etc. manifestaron la necesidad de seguir hablando y reflexionando en torno a las emociones y los sentimientos: necesitamos herramientas para acabar con la violencia, aprender a gestionar las emociones y para construir relaciones más bonitas y sanas. 

Y el mensaje que lanzamos fue sumamente positivo: podemos deconstruir el romanticismo patriarcal, podemos acabar con la violencia, podemos crear colectivamente una ética amatoria que nos sirva para trabajar por la Igualdad y por el Amor del bueno, basado en el respeto, la libertad y el cariño.







13 de noviembre de 2014

Lecciones de la amistad para disfrutar más del amor





La amistad es una de las cosas más maravillosas que ha inventado la Humanidad. Esta forma de quererse, cuando hay amor del bueno, cuando nos relacionamos en libertad, es uno de los mayores tesoros que tenemos en la vida. Con los amigos y las amigas podemos establecer relaciones sanas, equilibradas, horizontales, igualitarias y desinteresadas, y en ese sentido, generalmente nos hace sufrir menos que el amor romántico. 

En el taller on line "Señoras que dejan de sufrir por amor" hemos recopilado unos cuantos rasgos de la amistad que podrían enseñarnos a construir relaciones sentimentales, eróticas o afectivas más bonitas, basadas más en el compañerismo que en las necesidades de nuestro Ego:








- Sin Mitificaciones: A las amigas no las idealizamos porque las conocemos bien. No queremos cambiarlas, ni ellas a nosotras tampoco, sino que crecemos a su lado en base a las experiencias que compartimos. A las amigas y los amigos los queremos tal y como son, con sus virtudes y defectos. El amor que sentimos hacia ellas y ellos nos hace ser comprensivos con sus rarezas, manías, despistes, mezquindades, tonterías, y torpezas. E incluso nos reímos con ellos de las nuestras.


- Sin limitaciones para crecer: La amistad nos permite aprender mucho de nosotras mismas y de la Humanidad. Nos permite crecer porque no nos limita: crecer junto a alguien y contribuir a su bienestar nos hace sentir buenas personas, nos hace sentir que somos útiles y que podemos ayudar a los demás. Queriendo a la gente nos sentimos mejores personas porque aprendemos con las amigas, empatizamos con sus problemas, nos ponemos en su lugar, tratamos de aliviar su dolor, compartimos sus triunfos y éxitos.





- Sin exclusividad ni posesividad. A todas nos encanta que nuestras amigas tengan otras amigas, que su vida esté rodeada de afectos. Por lo tanto, cuando nuestra amiga empieza una relación de amistad con otra persona, no enfurecemos ni nos sentimos celosas: nos alegramos de que haya más gente que la quiera y la enriquezca.



- Con intimidad, libertad, comunicación, confianza: Con las amigas y los amigos tenemos un altisimo grado de confianza e intimidad que nos permite expresar las emociones con libertad, sin miedo a lo que la otra persona pueda pensar de nosotras. Con las amigas nos abrimos el corazón y las carnes enteras, porque con ellas podemos desahogarnos, analizar situaciones, relativizar, y acabar agotadas de la risa. 

30 de octubre de 2014

Claves para desmitificar el amor romántico,las princesas y los príncipes azules




En los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones les enseñan tres cosas sobre el amor:

  • Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico.
  • Hay una mujer destinada a ti.
  • El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas:
  • No hay nada en la vida más importante que el amor romántico.
  • Hay un hombre destinado a ti.
  • Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente (por eso su objetivo en la vida es ser esposa y mamá).

En los cuentos que nos cuentan, a unos les lanzan un mensaje, y a las otras nos lanzan otro. Para los hombres, el mensaje principal es que el amor es eso que sucede al final de la aventura, después de haber pasado por mil situaciones diferentes, después de que el héroe ha demostrado su fuerza, su valentía, su capacidad para ganar y someter a los enemigos que le van saliendo en el camino, y a los monstruos internos que a veces le paralizan de miedo. Si logra vencerlos, será digno del amor de la Princesa Que Espera, y si fracasa, se quedará solo.

El príncipe azul sabe que vencerá porque siempre se siente querido. Las dudas de amor son para las princesas con mucho tiempo libre que gustan de atormentarse. Ellos prefieren sentirse queridos, útiles, importantes y necesarios para su país o para su comunidad. Los príncipes se saben deseados por las mujeres, respetados por sus enemigos, admirados por sus amigos, venerado por sus súbditos, y mitificados por una bella  muchacha que sufre lo indecible (o que se aburre infinitamente) mientras espera la llegada de su Salvador.

Otro de los mensajes que suelen lanzarnos desde las producciones culturales es que el príncipe azul lleva consigo el amor incondicional de su madre grabado en el corazón, por eso sólo podrá ofrecerle el trono del reino a una mujer que le ame como su madre: de un modo total, sin peros, sin condiciones. Así que nosotras tenemos que sustituir a su madre y convertirnos también en madres de sus hijos e hijas, y ellos, ya saben que las madres aguantan de todo y que por muy mal que te portes, nunca dejarán de quererte. 

El mensaje que nos lanzan a las mujeres es que si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el grandioso premio a su heroicidad, el símbolo del triunfo masculino, el descanso del guerrero, y el botín de guerra que les pertenece por haber salvado al mundo (de las hordas de orcos, de los comunistas rusos, de los terroristas islámicos, de los alienígenas, de los indios norteamericanos, de los mafiosos italianos, de los robots inteligentes y malvados).

Las princesas, nos cuentan, tienen que ser muy pacientes, porque en casi todas las historias el amado siempre tiene mucho trabajo. Y es que por encima del amor está la misión del héroe, que es mucho más grandiosa que la princesa y que él mismo. El héroe primero sirve a la patria, y después obtendrá su recompensa por su trabajo, pero tiene que ganársela: el protagonista de los cuentos de hadas y de las películas de acción ha de demostrar que es un hombre con pleno control sobre sus emociones y mucha “sangre fría” para actuar. Tiene que olvidarse de su tierno corazoncito para matar, aniquilar y destruir al enemigo. Tiene que demostrar que es duro como una piedra, que ejecuta órdenes con la fidelidad de un robot, que es capaz de aguantar el cansancio, el hambre, el dolor de las heridas, el sueño acumulado y todo lo que le echen encima. El premio a sus sacrificios es la princesa que espera en su castillo, les dicen a los niños.

A las niñas les lanzan este mensaje: para la princesa el amor sí es lo más importante, porque la liberará de su encierro o su desgracia. Ella ama el amor porque cree que su vida mejorará, y porque no le han enseñado a pensar en otra cosa que en casarse y cumplir lo que se espera de ella: ser una mujer eternamente agradecida y entregada a su Salvador con absoluta devoción.

Los príncipes han de esforzarse mucho para obtener su recompensa, las princesas sólo tienen que aguantar, esperar, y ser pacientes para que nos amen para siempre. Y esperar solas, claro, sin rivales alrededor.

No es casualidad que las princesas siempre estén solas y desprotegidas, a merced de las circunstancias, y soñando con que alguien se encargue de ella. Nunca tiene un plan propio para escapar del encierro, ni redes de solidaridad y afecto que le ayuden. Las princesas en general son vulnerables, frágiles, sensibles, dulces, heterosexuales, de piel blanca y cabellos rubios. Se aburren mucho, suspiran mucho, y piensan en su príncipe azul a todas horas, creyendo que junto a él encontrarán la felicidad eterna y nunca más estarán solas.

16 de octubre de 2014

Lo romántico es político, y el sistema no funciona.




Artículo publicado originalmente en Revista Pikara:
http://www.pikaramagazine.com/2014/02/lo-romantico-es-politico/


Amamos patriarcalmente. Amamos democráticamente. Amamos como los capitalistas: con el ansia voraz de poseer al objeto de amor, con el ansia brutal del que colecciona piezas de caza. Nos conquistamos, nos endulzamos, nos fusionamos, nos separamos, nos destruimos mutuamente… nuestra forma de amar está impregnada de ideología, como cualquier fenómeno social y cultural.

El amor romántico que heredamos de la burguesía del siglo XIX está basado en los patrones del individualismo más atroz: que nos machaquen con la idea de que debemos unirnos de dos en dos no es casual. Bajo la filosofía del “sálvese quién pueda”, el romanticismo patriarcal se perpetúa en los cuentos que nos cuentan en diferentes soportes (cine, televisión, revistas, etc.).

A través de los cuentos que nos cuentan, asumimos los mitos, los estereotipos, los ritos y los roles de género tradicionales, y mientras consumimos ideología hegemónica, nos entretenemos y nos evadimos de una realidad que no nos gusta. Consumiendo estos productos románticos aprendemos a soñar con una utopía emocional posmoderna que nos promete la salvación eterna y la felicidad conyugal. Pero solo para mí y para ti, los demás que se busquen la vida.

Frente a las utopías religiosas o las utopías sociales y políticas, el amor romántico nos ofrece una solución individualizada, y nos mantiene distraídas soñando con finales felices.  El romanticismo sirve para que adoptemos un estilo de vida muy concreto, para que nos centremos en la búsqueda de pareja, para que nos reproduzcamos, para que sigamos con la tradición y para que todo siga como está.

El romanticismo patriarcal sirve para que todo siga como está. Unos disfrutando de sus privilegios de género, y las otras sometiéndose a los pequeños reyes absolutos que gobiernan en sus hogares. Sirve, también, para ayudarnos a aliviar un día horrible, para llevarnos a otros mundos más bonitos, para sufrir y ser felices con las historias idealizadas de otros, para olvidarnos de la realidad dura y gris de la cotidianidad. Sirve para que, sobre todo las mujeres, empleemos cantidades ingentes de recursos económicos, de tiempo y de energía, en encontrar a nuestra media naranja. Ante el fracaso, deseamos que todo cambie cuando encontremos al amor ideal que nos adore y nos acompañe en la dura batalla diaria de la vida.

Cada oveja rumiando su pena con su pareja.

Estamos rodeadas de afectos en nuestra vida, pero si no tenemos pareja decimos que “estamos solas”. Las que tienen pareja aseguran que la soledad que sienten en compañía es mucho peor. Muchas mujeres siguen creyendo que la pareja amorosa es la solución a su precariedad, a su vulnerabilidad, a sus problemas personales. Las industrias culturales y las inmobiliarias nos venden paraísos románticos para que busquemos pareja y nos encerremos en hogares felices, entornos de seguridad y aburrimiento que pueden llegar a convertirse en infiernos conyugales.


Las parejas de hoy en día siguen siendo profundamente desiguales, desequilibradas, jerárquicas, y casi todas practican la división de roles: heteros, lesbianas, bisexuales, gays… el amor es el reducto final en el que se ancla el patriarcado. El individualismo del romanticismo patriarcal nos sume en ensoñaciones románticas mientras nos quitan derechos y libertades… todavía una gran parte de la población permanece adormilada, protestando en sus casas, soñando con El Salvador o el Príncipe Azul.

Los medios de comunicación tradicionales jamás promueven el amor colectivo si no es para vendernos unas olimpiadas o un seguro de vida. Si todos nos quisiésemos mucho el sistema se tambalearía, pues está basado en la acumulación egoísta de bienes y recursos y no su gestión colectiva y solidaria. Por ello es que se prefiere que nos juntemos de dos en dos, no de veinte en veinte: es más fácil controlar a dos que a grupos de gente que se quiere.

El problema del amor romántico es que lo tratamos como si fuera un tema personal: si te enamoras y sufres, si pierdes al amado o amada, si no te llena tu relación, si eres infeliz, si te aburres, si aguantas desprecios y humillaciones por amor, es tu problema. Igual es que tienes mala suerte o que no eliges a los compañeros o compañeras adecuadas, te dicen.

Pero el problema no es individual, es colectivo: son muchas las personas que sufren porque sus expectativas no se adecúan a lo que habían soñado. O porque temen quedarse solas, porque  necesiten un marido o una esposa, o porque se decepcionan cuando comprueban que el romántico no es eterno, ni es perfecto, ni es la solución a todos nuestros problemas.

Lo personal es político, y nuestro romanticismo es patriarcal, aunque no queramos hablar de ello en los foros y asambleas.  También la gente de izquierdas y los feminismos seguimos anclados en viejos patrones de los que nos es muy difícil desprendernos. Elaboramos muchos discursos en torno a la libertad, la generosidad, la igualdad, los derechos, la autonomía… pero en la cama, en la casa, y en nuestra vida cotidiana no resulta tan fácil repartir igualitariamente las tareas domésticas, gestionar los celos, asumir separaciones, gestionar los miedos, comunicarse con sinceridad, expresar los sentimientos sin dejarse arrastrar por la ira o el dolor…

No nos enseñan a gestionar sentimientos en las escuelas, pero sí nos bombardean con patrones emocionales repetitivos y nos seducen para que imaginemos el amor a través de una pareja heterosexual de solo dos miembros con roles muy diferenciados, adultos y en edad reproductiva. Este modelo no solo es patriarcal, también es capitalista: Barbie y Ken, Angelina Jolie y Brad Pitt, Javier Bardem y Penélope Cruz, Letizia y Felipe… son parejas exitosas mitificadas por la prensa del corazón para que las tomemos como modelo a seguir. Es fácil entender, entonces, porqué damos más importancia a la búsqueda de nuestro paraíso romántico que a la de soluciones colectivas.
Para transformar o mejorar el mundo que habitamos hay que tratar políticamente el tema del amor, reflexionar sobre su dimensión subversiva cuando es colectivo, y su función como mecanismo de control de masas cuando se limita al mundo del romanticismo idealizado, heterocentrado y heterosexista.


Si me pongo romántica queer, me da por pensar que el amor de verdad podría destruir patriarcado y capitalismo juntos. Las redes de solidaridad podrían acabar con las desigualdades y las jerarquías, con el individualismo consumista y con los miedos colectivos a los “otros” (los raros, las marginadas, los inmigrantes, las presidarias, los transexuales, las prostitutas, los mendigos, las extranjeras). Para poder crear estas redes de amor tenemos que hablar mucho y trabajar mucho: queda todo el camino por hacer.
Tenemos que hablar de cómo podemos aprender a querernos mejor, a llevarnos bien, a crear relaciones bonitas, a extender el cariño hacia la gente y no centrarlo todo en una sola persona. Es hora de que empecemos a hablar de amor, de emociones y de sentimientos en   espacios en los que ha sido un tema ignorado o invisibilizado: en las universidades, en los congresos, en las asambleas de los movimientos sociales, las asociaciones vecinales, los sindicatos y los partidos políticos, en las calles y en los foros cibernéticos, las comunidades físicas y virtuales.
Hay que deconstruir y repensar el amor para poder crear relaciones más igualitarias y diversas.



Es necesario despatriarcalizar el amor, eliminar las jerarquías afectivas, desmitificar finales felices, volverlo a inventar, acabar con los estereotipos tradicionales, contarnos otras historias con otros modelos, construir relaciones diversas basadas en el buen trato, el cariño y la libertad.  Es necesario proponer otros “finales felices” y expandir el concepto de “amor”, hoy restringido para los que se organizan de dos en dos.
Ahora más que nunca, necesitamos ayudarnos, trabajar unidos por mejorar nuestras condiciones de vida y luchar por los derechos humanos para todos. Para acabar con la desigualdad, las fobias sociales, los odios y las soledades, necesitamos más generosidad, más comunicación, más trabajo en equipo, más redes de ayuda. Solo a través del amor colectivo es como podremos articular políticamente el cambio.
Confiando en la gente, interaccionando en las calles, tejiendo redes de solidaridad y cooperación, trabajando unidos para construir una sociedad más equitativa, igualitaria y  horizontal. Pensando y trabajando por el bien común, es más fácil aportar y recibir, es más fácil dejar de sentirse solo/a, es más fácil elegir pareja desde la libertad, y es más fácil diversificar afectos. Se trata, entonces, de dar más espacio al amor en nuestras vidas, de crear redes afectivas en las que podamos querernos bien, y mucho.
Que falta nos hace.

Publicado en Pikara Magazine: 






Vídeo de la Conferencia impartida en Relatoras Librería, Sevilla, 2014: 






Otros artículos de la autora: 








13 de octubre de 2014

Claves para trabajarse la dependencia emocional



Ilustración: Erika Kuhn
Ilustración: Erika Kuhn
Por Coral Herrera Gómez.
Las mujeres sufrimos más dependencia emocional que los hombres en nuestras relaciones sentimentales porque la cultura patriarcal nos ha hecho creer que nacemos con un don especial para amar incondicional y abnegadamente. Desde niñas, se nos enseña a darle más importancia al amor y a la pareja que a nuestra autonomía personal. Por eso nosotras, en general, somos las más románticas: desde que somos adolescentes nos pasamos muchas horas imaginando el encuentro con nuestra media naranja, leyendo novelas, hablando con las amigas de nuestros problemas sentimentales, viendo películas románticas, escribiendo cartas y diarios, y viviendo romances intensos.
Con los cuentos que nos cuentan de pequeñas, aprendemos a delegar nuestra felicidad en la llegada del príncipe azul que nos cambie la vida, y ello hace que suframos mucho si no llega, si no es como esperábamos, o si pasado un tiempo decide separarse de nosotras y nos pide que abandonemos el  palacio. Nos enseñan a temer la soledad, y nos dicen que sin amor no somos nada, por eso dedicamos  mucho tiempo y energía en encontrar pareja. Por eso, también, cuando la tenemos tememos perderla y nos aferramos a ella como si fuese una botella de oxigeno, indispensable para nuestra supervivencia.
La dependencia emocional, entonces, se aprende a través de la socialización y la cultura, y se fortalece con la dependencia económica, los miedos e inseguridades personales, y la soledad. Cuanto más solas estemos, más necesitaremos una pareja. Y esa necesidad tiene sus peligros, por ejemplo, elegir un compañero que no sea una buena persona o con la que sea imposible construir una relación amorosa sana y equilibrada. O permanecer años en una relación que no te hace feliz. O auto engañarnos pensando que en algún momento nuestro amado cambiará, mejorará, o volverá a amarnos como al principio. O vivir con un miedo permanente a que nos dejen, o con unos celos arrasadores que nos amarguen la vida, o perder la personalidad propia para agradar a la otra persona, o aguantar situaciones de malos tratos por miedo a quedarnos solas.
La dependencia emocional es una mezcla potente de muchos miedos: miedo a quedarte sola, miedo a no merecer ser amada, miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a que nos dejen de querer. El peor de todos ello es el miedo a la soledad, de hecho en casi todas las películas, las protagonistas están solas. No tienen redes de afecto a su alrededor que las ayuden, por eso necesitan príncipes azules. Nunca aparecen con sus madres, hermanas, abuelas, tías, primas, amigas, vecinas…. El aislamiento las hace más vulnerables y más necesitadas de amor, porque su felicidad depende de una sola persona.
El miedo a la soledad nos lleva, en ocasiones, a apresurarnos a la hora de elegir una buena pareja. Es demasiado doloroso enamorarse de alguien y darse cuenta de que no lo conocíamos con profundidad, que nos equivocamos, o que nos engañó, así que es importante que conozcamos bien a la persona, tomarnos un tiempo para poder analizar si la relación que vamos a iniciar merece la pena, para poder saber si la persona que nos gusta tanto realmente es tan maravillosa, si el balance de virtudes y defectos te compensa… Para eso necesitamos la observación, el análisis, y el tiempo para elaborar toda la información que nos llega a través de las palabras y el comportamiento de la otra persona. Necesitamos, también, opiniones externas para contrarrestar nuestra intensidad en el autoengaño, y trabajar con una duda fundamental: ¿es buena persona?, ¿tenemos ambos herramientas para construir una relación bonita?